opinión

Gutiérrez y la grieta


Por Andrés Cánepa

El asesinato de Fabián Gutiérrez generó nuevamente una disputa dialéctica entre los dos sectores que se necesitan hace una década. No les importa qué pasó con el ex secretario de Néstor y Cristina Kirchner realmente, solo instalar lo que les conviene a cada espacio de la grieta. Desde la culpabilidad del hecho sin un solo elemento sobre la ex presidenta, hasta la venganza de los servicios por el avance en la causa de espionaje ilegal. Lo demás no importa.

Hay acusados 4 chicos de entre 19 y 22 años, de la clase alta del Calafate y con relación directa con el intendente y un escribano. Confesaron el crimen, dijeron dónde habían enterrado el cadáver y hasta demostraron el móvil del hecho. Parece raro que en Argentina se resuelva un caso en tan corto plazo, pero al menos hasta ahora no hay una sola prueba, un solo indicio, que demuestre lo contrario o que al menos haga sospechar a los investigadores.

Que el juez de la causa tenga relación con el poder político santacruceño, o que hasta la fiscal sea la hija de Alicia Kirchner, no es algo que deba sorprendernos. Conocemos el entramado de poder del sur, casi como un far west que recién con el boom turístico comenzó a crecer en su población y cercanía con el resto del país. Aunque eso no debería desviarnos del foco de la cuestión.

Los chicos, decíamos, son pibes de clase alta. No se encuentra explicación para la teoría de Juntos por el Cambio (JxC) de que la ex mandataria tiene algo que ver en el asesinato. Suponiendo el hecho demencial, ¿por qué mandaría a 4 pibes inexpertos a cumplir su objetivo? Lo único razonable dentro del comunicado es que se garantice el debido proceso, algo que debería darse por descontado pero que en Argentina es un hecho excepcional.

El jefe de Gabinete fue quien, a través de un hilo de Twitter, salió a cruzar a ese comunicado de JxC. En ese hilo no solo repudia la especulación del espacio macrista, sino que realiza una nueva, poniendo en el eje a los servicios de inteligencia por las detenciones esta semana en el marco de la causa por espionaje ilegal durante el gobierno anterior. Además, pide no especular políticamente con una muerte, cuando encabezó junto a su espacio político un reclamo directo contra Patricia Bullrich por la desaparición y muerte de Santiago Maldonado. Selfie en familia de por medio, en aquel entonces, junto a la imagen del joven militante en una fotocopia que no tardó en aparecer en el torbellino de las redes sociales.

“Has lo que digo pero no lo que hago”, debería ser la frase de cabecera de la política argentina. Porque tanto el kirchnerismo en su momento especuló con la culpabilidad del gobierno en el caso Maldonado, como el macrismo ahora por el asesinato sobre un imputado colaborador que declaró contra Cristina Kirchner, ubicándola como la jefa de la asociación ilícita en la causa de los Cuadernos de Baratta.

Es cierto que el caso Maldonado fue durante un operativo de la Gendarmería y que lo de Fabián Gutiérrez se da en medio de una investigación judicial pero ni siquiera tenía pedido una protección del Estado. Pero en el fondo, la lógica en el planteo dialéctico es el mismo. La muerte siempre fue usada contra el poder de turno como si fuese el único responsable sobre la vida de todos los ciudadanos. A Duhalde, entre otros que han vivido episodios de violencia, los asesinatos de Kostecki y Santillán le costaron la candidatura a la presidencia, solo por dar un ejemplo.

La pandemia está acá, con pico de casos en Ciudad Autónoma de Buenos Aires y en el conurbano, pero a los dirigentes les preocupa tener razón más allá de la realidad. Porque en definitiva lo que se ha desmembrado es la credibilidad sobre la Justicia, un poder del Estado que ha perdido todo prestigio y la grieta también se lo ha llevado por delante.

Tal vez el 2021 está más cerca de lo que pensamos y los políticos ya empezaron a pensar en las pequeñas batallas dialécticas para desgastar al otro y potenciar lo propio. En el medio de semejante locura, seguramente, está la verdad.