opinión

El poder del beso


Besar apasionadamente puede ser el portal de ingreso a otra dimensión de sensaciones que se experimentan a partir del estallido fisiológico que despierta, y puede ser el principal propulsor de la respuesta sexual.

Besar en la boca como forma de contacto físico entre dos personas no es universal, no todas las culturas tienen incorporado este poderoso ritual erótico, y no todas las personas disfrutan de hacerlo. Pero lo cierto es que produce una verdadera revolución en nuestro organismo, principalmente en la neuroquímica cerebral.

El beso apasionado, pone en juego cerca de 30 músculos, y se transmiten sensaciones a la corteza cerebral a través de múltiples terminaciones nerviosas. Se liberan factores estimulantes que desencadenan una mayor producción hormonal y se acelera la frecuencia cardíaca. Se ponen en juego los sentidos del gusto, el tacto y el olfato, que con receptores especiales escapaz de percibir las feromonas, que son sustancias químicas que transmiten sensaciones de atracción y excitación o bien de rechazo. El olor y la genética, a través del complejo mayor de histocompatibilidad (CMH) como parte del sistema inmunológico, se encargan de hacernos saber si el ADN de la otra persona es compatible con el propio. Por eso decimos que el besar nos da la pauta inmediata de la conexión “química”, la “piel”, que tenemos o no con la otra persona, independientemente de que nos resulte atractiva por otros motivos.

Neuroquímicamente, al besar se liberan principalmente dopamina, oxitocina y serotonina. La dopamina es una sustancia asociada al placer, la motivación y los sentimientos de euforia. La oxitocina, también conocida como la “hormona del amor”, liberada también durante el orgasmo, estimula la sensación de intimidad y el sentimiento de apego. Por su parte la serotonina( 5HTó 5 hidroxitriptamina), juega un papel importante en el estado de ánimo, el deseo sexual, en la regulación del apetito y del sueño. Los centros del sueño profundo son fundamentalmente serotoninérgicos, por lo tanto a mayor secreción de serotonina, más fácil nos resultará conciliar el sueño.

Además de placer, sensaciones y sentimientos, es cierto que durante el beso se intercambian decenas de miles de microorganismos, pero al mismo tiempo, el besar estimula la producción de saliva, lo cual drena tanto los microorganismos como las células muertas. Al mismo tiempo, la liberación de endorfinas (hormona de la felicidad) al torrente sanguíneo, junto con la dopamina y la serotonina ya mencionadas, produce una sensación de bienestar que actúa como poderoso antidepresivo endógeno, lo que en definitiva fortalece la actividad del sistema inmunológico mejorando nuestras defensas. Después de todo, la infelicidad nos vulnerabiliza mucho más a enfermar que la exposición a gérmenes y bacterias.

Por lo tanto, adhiramos al legado de quienes recordamos las épocas del emblemático Roberto Galán que sabiamente repetía…”hay que besarse más”.