OPINIÓN

De arrebato


La reforma de la Constitución provincial fue uno de los temas emblema del gobierno de Miguel Lifschitz, y ha encontrado escollos una y otra vez cuando la quiso impulsar en la Legislatura. Ahora, entre gallos y medianoche, podría salir el proyecto de Ley que habilita la modificación a la Carta Magna santafesina a modo de revanchismo de sectores del peronismo y Cambiemos. Escenario abierto, aunque poco probable.

Las rivalidades internas que hubo entre Antonio Bonfatti y Lifschitz ya son conocidas. Y los legisladores con los que pudimos hablar nos ratifican que el Presidente de la Cámara de Diputados no movió un solo dedo para que la reforma salga. Es más, hay quienes afirman que en los pasillos del edificio que alberga también a la Cámara de Senadores el propio ex gobernador sentenciaba: “No sale”.

Por otra parte, desde el peronismo y Cambiemos insisten con que en su momento el proyecto no tuvo el aval por la necesidad de Lifschitz de que sea con la posibilidad de la re elección para él mismo en este período. De todas maneras, el gobernador aclaró una y otra vez que él quería que se discuta más allá de ese punto central.

Desde el entorno del gobernador no tienen miedo de que el proyecto se apruebe, pero repudian el accionar de legisladores que estuvieron 3 años y medio rechazando esto y ahora quieren aprobarlo sobre tablas en tan solo dos meses que quedan para que cambien los actores en la Cámara baja. Pero de salir, están dispuestos a dar el debate.

Aseguran, además, que notan maniobras políticas a las que la provincia de Santa Fe no está acostumbrada, y que para que salga de manera express deberán dar vuelta muchas voluntades y sospechan sobre la metodología utilizada.

Lo técnico indica que el proyecto de Ley para la reforma de la Constitución necesita de 34 votos afirmativos –dos tercios del cuerpo- para ser aprobado y que comience el proceso. Lo mismo en la Cámara de Senadores, en donde sobre los 19 necesitan 13 votos a favor. Y en diputados los números son muy finos.

La base de quienes dicen tener los números para la aprobación son los 22 diputados opositores. Y a esos deberían sumar 12 de los 28 que ingresaron con el Frente Progresista. Entre algunos radicales que se fueron a Cambiemos y otros legisladores heridos por el accionar de Lifschitz en el armado de las listas, el recuento da que son 10 al menos los que podrían acompañar el proyecto de reforma express. Con esos dividendos, la moneda está en el aire y puede caer para cualquiera de los dos lados.

Lifschitz quiere ser él quien impulse nuevamente su tema preferido durante sus 4 años de gestión, esta vez desde la conducción de la Cámara baja provincial. Y con sus 28 diputados alineados, más otros que puedan ver, ser él quien quede en la foto y no regalar un tópico que ha sido su caballo de batalla.

La duda está en saber si se aprueba el sobre tablas, paso inicial para poder discutirlo en el pleno, es qué postura va a tomar el Frente Progresista en su conjunto. Sería aún más loco que ahora rechacen el proyecto de reforma, después de haberlo militado más de una década.

Pero el escollo vuelve a ser el mismo: re elección sí o no para el gobernador entrante. Es el tesoro preciado que nadie quiere entregar, y algunos peronistas creen que una posible renovación de mandato de Perotti sepultaría las voluntades políticas de Lifschitz de volver a conducir la Casa Gris a partir del 2023.

Las cartas están echadas, y quedan pocos jueves para conocer la verdad. Los números dan, según afirman los operadores de los distintos bloques. Tal vez resta una medición de la opinión pública, o solo tal vez se están subiendo el precio en futuras negociaciones legislativas.