OPINIÓN

Llegó

Por Andrés Cánepa.


La pandemia llegó a Rosario. Un paciente en el Hospital Carrasco dio positivo de COVID-19 –vulgarmente conocido como coronavirus- y enciende las alarmas. Se trata de un hombre que vive en Inglaterra y que estuvo en contacto con una persona. Ya se hizo el bloqueo y se aisló a ambos.

Lo que nos tenemos que preguntar es si estamos preparados para garantizar la alta demanda que este virus puede producir. Tanto los nosocomios públicos como privados se pusieron rápido a trabajar en protocolos de acción y en hacer un relevamiento de camas de alta complejidad para la ciudad y los alrededores. Rosario siempre se ha destacado por su respuesta en salud pública y privada, y estamos todos esperanzados en que se pueda salir de esta con el trabajo de los excelentes profesionales que tenemos.

Sin embargo, todos apelan a lo mismo: la responsabilidad de los que viajaron de cumplir con la cuarentena de 14 días a rajatabla, para no contagiar a los demás y así se evite la circulación del COVID-19. Y ahí es donde nos encontramos con un escollo: ¿estamos preparados los argentinos, en constante situación de anomia y falta total de apego a nuestras obligaciones, a cumplir con la solicitud de las autoridades sanitarias?

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El mudo

Se ha generado una catarata de denuncias contra personas que volvieron de Europa o Estados Unidos y no estarían cumpliendo con el aislamiento. El 107, según solicitó Pablo Javkin, solo debe ser utilizado para casos de posible enfermedad, para las denuncias hay que utilizar el 911 ya que, a partir del decreto de Alberto Fernández, es un delito no cumplir con los pedidos de la cuarentena.

Sin embargo, todavía la comunidad no se ha puesto de acuerdo del todo en qué sí se puede hacer y qué no. Se suspendieron reuniones públicas de unas 10 o 15 personas, pero se desarrollan eventos de cumpleaños o casamientos para 150. No vamos a ir a la escuela –mañana Nicolás Trotta, Ministro de Educación, anuncia la suspensión de las clases por 15 días-, pero sí llenamos de bote a bote restaurantes en Pichincha o Pellegrini. Contradictorio.

Los pacientes de riesgo, por lo pronto, deberán auto aislarse a pesar de no haber viajado según la recomendación de los especialistas, pero las empresas no acompañan las medidas de los Estados nacional y provinciales. ¿Son ciudadanos de primera los que trabajan para el Estado y de segunda los que trabajan para un privado? ¿Cuáles son los criterios de acatamiento? Muchas dudas en medio de la propagación de una pandemia que nos sorprendió a todos.

Mientras tanto, y no puedo dejar pasar esto, hay una utilización política de la situación en algunos casos. El fútbol continúa pero a puertas cerradas por los compromisos económicos tomados con empresas multinacionales, a pesar del pedido de los jugadores y algunos clubes de no jugarlo. Enfriar la economía, a nivel nacional, puede ser un arma de doble filo: bajar la inflación más aún, pero luego va a costar el doble volver a los niveles de consumo que necesita Argentina después de que pase el temblor del COVID-19.

Mejor que curar es prevenir, y en eso coincidimos todos. Hasta los dueños de los comercios saben que es preferible disminuir hoy las ventas a tener que cerrar sus negocios por una propagación mayor del virus dentro de un tiempo. Se viene el frío, encima, y circularán otras enfermedades típicas de la temporalidad. Y por más que la mortalidad sea baja, de nuestra responsabilidad depende no colapsar el sistema de salud pública y privada para salir de esta entre todos.

Los rosarinos cuando la pasamos brava nos unimos, y dejamos de lado las diferencias y las nimiedades que muchas veces nos separan. Ya lo hemos demostrado, el destino nos llama otra vez. A cuidarse entre todos, que hay un mañana y nos tiene que encontrar de pie para volver a construir la ciudad que tanto amamos.