opinión

De naranjas y sabiduría


Me maravilla pensar cómo las progresivas transformaciones de la sociedad en la que vivimos, nos alejan de algunos saberes fundamentales para la vida, que luego necesitamos recuperar académica o terapéuticamente.

Vivimos de tal manera que no solemos tener una conciencia plena de lo que estamos experimentando y esto impide  muchas veces el disfrute así como fomenta estados de ansiedad o depresión. Actualmente se plantean técnicas, con bases en la meditación budista y fundamentos neurocientíficos, como es el Mindfulness, generalmente traducido como Atención plena o Conciencia plena, entendida como la capacidad humana básica de poder estar en el presente, como dice KabatZinn en su libro[i], el lema es “estar donde estés”, prestar atención de manera intencional al momento presente, sin juzgar.

La pregunta es por qué necesitamos recurrir al Mindfulness, en formato académico, como curso, diplomatura, o como actividad terapéutica tipo taller o terapias individuales, para algo tan elemental como estar conscientes plenamente de nuestras vivencias?

La respuesta puede estar en un relato que escuché, de alguien que perdió recientemente a su madre, y que con mucha emoción atesora como legado de ella el recuerdo de las naranjas. La historia de las naranjas, consistía en la manera en que esta madre enseñaba amorosamente a sus hijos a comer las naranjas.

Aquella mujer, que desarrolló su familia en un contexto económico apremiante, organizaba un verdadero ritual para comer las naranjas a las que tenían acceso, en el cual se esmeraba por realzar la experiencia de esa ingesta, conduciéndolos a una verdadera focalización sensorial del acto de alimentarse (hoy lo llamaríamos Mindful-eating). Entonces se tomaban su tiempo, y les indicaba como oler las naranjas y apreciar su aroma, sentir su textura con las manos, mirarlas, no verlas, mirarlas, observar su color, su forma, pelarlas poniendo atención a los sonidos que generaba, y finalmente saborearlas, con un registro pleno de ese deleite

La persona que rememora este relato, hoy con mirada adulta, rescata la habilidad de su madre para hacer que esos niños focalizaran su atención en lo que tenían, y aprendieran a disfrutarlo, y en el contraste de figura y fondo dejasen en segundo plano las carencias.

De más está decir, que de esa gran lección de vida, crecieron niños resilientes y optimistas, devenidos en adultos que se sienten seguros para afrontar cualquier situación. Sin educación formal, aquella madre supo orientar a sus hijos a poner atención en sus fortalezas, tomó lo que disponía, su tiempo y sus sentidos, y les enseñó a capitalizarlos. Seguramente ella no dimensionó la importancia de su legado.

En la sociedad actual, pocas personas se detienen a degustar cada instante, en todo vínculo y en cualquier actividad humana. Quien compartió su relato familiar conmigo me aclaró que su madre era analfabeta, a lo que respondí que por el contrario, evidentemente era una mujer muy sabia.

[i]Kabat-Zinn (2014) Mindfulness en la vida cotidiana. Paidos