OPINIÓN

El misterio del moño amarillo

jueves 7 de diciembre, 2017

La vida cambió radicalmente para “Pelusa” aquel fatídico 19 de marzo de 1991, cuando dió positivo el  control antidoping en el intrascendente partido entre Nápoles y Bari en el San Paolo napolitano. Se había dado vuelta la taba  y no pararían los infortunios luego de recibir una pena de 15 meses para la práctica del fútbol por la Liga Italiana del Calcio. Vuelve a nuestro país y a los pocos meses, es sorprendido en un departamento suyo de calle Franklin en Caballito, junto a dos albañiles a los que al parecer estaba iniciando en el consumo de cocaína bajo la figura penal de “suministro gratis de droga”. Se lo condena a 14 meses de prisión en suspenso, pena levísima que insólitamente nunca cumplió porque se “somete” a una probation consistente en que debía aceptar un tratamiento que lo curara de su adicción a las drogas. Misteriosamente nunca se supo el resultado final, aunque la dura realidad y las crónicas policiales demostraron que no se había curado de su dependencia.

Continuaron los desatinos. Luego de un fugaz paso para jugar en Ñuls, en una quinta de Mercedes arremete con armas de fuego contra 5 periodistas que estaban a la puerta de esa finca, hiriendo levemente a uno de ellos. Desde allí, varias crónicas policiales lo tuvieron como protagonista, incluyendo una denuncia en 2006 en la Polinesia por un incidente cuando le rompió un vaso en la cabeza a una mujer que había discutido con su hija Giannina y  una denuncia por acoso que le entablara una periodista rusa en un hotel de San Petersburgo hace ya unos meses.

Todo lo que rodeó la presencia del diez en Moscú el primero de diciembre de este año con motivo del sorteo del Campeonato Mundial de Fútbol, fue un concierto de desatinos en donde su presencia enfundado en un traje negro dos talles mas grandes del que le hubiera correspondido y rematado con un ridículo moño amarillo fueron apenas muestras de un largo rosario de falencias.

Todo comenzó con una “gaffe”, y la falla consistió precisamente en haberlo elegido para representar a nuestro país en tan magno evento. Si allí estaban presentes representantes de todas las selecciones campeonas del mundo, siete en total, más Rusia en su carácter de anfitrión, seguramente nadie tenía mas derechos que Daniel Passarella para habernos representado por ser el único integrante de los dos seleccionados argentinos que lograron el preciado logro. El llamado “Kaiser” fue capitán en 1978 e integrante del plantel de Bilardo en 1986. Dentro del terreno de las arbitrariedades Infantino, capo de la FIFA, lo nombró a Maradona cediendo a esa presunta extorsión a la que el portador del moño amarillo somete permanentemente al que no se rinde a sus deseos. A resultas de este desaguisado se nombró para que nos representara frente a los bolilleros del sorteo a alguien que había alcanzado un alto rango de indignidad cuando se lo expulsó por la propia FIFA de un campeonato del mundo.

¿Cómo le pagó Maradona a Infantino? En primer lugar, no asistió al ensayo del día anterior al evento sin dar una causa justificada y simplemente aduciendo que “los ensayos son una boludez”, ergo tratando como tales a los organizadores y participantes del ensayo. A la ceremonia sí asistió, acompañado por su pareja Rocío Oliva, que a su vez estaba abrigada con un tapado de piel. Para culminar tanto esperpento junto, al ser interrogado deferentemente por el inglés Gary Lineker acerca de la suerte de Argentina en el sorteo, contestó descalificando malamente a los jugadores de su país y por ende al entrenador de los mismos .

Este sujeto de una verborragia incontenible es perseguido por el  Fisco Italiano por una deuda de 34 millones de euros mas sus intereses, además de los pleitos con Claudia Villafañe y sus dos hijas matrimoniales que un día son diosas intocables para él y al otro día son brujas según su propio criterio. Ni hablemos de su adhesión a los regímenes populistas del continente a los que prohijó con enjundia y que le acarreó el rechazo de la clase media argentina, convirtiéndolo en el personaje no político con mayor imagen negativa en nuestro país.

En 1907, Gastón Leroux escribió su célebre novela “El misterio del cuarto amarillo” pieza cumbre de la enigmática criminalística, en la que se trata de descifrar la forma de salir de un cuarto herméticamente cerrado por dentro, y donde no existen otras aberturas además de la puerta de entrada. En el caso de Pelusa, el misterio o enigma a resolver radica en determinar cómo el portador del moño amarillo puede obrar de manera tan repudiable sin tener ningún tipo de punición. Y allí anda por el mundo este difamador recalcitrante que ostenta una patente de corso que lo autoriza a decir lo que se le ocurra y a hacer lo que le parezca con un aparente bill de inmunidad que lo libera de todo castigo. Nos referimos a los castigos judiciales, ya que de los castigos morales y el repudio universalizado jamás podrá librarse.

Acepto el mea culpa de todos los que gritamos el gol que les hizo con la mano a los ingleses, festejando el asesinato al fair play. Cuando bramaba, en Estados Unidos en 1994 al ser sorprendido dopado, “me cortaron las piernas”, Pelusa no había advertido que le habían cortado algo mas importante aún que sus extremidades.

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