PASIÓN, COLOR Y AUTOGESTIÓN

Relatos de un arte infinito

Historias de la Crack Bang Boom.

Por Eugenia Ludmer

viernes 13 de octubre, 2017

Una frase de la película “El secreto de sus ojos” sobrevuela la cabeza del mero espectador, el que observa, desde afuera pero con respeto, la amplitud de un mundo inexplorado: “Hay una cosa que no se puede cambiar, la pasión”. La pasión es el elemento que sobresale en la “Crack Bang Boom”, para algunos, la convención de cómic más importante del país. Ni las malas pasadas del tiempo pueden frenar ese impulso del encuentro donde la pasión aparece como nexo con el otro.

La zona de los galpones se dispone como escenario para el evento. Poco importa el frío de invierno en pleno octubre, el viento que pega fuerte; mucho menos las obligaciones laborales. Los stantds ya están todos armados. Los de la carpa blanca bien cerca del río, y los del interior de los recintos de ladrillo y chapa. La proliferación de fanzines, tazas, revistas, libros, muñecos, calcos, remeras– sólo por mencionar algunos- vuelve difícil la tarea de detenerse a mirar con atención a alguno de esos objetos. No son únicamente Superman, Batman, Hulk, Flash o Spiderman los personajes que se repiten. Están, por supuesto; como también Mafalda o Inodoro Pereyra, entre otros clásicos nacionales.

Pero además figuran los producidos por artistas anónimos, que se apropian de la carpa blanca. Allí se respira un clima de retracción y juventud. Mucha juventud. Entonces, ya pasados unos minutos de recorrida, empieza el diálogo, y la timidez se diluye de a poco. La que rompe el hielo es Micaela.

Micaela tiene 17 años, unos ojos celestes que encandilan, y está caracterizada como Mabel Pines, de “Gravity Falls”, una serie animada de Disney, que data de algunos años. Empezó a incursionar en la galaxia “comiquera” a partir de su fanatismo por “Star Wars”. “En mi casa se veían muchas películas y con mi hermano más chico nos empezamos a meter en esto”, cuenta la adolescente, que cursa el secundario en el Superior de Comercio y pertenece al grupo local “La Orden de la Bat’Leth”, que distribuye de manera gratuita “La Guía Intergaláctica”. “No me gusta mucho el colegio. Quiero terminar y estudiar medicina y arte”, explica en una síntesis sobre sus intereses. Plurales, como la Crack.

Agustín, en cambio, se inclina más por las historietas. Vive en Buenos Aires, donde encabeza un espacio llamado “The Godfather”, que se dedica a la edición de clásicos en su idioma original.”Hace tres años que venimos. Participar es todo un estrés, pero nos encanta”, dice el veinteañero entre el entusiasmo y el cansancio. A su izquierda se ven las copias de “Transmetropolitan” que se entrelazan con ejemplares apócrifos de Hulk y hasta el de la “Muerte de Superman”, de Dan Jurgens.

En el stand de enfrente, está Daniel, conversando con unos clientes. Es uno de los rosarinos de asistencia perfecta a todas las ediciones de la fiesta. Su afición por la lectura fue el pasaje a una pasión sin retorno, que, para su fortuna, se convirtió en sostén económico. “En los ’90 empecé a leer cómics europeos, como “Zona 84″ y otros de países nórdicos, que me partieron la cabeza. Lo mío fue siempre más por el lado de la lectura. De muy chico empecé a leer”.

Esos textos también capturaron a Alejandra, quien confiesa que en su tiempo libre escribe “algunas cosas”. La mujer de cabellos rojo furioso, no siente simpatía por los superhéroes: “Para mi son tontos”, expresa dubitativa, y explica que se dedica a “a la indumentaria y los accesorios”, que vende en su local de Lanús. “Con Gustavo venimos siempre y para nosotros es la convención más grande de Sudamérica”. Gustavo está ordenando mercadería en una de las esquinas del cubículo que ocupa pocos metros. Es su socio y compañero de vida.

Nacho camina alucinado por los corredores de la feria. “Ya me gasté una luca”, dice y desliza la necesidad de contenerse porque sino se le “va todo el sueldo”, que gana por su trabajo en una fábrica metalúrgica. Con él la charla va por otro lado: la extrapolación de formatos literarios al cine. Nacho escribe guiones y los piensa siempre a partir de la imagen y el sonido en pantalla. Claro, además de trabajador metalúrgico es realizador audiovisual.

La diversidad de los relatos en la Crack Bang Boom se traduce también a las inquietudes artísticas de aquellos que concurren, ávidos de la experiencia de intercambio con pares de todas las edades, quienes, por otra parte, se hallan frente a la posibilidad de conocer a referentes mundiales como los norteamericanos Frank Miller, Brian Azzarello o el japonés Inoue Hiroaki y los nacionales Eduardo Risso y Domingo Mandrafina.

Micaela, Daniel, Alejandra y Nacho, como otros miles, esperan todo el año estos cuatro días, que culminan con un gran desfile de “cosplayers”. Cierre que para muchos representa la oportunidad de ser quienes en realidad desean. Sí, el juego de identidades también circula en el evento.

La fantasía es el denominador común para la conjunción de un arte que cruza la literatura, el cine, los videojuegos, el dibujo, las artes plásticas y más. Un arte que dialoga con las construcciones sociales más complejas: el bien y el mal. Un arte incognoscible para muchos, que exige una delicada sensibilidad. Un arte infinito.

 

 

 

 

 

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