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Plegarias, devoción y fe: se celebra el Día Nacional del Gauchito Gil, el santo que convoca multitudes y cada día es más popular

Como cada 8 de enero, en todos los rincones del país se encienden velas rojas para venerar al gaucho justiciero y cumplidor que está presente en todos los caminos. En Rosario, el santuario de Villa Gobernador Gálvez recibe a cientos y cientos de fieles durante toda la jornada.


El santuario de Villa Gobernador Gálvez, un día antes de la celebración. Fotografía: Rosario Nuestro

Por Amilcar Unsain

Trabajadores, ladrones, cristianos, pecadores, viajeros, gente de barrio y de ciudad. No hay restricciones: todos le rezan a Antonio Mamerto Gil Núñez, más conocido como el Gauchito Gil. Y cada 8 de enero, eso se hace notar un poco más. Es que, según las versiones más populares, fue el día de su fallecimiento (en 1874 o 1878), día en que se lo venera en cada rincón del país.

Alrededor de 300 mil devotos se acercan al santuario de Mercedes para esta fecha cada año con ofrendas que se colocan al pie de las estatuas, como camisetas, fotografías, placas y muchos objetos que representan un alto valor emocional. Hay tatuadores para inmortalizar la imagen del Gauchito en la piel, conciertos de chamamé durante todo el día y varios puestos de vendedores ambulantes para llevarse un recuerdo.

Aunque el de Mercedes es el más conocido, fuera del país hay santuarios en Chile, Uruguay, Bolivia y Barcelona, España. Todos se reconocen fácilmente por las banderas rojas. Se dice que este color se eligió porque era el del Partido Autonomista, al que pertenecía Antonio Gil. Otros aseguran que es por el color rojo de la sangre del santo durante su muerte.

Rosario no es ajena a todo esto. Al contrario: tiene varios santuarios distribuidos a lo largo y ancho, algunos más humildes y otros con mayor estructura. Uno de los más importantes, para muchos el más importante, es el que está en Villa Gobernador Gálvez, en Ayacucho y Circunvalación.

A pesar de la pandemia, el santuario no prohibirá la visita de los fieles en un día tan especial. La fe mueve montañas y es imparable. Cientos y cientos de personas se hacen presentes en el lugar para encender una vela roja, recitar sus plegarias y rendirle culto al santo. La noche anterior, cuando se cumple la hora 0, se escuchan cohetes, gritos y cantos, a modo de celebrar el comienzo del gran día.

“Es una tradición que se mantiene. Después nos volvemos a nuestra casa a descansar y al otro día estamos firmes en el santuario, para que la gente pase un lindo momento y pueda pedirle al Gaucho lo que quiera”, cuenta Daniel Flores, el encargado del santuario de Villa Gobernador Gálvez, que estuvo todo el 7 de enero, junto a un grupo de amigos, limpiando tanto dentro como en los alrededores del templo.

Es que la cantidad de gente que va cada año es “impresionante”. Si bien no se sabe con exactitud si es el santuario más grande del Gran Rosario, por comentarios de los fieles se puede asegurar que es el más concurrido. “Nunca nos pusimos a contar la cantidad de gente, pero es muchísima. Y este año, seguro va a ser igual o superior”, reconoce Flores. Ya sea para pedir por salud en tiempos de pandemia como por ser fin de semana, este 8 de enero la concurrencia no pasará desapercibida. Aunque no haya nada organizado en particular, los fieles estarán. Como en todo el país.

Trabajo, bienestar para su familia, tranquilidad y progreso para la casa. Todo eso y un poco más son las principales plegarias hacia el Gauchito. Pero seguramente este año, como el anterior, la más escuchada será la de la salud. “Que el santo nos cuide por todas las cosas que están pasando. Hay que prender una vela y rezarle. Queremos protección”, manifiesta Flores, que asegura que el santo es milagroso y cumplidor.

“Mi santo me da todo. Lo más importante es la salud de mi familia, de mis padres y mis hermanos. Todos queremos estar bien. El santo siempre nos cumplió. Me gusta que la gente crea. Porque en los momentos difíciles de la vida, ¿a qué te vas a aferrar? Me gusta que crean en cualquier santo, pero que crean”, reconoce el cuidador del Gauchito de la zona sur del Gran Rosario.

Flores en su segunda casa, el santuario. Fotografía: Rodrigo Miró.

De generación en generación

Nacido en Goya, Corrientes (al igual que dos de sus cinco hermanos), Dani Flores llegó a Rosario cuando tenía 8 años, por cuestiones laborales de sus padres. Hoy tiene 50 y, desde chiquito, recuerda prender una vela roja cada 8 de enero. Es una tradición familiar: todos, absolutamente todos, son devotos del Gauchito Gil. De hecho, su madre tiene un santuario propio en su casa.

El templo de Ayacucho y Circunvalación comenzó a funcionar hace unos 10 años, y, al poco tiempo de creado, pasó a estar a cargo de Dani. Desde entonces, lo cuida y limpia. Para esta ocasión, quedó como tenía que quedar, sin velas viejas para que los fieles puedan prender las suyas. Una acción que, según él, el santo le reconoce cumpliéndole las plegarias.

El santuario, hoy en día, tiene una imagen grande del Gauchito Gil, hecha de madera de cedro. Suele haber más imágenes, pero se las terminan robando. Muchos fieles van y dejan las suyas, pero no duran demasiado. Ese accionar de algunas personas le hizo pensar a Dani muchas veces dejar el santuario.

“Se llevaban las ofrendas y las cosas que dejaba la gente. Muchas veces dije: ‘Hasta acá llegué, dejo’. Pero después mis amigos, todos devotos del Gaucho, me terminaron convenciendo. Todos sabemos que el santo nos va a recompensar, no solo por todo lo que hacemos por él, sino por la gente que viene acá”, explica Flores. Con respecto a la imagen principal del Gauchito, cree que no despareció por su gran tamaño y peso. Por lo tanto, permanece allí desde el inicio del santuario, donada por un hombre que tenía otro santuario en Rosario.

Puestos de vendedores se instalan en las inmediaciones del santuario los 8 de enero para vender velas, estampitas, medallitas y otros amuletos del Gauchito.

Controversias con San La Muerte y la Iglesia

El 18 de agosto de 2020 encontraron un cuerpo sin vida dentro del santuario del Gauchito Gil en Villa Gobernador Gálvez. La víctima era un hombre de 35 años en situación de calle que, según se confirmó, falleció por causas naturales. Ciertas versiones lo vinculaban con San La Muerte, el guardián del Gauchito Gil, dado a que se celebra su día cada 15 de agosto (aunque, en algunos lugares, es el 20 de agosto). Además, hubo quienes contaron que desde ese momento el santuario perdió popularidad y los fieles empezaron a ausentarse.

No obstante, Flores despeja todo tipo de dudas con respecto a ese episodio. “Esto no tuvo nada que ver con el santuario ni con San La Muerte. El muchacho entró al lugar, en pleno invierno y con poca ropa, y lamentablemente murió por causas naturales. Mucha gente va y duerme, lo usa como refugio. Eso no nos molesta, al contrario. Mientras lo cuiden, no hay problema que se resguarden”, cuenta e intenta tirar por la borda las versiones que relacionan ese trágico suceso con San La Muerte. "No impactó para nada, la gente siguió viniendo", confirma.

Flores es un fiel devoto de San La Muerte. Es más, dicho por él mismo, es más devoto de él que del Gauchito Gil. Incluso, tiene tatuajes y cada 15 de agosto trata de ir a Corrientes al principal santuario (algo que no puede hacer cada 8 de enero a Mercedes, por tener que estar comprometido con el de Villa Gobernador Gálvez).

Flores se llevó la estatua de San La Muerte que estaba en el santuario a su casa, porque la encontró varias veces tirada.

Se dice que Antonio Gil era devoto de San La Muerte, por eso en los santuarios del Gauchito se suelen ver imágenes de un esqueleto vestido con una túnica negra sosteniendo una guadaña. Es el Guardián del Templo del Gauchito Gil, a quien Dani Flores tiene muy presente. Si no puede ir a Corrientes, el 15 de agosto hace una comida grande en su casa e invita a familiares y amigos a compartir ese momento.

Otra contradicción con la que se encuentran los fieles cada vez que le rezan al Gauchito Gil es con la postura de la Iglesia. El Gauchito no está comprendido dentro de las Iglesias católica ni evangélica. Sin embargo, la Iglesia católica ha tenido algunos acercamientos. Los obispos con jurisdicción en los sitios donde se lo venera hace tiempo decidieron acompañar estos fenómenos, no ignorarlos, ni mucho menos combatirlos. Una actitud que contó con el apoyo del mismísimo Papa Francisco. Por ejemplo, el obispo de Goya, en su momento Ricardo Faifer, visitó el santuario en Mercedes, acompañado por diez sacerdotes, quienes pidieron que cada 8 de enero se celebren misas en los distintos santuarios en memoria de Antonio Gil como un fiel cristiano.

“Respeto la postura que no lo reconozcan como santo. Pero la gente hace que se lo reconozca. El poder que tiene es impresionante. Miles y miles de personas hicieron un gran esfuerzo para juntar su plata e ir al santuario de Mercedes durante estas fechas. Todo eso genera el Gauchito”, confiesa Flores. Y aclara que nadie es “superior” a Dios, porque todos actúan por intermedio de él. La oración del Gauchito hace esto explícito: “¡Oh, Gauchito Gil! Te ruego humildemente se cumpla por intermedio ante Dios el milagro que te pido y te prometo que cumpliré mi promesa, brindándote mi fiel agradecimiento y demostración de fe en Dios y en vos, Gauchito Gil”.

Una popularidad sin techo

El Gauchito Gil es una de las figuras más emblemáticas de Sudamérica. Perpetuado por la transmisión oral, su leyenda no ha dejado de generar pasión y admiración, y su expansión y devoción parecen no tener límites. Sus devotos jamás se olvidan de tocar bocina al pasar por alguno de los miles de pequeños y grandes altares que se edifican en las banquinas de las rutas argentinas. Algunos, con más tiempo, paran, prenden una vela y rezan.

Pero, ¿por qué se convirtió en el santo más popular de la Argentina? Una de las explicaciones que han dado expertos en el tema sobre este fenómeno, como el filósofo Rubén Dri y el sociólogo Pablo Semán, es que durante los años 90 y 2000 hubo un crecimiento en las manifestaciones populares hacia el Gauchito Gil por la crisis estructural que afectó a la Argentina en esas décadas y que provocó la migración de correntinos a distintos puntos del país en búsqueda de mejores condiciones laborales. Como parte de su identidad litoraleña, las banderas rojas comenzaron a poblar las esquinas de cada barriada.

Otro de los motivos se vincula a la acción de los camioneros que recorrían la ruta del Mercosur que une Argentina, Brasil y Paraguay. La presencia del Gauchito se fue extiendo porque los camioneros, que tenían paso obligado por Mercedes, se fueron haciendo devotos y comenzaron a construirle altares en las rutas argentinas.

Lo cierto es que este 8 de enero cientos y cientos de personas tanto de Rosario como de la región pasarán por el santuario de Villa Gobernador Gálvez para pedir por salud, protección y prosperidad. Es un lugar abierto y se intentará mantener un orden de distanciamiento y uso de barbijo. Aunque, cuando se junta demasiada gente, se hace difícil sostener un control. Asimismo, Flores recomienda a quienes acudan al lugar respetar las medidas sanitarias. Con la ayuda de especialistas y, para los fieles creyentes, del Gauchito Gil, seguro a la pandemia la venceremos entre todos y el próximo 8 de enero volveremos a bailar chamamé y a fundirnos en un abrazo sin temores. Oh, Gauchito Gil, te pedimos salud.

El rojo, el color característico del Gauchito que tiñe al país.

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Paladini flotante