Una mezcla no siempre hot

Sexo, verano y vacaciones

Llega el verano, como punto culminante de las expectativas que florecieron en la primavera respecto a la vida sexual.

Por Silvana Savoini

viernes 22 de diciembre, 2017

Que la luz solar influye en la actividad de las hormonas sexuales, es cierto, pero también es cierto que en los seres humanos la sexualidad trasciende la biología.

Para muchos (aunque no para todos) el verano coincide con el periodo de vacaciones, momento idealizado también sobre el cual se proyectan con el mismo énfasis los anhelos de descanso, las expectativas de diversión, la concreción de tareas pendientes en el hogar, las realización de fantasías eróticas y la promesa de apacible lectura de aquel atractivo libro que compramos durante el año pero que durmió sobre la mesita de luz, sin que encontremos un instante para deleitarnos con él.

Todo eso y mucho más, planeamos, esperamos, deseamos, suponemos…hacer en las tan mentadas vacaciones.

Pero las vacaciones no son ilimitadas y aquí es conveniente tener en claro algunos principios universales a la hora de proyectarlas:

  • Todo no se puede.
  • Nuestro tiempo, energía y atención, son recursos LIMITADOS.
  • Del tiempo libre (sin obligaciones laborales), no todo es tiempo liberado (aquel en el que podemos preguntarnos qué sentimos deseos de hacer realmente).

Dicho esto, podemos intentar una estimación del uso del tiempo, lo más aproximada posible a la realidad, para no exponernos a la frustración de no cumplir con objetivos desmesurados.

Dentro de la saga de expectativas desbordadas, suelen estar las sexuales.

Para las personas que están solas, el verano parece promisorio para conocer gente y relacionarse. La exposición de los cuerpos, los colores de las prendas, y la distensión pueden operar como estímulos favorables al encuentro, pero debemos considerar que seguimos siendo los mismos pese al despliegue estival, y nuestras personalidades, habilidades sociales, requerimientos o exigencias a la hora de elegir una pareja sexo-afectiva, siguen vigentes. Esto significa que no debemos sobreestimar los beneficios que la estación de año pueden aportar, sino más bien comprometernos con los cambios que estén a nuestro alcance y decidamos realizar en pos de vincularnos más o mejor, si existe ese deseo.

Para quienes están en una relación de pareja estable, la cosa puede complicarse si se sobrecargan las vacaciones de expectativas de desempeño (ni hablar si se trata de una pareja con hijos pequeños).

Ahora tenemos tiempo, ¿pero no hay ganas?

El deseo sexual es muy complejo, susceptible a alterarse por la menor desregulación psicofisológica.

El estrés es la respuesta del organismo a la tensión o sobrepresión y tiene tres fases: alerta, resistencia y agotamiento. Dado el ritmo vertiginoso que suele tener el año para la gran mayoría de los que habitamos las grandes ciudades, solemos llegar a fin de año en fase de resistencia, para desmoronarnos en la fase de agotamiento ni bien cesa la presión (cuando entramos en vacaciones) cual resbaladizo tobogán ineludible que nos deja sin muchas fuerzas, ni ganas, ni voluntad de hacer todo aquello que programamos cuando aún estábamos acelerados. Esto no sólo es normal, sino que es necesario. El descanso, el ocio, la recreación, no son lujos para cuando sobre tiempo, sino que son una necesidad vital tanto para nuestro cuerpo como para nuestra psique. Detectar y respetar la necesidad de descanso, es esencial para la salud.

La fragilidad del deseo también puede afectarse por los cambios en la configuración de los tiempos compartidos durante las vacaciones. Ya sea por la mayor presencia de los hijos, tanto como la mayor cantidad de horas o días que la pareja coexiste bajo un mismo techo, lo cual no siempre es favorable como se idealiza. La convivencia plena suele poner en tensión los vínculos, para lo cual puede ser útil reservar momentos para la soledad. Estar juntos de viaje incluso, no significa necesariamente tener que compartir todas las actividades.

Quién dijo “hay que”

Modular las expectativas incluye no dejarse llevar por las creencias respecto a lo que “hay que” hacer o respecto a cuánto “hay que” disfrutar en vacaciones. Cumplir fantasías bizarras, aumentar la frecuencia de los encuentros sexuales, experimentar más deseo, suelen ser imperativos de goce basados en míticas creencias que debemos ser capaces de desactivar, para que las ganas y la creatividad se desarrollen con fluidez.

En ese sentido, es importante intentar la aceptación (de uno mismo y del otro) antes que las exigencias.

Y finalmente, es preciso considerar en época de fiestas y vacaciones, que los excesos siempre inciden sobre la respuesta sexual. Excesos de exposición al sol, excesos en las comidas, y especialmente en el consumo de alcohol, (que deprime el sistema nervioso e inhibe la respuesta sexual) son factores de los que es saludable cuidarse para nuestra calidad de vida en general y para un óptimo desenvolvimiento de la función erótica en particular.

Amarnos es cuidarnos, para disfrutar a pleno de estas ¡Felices Fiestas y Muy Felices Vacaciones!

Comentarios