OPINIÓN

Fernández al gobierno, Fernández al poder


Las repercusiones por la decisión que tomó Cristina Fernández de elegir a Alberto Fernández como candidato a presidente para ella acompañarlo como su vice han sido variadas y heterogéneas. Pero lo cierto es que desde el sábado sólo se habla de ella y de la decisión y nada del juicio que comienza mañana que tendrá a la ex primera mandataria en el banquillo de los acusados.

Desde una decisión política magistral hasta una resolución de necesidad y urgencia. Así oscilaron las opiniones en los distintos medios de comunicación durante el fin de semana. Pero hay algo que es cierto: hay un poco de cada cosa. Cristina sabía que con el esquema como se presentaba no tenía margen de maniobra y necesitaba dar un golpe de efecto para salir del centro de la escena para poder enfrentar el peregrinaje en Comodoro Py con algo más de aire.

Y Alberto Fernández, un hombre allegado al establishment mediático y político, que jamás rompió relaciones con las corporaciones económicas, es quien puede alivianar el peso que tenía Cristina de enfrentar el proceso siendo la supuesta candidata a presidenta por la oposición a Macri que más votos aglutina.

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Alberto Presidente

Romper el techo de intención de votos que tenía ella era una de las misiones, y con Alberto a la cabeza logra unificar posiciones dentro de un peronismo fragmentado. Ella no tenía el apoyo de los gobernadores del PJ, tampoco de quienes integran la Alternativa Federal. Con esta decisión, se abre un escenario de negociaciones hasta el 22 de junio en materia de candidaturas y se pone sobre la mesa la posibilidad de ir a una gran interna para vencer a Macri en octubre en primera vuelta.

Ya bajaron, rápido de reflejos, sus candidaturas Felipe Solá y Agustín Rossi, también se acercaron y saludaron la decisión Massa, Uñac y otros dirigentes que intentaban armar algo por fuera de Unidad Ciudadana. También viejos mariscales de la derrota festejaron la decisión, como si alguien les hubiese pedido permiso a ellos.

Uno que no reaccionó a la noticia y se esperan novedades es Roberto Lavagna. La decisión de él puede modificar el futuro político tanto si se la juega como candidato igual o si baja su candidatura. Juan Schiaretti seguramente estará tejiendo alguna estrategia junto a Lifschitz y el ex ministro de Economía de Duhalde y Néstor, para ver si juegan por afuera, participan de la interna o bajan la candidatura. Hoy, según alguna fuente que tocamos, todo es posible.

Los gobernadores cuidan primero su distrito, y hoy Cristina era una mochila de plomo para muchos. Por eso no les cuadraba el armado detrás de ella. Pero Alberto Fernández puede ser un manto de alivio para avanzar en un armado grande, aunque con el fantasma de Cristina de fondo.

No hablamos aún de la catarata de videos que surgieron vía redes sociales de Alberto criticando duramente a Cristina. Hasta dijo ser perseguido por la ex presidenta. Y esto, lógico, hará que el sector de la grieta no se inmute ante la decisión, que el otro sector apoye fervientemente y que los indecisos, los que ganan elecciones, puedan oír las dos campanas. Ahí se justifica la jugada casi ajedrecística que dejó a muchos regulando.

Alberto Fernández ya quiso bajar la idea de que será un títere de Cristina y aclaró que él no es Cámpora y ella no es Perón, ante las analogías por aquella elección en el 73. Pero disociar el poder real del poder institucional en Argentina es inviable, ya que nuestro sistema es presidencialista. Si no cuéntenle a Eduardo Duhalde cuando eligió a Néstor Kirchner como su sucesor.

Barajar y dar de nuevo, es la sensación de ahora en más para hacer los análisis de la política nacional. Y los políticos locales que no querían que se nacionalice la elección en Santa Fe, deberán trazar estrategias para no quedar pegados al torbellino que generó la información. Escenario abierto, al rosca a flor de piel.