OPINIÓN

Ghosting y responsabilidad afectiva


Ghosting, ghosteo, ghostear,un nuevo verbo que, junto a otros tantos neologismos, surgió a partir del uso de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación. En este caso, en el contexto de los vínculos sexo afectivos, ghostear (derivado de ghost, en inglés, fantasma) significa fantasmear, hacerse fantasma, desvanecerse en el aire, volverse intangible o inaccesible para alguien, desparecer del entorno virtual sin dejar rastros.

El ghosteo puede darse de forma paulatina, como una sigilosa e insidiosa retirada en la que una de las personas involucradas va espaciando sus respuestas, como “clavar el visto” y responder cada vez más tarde, sosteniendo una comunicación evasiva, hasta llegar a la mismísima extinción de todo tipo de contacto. O bien de forma abrupta, de un día para el otro, en el amplio espectro que va desde la falta de respuesta hasta el “bloqueo” sin previo aviso. Es un modo más violento, pero quizá menos ansiógeno ya que ahorra la agonía de la espera tortuosa en una nebulosa de incertidumbre.

En ambos casos, el común denominador es irse sin decir adiós. Es decir, retirarse sin despedida, ni comunicar ningún tipo de explicación. Recordemos que estamos hablando de desvanecerse en el aire luego de haber tenido intimidad sexual. El encuentro pudo haber sido ocasional, consensuadamente ocasional, el bien conocido “touch and go”. Por supuesto que es lícito pactar y vivenciar este tipo de encuentros. Uno, dos, tres o diez encuentros sexuales, no interesan las cantidades, pero siempre hablando de una vinculación libre de compromisos, que no se inscribe en un proyecto de pareja, aun cuando pueda prolongarse un poco más o menos en el tiempo.

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El tema es que, para todo tipo de vínculo humano, debería regir una mínima pauta de buen trato, de consideración del otro, de registro de la otredad humana, sintiente, digna. Responsabilidad afectiva, significa asumir que somos responsables sobre la afectividad básica en el trato con el otro, cierta calidez indispensable en un lazo de intimidad. Libres de compromiso no significa que el otro no importa. Responsabilidad afectiva es el respeto, cuidado y empatía mínimos que debería mediar en todo tipo de relación.

Empatía, en tanto capacidad para ponerse en el lugar del otro sencillamente para no hacer lo que no nos gusta que nos hagan, o dicho al revés, para tratar a los demás como nos gustaría que nos traten. Por supuesto que estamos hablando de ghostear sin motivo aparente. Distinto es que haya una situación desagradable, violenta o de cualquier tipo de maltrato o falta de respeto que amerite el corte y la desconexión hasta como medida de auto preservación.

Aquí cuando hablamos de ghostear, nos referimos a uno o varios encuentros que fluyeron pacíficamente, en una relación que venía en apariencia “normal” y de repente y sin conocimiento de causase produce el fantasmeo, que deja en general a la persona ghosteada en una situación de desconcierto y angustia. El malestar que provoca no es tanto por el vínculo que se pierde, que probablemente ni siquiera llegó a ser significativo, sino por sentirse “ninguneado”, menos que la nada, en el incómodono lugar de no existir” para el otro, el no registro manifiesto enque ese otro se vaya sin saludar ni dejar rastros “como si” nunca hubiera existido en nuestras vidas.

Los defensores del ghosting como modo de terminar una relación (aun ultra ocasional) argumentan que es un modo elegante de retirarse sin el desagradable transe de comunicar al otro que no nos gusta o interesa. Por supuesto que la técnica tiene fundamento. Quienes conocemos sobre modificación de la conducta sabemos que una de las leyes del aprendizaje, el condicionamiento operante, nos dice que: si deseamos extinguir una conducta, debemos ignorarla. Por lo tanto, es ley que, si ignoro un mensaje o intento de comunicación de alguien, sistemáticamente, ese alguien a la larga va a extinguir su comportamiento de escribirme, en vistas de no obtener ninguna respuesta.

Los humanos aprendemos por las contingencias que refuerzan o extinguen nuestras conductas. ¿Cuántas veces más vamos a escribir a alguien que no nos contesta? La eficacia del método está garantizada, pero también su crueldad. El ahorro de tiempo y energía dedicados al asunto para el ghosteador es indiscutible. Pero el tema en cuestión no es la eficacia ni la eficiencia, sino laética.

Cuanto más libremente se manejan las relaciones sexo afectivas, más necesaria se hace una ética de esas relaciones informales, sin compromiso, libres.[i] Estamos habituados a pensar la ética asociada a vínculos tradicionales, convencionales, monogámicos y estables, los “noviazgos” llevan implícitas todas las pautas de respeto y cuidados que le caben por definición, pero ¿qué hay de los vínculos ocasionales, efímeros y hasta incluso clandestinos?

Los detractores del ghosteo sostienen que hay una ética aun en los encuentros más furtivos, y es la responsabilidad afectiva en todo tipo de trato humano. Ahora ¿cómo decir al otro que no quiero saber más nada? Con asertividad. La habilidad social aplicada a generar el encuentro sin tapujos, a expresar el deseo sin rodeos y con todas las letras, es la misma que debería permitirnos decir, no quiero más, no me interesa; gracias, pero no me apetece, no tengo ganas, no es lo que quiero, o las mil maneras de decir que NO de forma adecuada y oportuna, sin dañar.

Cuando hablamos de cuidar al otro, no nos referimos a evitarles el dolor o la frustración ante el no cumplimiento de sus expectativas. Hablamos de evitarles la humillación, no por sentirse rechazados, sino por no sentirse registrados como personas que merecen una palabra, aunque sea, de despedida.

[i]Dossie Easton y Janet Hardy (1997) “Ética promiscua”