Educación y valores

De acosadores, poderosos y salvajes

viernes 3 de noviembre, 2017

Las denuncias por abuso se han vuelto una costumbre.

Foto: Archivo

Por Marcelo Kopp, director institucional del IESERH y creador de la carrera de RRHH.

Hechos muy recientes que afectaron a un productor de cine afamado de Hollywood y recientemente al actor norteamericano Kevin Spacey, referidos a sus conductas sociales vinculadas al género, el trabajo y el sexo, conductas que pueden tipificarse como acoso.

Básicamente llamamos acoso al  comportamiento reiterado de una persona de cualquier sexo que pretende doblegar la voluntad de otra  que no desea mantener una relación íntima con el/la acosador/a.

Para lograr sus fines, el acosador emplea algún factor de poder que está a su disposición, sea éste de carácter pacífico como es la diferencia notable de Edad o la Posición Económica, o un método violento como es una amenaza o una insistencia insoportable.

Me atrevo a decir que esta conducta que caracteriza al acosador está en nuestra naturaleza humana, en alguna parte de nuestro cerebro que responde a los dictados de nuestra condición salvaje, nuestro cerebro reptiliano, y desaparece cuando la comunidad se nutre de  un nivel educativo y de valores elevados.

Tan cierto es esto, que el acosador pasa totalmente desapercibido en la sociedad cuando no está poniendo en práctica sus inclinaciones, y también es común encontrar que alguien insospechado se transforma en un peligroso acosador cuando mejora su situación de poder.

Pero más grave que todo esto es comprobar que, en cualquier situación donde un ser humano concentra  mucho poder, sea por razones laborales o razones económicas, florece en esa persona la tentación de someter a otros a sus deseos sexuales.

¿Cómo nos protegemos y protegemos a nuestra familia de este tipo de personajes?

En primer lugar mejorando la comunicación y aprendiendo a escuchar sobre todo a mujeres y niños. En segundo lugar estando muy atentos a lo que pasa a nuestro alrededor, incluso en el ambiente familiar. En tercer lugar educando a nuestros hijos y en cuarto lugar exigiendo a la sociedad que individualice y castigue este tipo de comportamientos.

Para las víctimas es de fundamental importancia darlo a conocer porque de esa forma se puede evitar que el victimario continúe haciendo de las suyas. La naturaleza humana no va a cambiar y creo que siempre estaremos expuestos a este tipo de conducta por parte de algunas personas o en algunas circunstancias especiales de la vida, pero podemos reducir mucho el riesgo si insistimos en la educación, en los valores y en la buena comunicación.

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