opinión

El último intento

viernes 2 de febrero, 2018

Miguel Lifschitz insiste con que le gustaría ser reelecto en su cargo y no quiere bajarse de ese barco. Tiene hasta marzo, tan solo un mes, para lograr el consenso. Una utopía a esta altura, aunque no habría que subestimar la capacidad de diálogo del actual gobernador.

Hizo todo lo que tuvo a su alcance. Habló con todos y escuchó a todos. Pretensiones, voluntades, y peticiones especiales para cada uno de los sectores políticos que conforman el espectro político de la Legislatura santafesina. Pero hasta ahora no ha dado con la llave que destrabe la situación. El tiempo ya no juega a su favor y lo sabe, por eso quiere lograr en este sprint final el sí de los otros espacios para que se convoque a la Asamblea Constituyente antes de fin de febrero.

Cambiemos tiene fortaleza no por el número en la Cámara de diputados –solo 9 escaños de los 50- sino por su relación con el gobierno provincial a partir de los diálogos desde el poder nacional. Desde este sector insisten que no tienen problemas para discurtir la posibilidad de la reforma, más allá de la reelección o no, pero lo quisieran hacer el año que viene ya que hay elecciones y no se generaría un gasto extra para elegir a los asambleístas de la reforma.

El peronismo está dividido. Algunos ven en esto una posibilidad de retmar espacios de poder que perdieron en su puja interna. Pasar a ser aliados del Frente Progresista y dejar de lado las andanzas del PJ es para muchos su futuro político. Otros ven la reelección del gobernador actual como la imposibilidad de mostrarse como alternativa en el 2019 ya que creen que Lifschitz podría llegar fortalecido de finalizar con su plan de obras públicas ambicioso que viene avanzando en todo el territorio provincial.

Y lo cierto, también, es que las trabas mayores el gobernador las encuentra puertas adentro, como ya hemos contado desde esta columna. El sector de Antonio Bonfatti, quien preside la Cámara baja, quiere volver al poder del Ejecutivo y para eso ven casi como condición sine qua non que Lifschitz no tenga la posibilidad de volver a ser electo el año próximo. Hoy están agazapados, muchos de ellos, en la Legislatura a la espera de una nueva oportunidad en las urnas, mientras que han tomado protagonismo en las últimas elecciones generales después de los magros resultados de sus candidatos tanto en Rosario como en Santa Fe.

Con este panorama podríamos calificar, como anunciamos más arriba, como utópica la posibilidad de que se llegue a la reforma con la reelección de Lifschitz. Todos coinciden en que la  modificación de la carta magna provincial tiene que llegar lo antes posible, ya que no está aggiornada a la legislación vigente nacional e internacional. Sin embargo, siguen de ponerse de cómo llegar a buen puerto.

“No quemaría las naves para tratar de lograr ese objetivo. Si se diera la circunstancia, y hubiera un consenso político amplio, obviamente que en lo personal a mi me gustaría”, declaró el gobernador. Dicen que el primer paso para ser, es querer ser. El tambor está girando.

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