opinión

No te creo hasta que me demuestres lo contrario ¿cómo narramos en el territorio más desconfiado de la tierra?

Por Lisandro Bregant.


Por Lisandro Bregant

Imaginate una isla con cien personas. ¿Si? Ahora imaginá que sólo catorce de ellas están sonrientes ¿Bien? Ahora visualizá las ochenta y seis personas restantes con una mirada fuertemente hostil hacia los que están sonriendo. Esa foto que tenés dibujada en tu cabeza es el escenario actual de desconfianza que se vive en latinoamérica desde el 2018. Ocho de cada diez latinos no cree en otro humano.

 El territorio más desconfiado de la tierra

Latinobarómetro es un proyecto con base en Santiago de Chile que encuesta la opinión pública latinoamericana desde 1995 y mide los índices de confiabilidad que tienen los ciudadanos hacia partidos políticos, sindicatos, gobiernos y corporaciones. En el informe del 2018 - comparados con los barómetros globales - los resultados posicionaron a latinoamérica como el territorio más desconfiado de la tierra. Y la pregunta que me hago es ¿cómo salimos a comunicar en un campo minado de desconfiados? Vamos con algunas ideas.

Ser queribles para luego ser creíbles

Si compartimos creencias, te creo. Si te creo estoy a un paso de confiarte mi voto si sos político en campaña, mis ahorros si sos una marca, mi reputación si sos una empresa que vive de las recomendaciones piramidales. Vínculos creíbles permiten acciones concretas de confianza. Ese orden es clave. Pero lo que no cuentan las recetas de comunicación es el acto previo a creer: ser querible. Que te conozcan y se conecten a vos emocionalmente. Allí el storytelling (el arte de contar historias) tiene un táctica que nos ayuda a entender nuestra manera de pensar y actuar.

Nuestro cerebro y su premisa del “es como si”

Un maestro de narrativas una vez me comentó cómo funcionaba, según él, la cabeza del humano. Este maestro a su vez lo había aprendido de un amigo que a su vez lo había escuchado contar varios años atrás de boca del maestro de la imaginación Gianni Rodari. El cerebro humano funciona bajo la premisa del “ES COMO SI”. Va un ejemplo: “Ese economista es como si tuviera la sordera del Quique que no para de hablar a los gritos” Es como si. Nuestro cerebro procesa la vida bajo esa premisa: “es como si, es como tal cosa, es una especie de”. Compara, agrupa y genera familiaridades. 

Cada spot publicitario, cada nueva inversión a realizar, cada político, cada emprendedor que publica sus budines en instagram al llegar a la cabeza de su audiencia es automáticamente comparado con experiencias conocidas del que lo escucha. Y si estos que escucha llegan a  encontrar alguna relación entre el relato y su vida… EUREKA! Surgirá una conexión emocional de familiaridad y le creerá. Funcionamos de esa manera. Y todavía falta lo mejor, porque si ya me creíste el paso que viene es la invitación a que confíes. La confianza es ese acto físico concreto que confirma que crees:  hacer una transferencia bancaria para comprar unas zapatillas que promocionan online, la acción física de ir a votar al cuarto oscuro a un político que le creíste, la acción física concreta de reenviar por whatsapp entre tus contactos los precios de los budines glaseados que hace este emprendedor de instagram.

 Estoy convencido que podremos salir de esta triste estadística de ser la porción del planeta más resentida por nuestra capacidad de contar. Volver a construir voces creíbles a partir de historias genuinas que interpelen al otro y que permitan ir luego a dar el paso definitivo de confiar. De lo contrario el resultado está puesto. Vivir encerrados en ghettos, defender lo nuestro con violencia y desconfiando del afuera, desgastandonos año tras año, generación a generación, volviéndonos incapaces de ser comunidad, incapacitados de creer, confiar y en definitiva de amar. El ejercicio en todo caso será también pensar para quién será negocio formar comunidades de odio y socialmente distantes.

LB