opinión

Perotti comienza la era del Albertismo


Por Marcelo Casal

El caso Vicentin es más importante para el futuro político de Alberto Fernández que el resultado final del manejo de la misma pandemia. Solo falta adivinar la opinión de muchos argentinos y conocer la génesis interna del peronismo para saber que esta afirmación, que podría parecer una locura, no es para nada disparatada.

Cuando el presidente Alberto Fernández sorprendió a propios y extraños con el anuncio de la intervención y expropiación de la empresa Vicentin, unos de los holdings más importantes del país, inmediatamente comenzaron a resonar las voces de aquellos que decían (y dicen) que la idea parte de Cristina Fernández y su grupo más radicalizado deI kirchnerismo. Esto sirvió para abonar la idea de que la que conduce el gobierno es la ex mandataria y no el actual presidente.

Ningún sector de la política nacional, ni mucho menos provincial, quiso quedar afuera de plantear su posicionamiento respecto del tema. Rápidamente sectores del peronismo y de centro izquierda salieron a respaldar la intervención y expropiación de Vicentin sin ningún tipo de reparo. Salvo los senadores provinciales peronistas del Nuevo Espacio Santafesino, que en su declaración apoyó la “intervención y recuperación de Vicentin”. El detalle, no menor para el significante ideológico, es que no mencionaron la palabra maldita: EXPROPIACIÓN. Esa que justamente sería con el correr de los días la utilizada por todo el arco opositor para hablar de una supuesta “venezualización” de la Argentina y que pondría nerviosos a muchos dirigentes del propio peronismo, que en un primer momento no se animaron a diferenciarse.

La dimensión política e institucional que ha tomado el asunto de la empresa agroexportadora hará que su desenlace defina el futuro político de Alberto Fernández. Si finalmente ocurre la expropiación, los sectores independientes de clase media que vieron en él una opción diferente al macrismo, pero fundamentalmente al kirchnerismo, se sentirán defraudados porque verán la mano regidora de Cristina detrás de los actos de gobierno. Mientras que, por otro lado y tal vez lo peor, se daría hacia adentro del peronismo la imagen de una conducción bicéfala, con la que los justicialistas no se sienten para nada cómodos, dada la impronta unipersonal, fuerte y verticalista que ha mantenido históricamente el partido. Los que siguen la historia del peronismo darán cuenta de que esto siempre fue (y será) así.

Por eso más allá, del convencimiento mayoritario de los desmanejos de los directivos de la empresa, los 2.600 acreedores, las sospechas de actos que rayan con lo delictivo y de los tweets del presidente en relación a Vicentin, se hace ahora más que nunca necesario ver los hechos despojados de otras consideraciones.

En este sentido, el gobernador Omar Perotti presentó la propuesta para que la agroexportadora sea intervenida por Inspección de Personas Jurídicas de la provincia. Una iniciativa que no puede cuestionarse desde el aspecto legal y a través de la cual se dejaría en funciones a los hombres designados por el presidente, Gabriel Delgado y Luciano Zarich, y a quienes se sumaría Alejandro Bento. Además de ello, se convocaría a las cooperativas a formar parte del RESCATE de Vicentin dentro del marco que prevé la Justicia.

Esta nueva alternativa al conflicto tiene todos los elementos para devenir en un hecho político-institucional gestado íntegramente en Santa Fe: la irrupción del Albertismo en la escena política Argentina. Ello con las consecuencias, buenas y malas, que esto va a traer aparejado en el futuro de los argentinos.