CRÍTICA DE CINE

No te preocupes, no irá lejos

Por Leo Regoli

viernes 21 de diciembre, 2018

La historia de John Callahan podrá parecer inspiradora pero solo es una historia más dentro de las tantas que ilustran recuperaciones al padecimiento de la adicción al alcohol. Porque toda historia que implique una recuperación pecará de serlo. Y la inspiración, o no, dependerá de como esta historia sea contada.

Desde el primer momento de la película Gus Van Sant va repasando la vida del Caricaturista John Callahan (Joaquin Phoenix), quien quedara tetrapléjico tras un duro accidente junto a su amigo Dexter (Jack Black) en medio de una verdadera noche de excesos con el alcohol. Un accidente, alcoholismo adolescente, un hombre abandonado por su madre de la que solo sabe algunos datos (color de pelo, profesión y nacionalidad)… cómo hacer que las próximas 2 horas del relato sobre la vida de esta persona no sean una sucesión de golpes bajos con final feliz? Gracias al humor. Y es este el gran acierto narrativo del director ya que no hay mejor trama para resumir la historia de un humorista que una dosis de su propia medicina.

Porque John Callahan dejo un legado de dibujos e historietas que lo muestran como lo vemos en esta película. Un muchacho que ante la adversidad eligió el atajo de la debilidad y cuyos golpes de la vida fueron llevando hacia un destino mucho más prolifero y placentero que el supuestamente designado. Y para esto, el director se posiciona ante los hechos valiéndose de diferentes flashbacks y elipsis temporales de relato, que le permiten mostrar una historia de superación con la dosis justa de humor negro para incomodar pero, a la vez, descontracturar un poco la trama padeciente que implica la realidad.

El segundo acierto es la elección de Joquin Phoenix, cuya performance nunca dejan bien claro los límites entre la genialidad o la monotonía, pero que da a la perfección con el personaje representado. Bien rodeado por actores jóvenes, pero de amplia trayectoria, aportando solvencia a escenas -por momentos- ambiciosas y jugadas.

Imposible no ponerse a pensar en el drama del alcoholismo y como, en apenas un instante, una vida puede dar un vuelco de 360°, literalmente hablando. Este costado dramático es el que permanentemente entra y sale del guión en maridaje sublime con el humor negro aportado desde los textos y las escenas de autoayuda y rehabilitación. “No te preocupes, no llegaré lejos” termina siendo una apetecible y sincera opción de entretenimiento sin caer en las banalidades del mainstream, relatando con inteligencia una historia que generará reflexión, incomodidad y muchas risas cómplices.

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