opinión

#YoMeQuedoEnCasa: factores psicológicos de protección ante el coronavirus


En los momentos críticos solemos sentir que nos quedamos sin recursos subjetivos para afrontar la nueva situación para la que no estábamos preparados. La pandemia actual y las medidas de prevención nos conminan a reconfigurar nuestra existencia. Es importante tener en cuenta algunas consideraciones para evitar el colapso psicológico.

  • Los cambios en la cotidianeidad son transitorios: si bien son inesperados y es comprensible que al alterar nuestra rutina nos resulten incómodos, son transitorios. No sabemos cuánto tiempo deberá transcurrir, pero en algún momento retomaremos la “vida normal”.
  • El miedo es una emoción básica: tiene una función de protección, nos alerta para el auto cuidado ante circunstancias que percibimos como amenazas a nuestra integridad psicofísica. No reneguemos de experimentarlo, ni tratemos de erradicar el miedo. Dejemos que nos acompañe amigablemente para tomar las medidas necesarias para la prevención.
  • El pánico desorganiza nuestra respuesta: Podemos darnos cuenta cuando el miedo se vuelve irracional, porque la activación psicofisiológica es tan importante que nos provoca parálisis, nos quedamos sin saber qué hacer, o reaccionamos agresivamente, sentimos y transmitimos desesperación, y/o experimentamos síntomas de pánico (crisis de ansiedad).
  • La sensación de falta de aire, síntoma confuso, atención: Todos hemos leído que la sensación de falta de aire es uno de los síntomas de infección por COVID-19, pero debemos saber que la sensación de falta de aire, es también un síntoma del ataque de pánico. Si estamos experimentando una crisis de ansiedad, tendremos sensación de falta de aire por la hiperventilación en la que entramos como consecuencia del modo en que respiramos cuando estamos muy ansiosos.

Es importante entonces, identificar el estado de ansiedad como tal y tratar de conservar la calma, para no incrementar el pánico a partir de interpretar - cognitivamente la sensación de falta de aire como síntoma de infección viral.

  • Cómo recuperar la calma ante un ataque de pánico:
  • Identificar el estado de ansiedad como tal y saber que en unos minutos comenzará a ceder.
  • Enfocar la atención en los distintos grupos musculares del cuerpo, detectando la tensión y procurando relajarlos, uno a uno.
  • Tomar el aire pausadamente por la nariz, contando internamente de uno a cinco, retener dos o tres segundos, y luego soltarlo por la boca, contando internamente de cinco a uno
  • Visualizar una escena de nuestra vida en la que nos hayamos sentido relajados y despreocupados, tratando de conectar con el estado emocional de ese momento.
  • La angustia ante la conciencia de vulnerabilidad: Como seres humanos tenemos conciencia sobre nuestra propia finitud, lo cual es una fuente irreductible de angustia, con la cual aprendemos a convivir más o menos bien, cada uno a su modo. En estos contextos, resurge la conciencia de la fragilidad de nuestra existencia, y eso puede hacer que los mecanismos de protección psíquica habituales no sean útiles, y pueden producirse desregulaciones emocionales. No nos alarmemos y demos lugar a esas emociones, negarlas o sofocarlas sólo las incrementará.
  • El aislamiento social, la otra cara de la moneda: El aislamiento social es la medida más eficaz para la contención de la propagación del virus, pero al mismo tiempo es una de las medidas que más nos cuesta sostener ya que somos seres sociales, y los lazos socio afectivos son la contención emocional más significativa para afrontar situaciones críticas. Más aún, el contacto físico afectivo es lo que más nos ordena emocionalmente. Pero en esta circunstancia, prevalece la necesidad de aislarnos. Afortunadamente, las nuevas tecnologías nos permiten estar conectados con nuestro entorno. Usemos ese recurso.
  • Revalorización de la soledad: Veamos en esta “retirada” de las actividades habituales, una oportunidad de introspección, de puesta en valor del silencio incluso, de reconexión con los espacios del hogar, aunque estemos trabajando igual a la distancia. Llevamos un ritmo de vida tan vertiginoso que frenar de golpe nos desorienta, pero puede ser una vivencia enriquecedora para detenernos, reflexionar, revisar objetivos, hacernos preguntas y establecer prioridades.
  • Aceptación: todo no se puede…Una de las claves para conservar la calma, es aceptar que todo no se puede, que algo vamos a perder, irremediablemente, ya sea del orden material o personal. En el mejor de los casos, para muchos por supuesto habrán pérdidas materiales, económicas, consecuentes de esta pausa forzada. En el peor de los casos estará comprometida la salud o la vida, propia o de seres queridos, y esa es la parte más difícil. Lamentablemente, en este como en todos los casos, existen variables que escapan a nuestro control. No importa cuánto nos aislemos, cuánto alcohol en gel utilicemos, no hay garantías para nadie, porque la vida misma no las tiene.
  • Actividad física y estado de ánimo: sabemos que la actividad física es importantísima para nuestro estado de ánimo y para modular los efectos del estrés. Muchos de nosotros veremos limitada la posibilidad de desarrollar nuestra actividad física habitual, pero no olvidemos implementar alternativas en casa, aunque sea una acotada rutina. En lo posible respetando los mismos horarios, aunque sea otro encuadre, para no postergar indefinidamente.

Cuidarse, cuidarte, cuidarme, cuidarnos, lo demás puede esperar, somos demasiado humanos.

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