Opinión

Día Internacional del Orgasmo Femenino

Por Silvana Savoini.


El placer sexual es un derecho, el orgasmo no es una obligación, y ambos son responsabilidad de la propia persona

Éste, como tantos días conmemorativos, se establece para visibilizar un tema o problemática respecto de la cual no se habla habitualmente. La iniciativa surgió en Brasil hace casi veinte años, justamente como pretexto para promocionar la salud sexual, ante una proporción inquietante de mujeres que afirmaban jamás haber experimentado un orgasmo, y en muchos de esos casos, tampoco haber consultado a un especialista por ello.

Lo primero que cabe aclarar, es que el orgasmo en sí, no es ni tiene por qué ser obligatorio para  ningún género durante un encuentro sexual. El erotismo y la sensualidad no se centran en la experiencia orgásmica como si fuese un resultado al que estamos conminados a alcanzar. De hecho, cuando hablamos de satisfacción sexual, sabemos que pueden cumplirse todas las fases de la respuesta sexual, es decir, puede haber deseo, excitación y orgasmo, pero no obstante no experimentar satisfacción; o viceversa, puede estar ausente el orgasmo, pero aun así la persona puede sentirse absolutamente satisfecha con la vivencia. Me atrevo a afirmar sin riesgo de equivocarme, que es mucho más fácil tener un orgasmo que satisfacción. Sin más evidencias que la breve introspección que cada uno pueda hacer respecto a su propia biografía sexual.

Al mismo tiempo es importante recordar, que dentro de los Derechos Sexuales se incluye el derecho al placer sexual, al placer en todas sus dimensiones, libre de coerciones, y por supuesto de toda forma de violencia. Pero sobre todo, libre de coerciones. Muchas veces las expectativas del partenaire sexual se vuelven un mandato bajo un imperativo de goce que sólo admite el orgasmo como testaferro del disfrute, y esa presión aleja de por sí la posibilidad de que ocurra. El orgasmo en todo caso, es una consecuencia de toda una serie de vivencias estimulantes que aumentan la excitación, pero requiere relajación como condición fundamental, y es una experiencia absolutamente subjetiva que depende más de lo que pasa por la mente, que de la genitalidad.

Y finalmente, es saludable recordar que el placer sexual en general, tanto como el orgasmo en particular, son responsabilidad de cada uno. Cada persona es responsable de su propio placer, de pedir o guiar a la pareja en lo que necesita para experimentarlo, de procurárselo incluso dentro un encuentro, nadie tiene a su cargo satisfacer al otro, lo cual no significa, que no sea absolutamente placentero y gratificante provocar ese placer y disfrutar de hacerlo. Cada uno debe ser responsable por lo que vivencia en esa interacción, y por supuesto, desplegar la asertividad necesaria consensuar e incluso para decir que no cuando sea necesario.

Mirar, tocar, desear, amar, respetando el propio ritmo, dando rienda suelta al deseo sin imperativos de goce, no es una carrera, no es un examen, no hay que ir detrás de ningún resultado, simplemente dejarse llevar cuando fluye, para disfrutar de esos instantes en los que nos sentimos irrefutablemente vivos.