OPINIÓN - ROSARIO CENTRAL

¿Quién se hace cargo?

martes 6 de marzo, 2018

Desde que el Ministerio de Seguridad de la Provincia de Santa Fe encontró los cuatro ataúdes en el Gigante de Arroyito, la Comisión Directiva de Rosario Central se defendió públicamente con comunicados oficiales y un monólogo del presidente Broglia. La colaboración del club hacia las autoridades competentes ya fue reconocida y entre todos, supuestamente, van a encontrar a los autores materiales.

La foto en una de las sub-sedes de la institución de los “carpinteros” ya permitió pre-identificarlos, lo que seguramente otorgará un avance considerable en la investigación. En tanto, se espera todavía alguna voz oficial en AFA para conocer si el club puede ser sancionado por este polémico episodio.

A esta altura, los hechos son conocidos por todos y, seguramente, la gran mayoría de los hinchas de Central estará al tanto de los comunicados oficiales y la posibilidad de clausura del estadio. Sin embargo, la decisión de expulsar como socios a los autores, sin informar los nombres de los mismos y el nexo o colaboración inestimable de algún miembro de la dirigencia, entrega un marco de sospecha y confusión extrema.

La postura pública de Central es, hasta ahora, la políticamente correcta. Reunión con representantes del Ministerio de Seguridad antes del partido, sorpresa ante el hallazgo, comunicado en el entretiempo de la derrota con Godoy Cruz agradeciendo el accionar que evita una sanción mucho más severa y actitud de colaboración total para encontrar a los “malhechores”.

En los días posteriores, cuando el tema fue creciendo en la escena nacional y se filtraron las fotos de los “carpinteros”, salió un nuevo comunicado informando la expulsión de los mismos como socios, una investigación interna a los encargados de las subsedes y un nuevo agradecimiento a la provincia que impidió que los ataúdes sean exhibidos.

Pero esto no es suficiente, no alcanzan un par de párrafos coloquiales para explicar lo que pasó. Es innegable un vínculo, en mayor o menor escala, con algún miembro de la Comisión Directiva o empleado del club con responsabilidades importantes.

¡Metieron 4 ataúdes abajo de una tribuna antes del partido! ¡Y los construyeron y pintaron en el club! Con un sumario interno y la expulsión de esos socios pre-identificados no se resuelve este tema. ¿Cómo pueden ingresar con esos elementos y que nadie se dé cuenta? ¿En qué momento lo hicieron? ¿Quién era responsable del estadio cuando eso pasó y quién se encarga de la sub-sede que ofició de “carpintería”? ¿Qué dirigente estaba al tanto y avaló esta movida?

Y esta última pregunta es la más importante y deberá ser la más buscada. Un mínimo consenso o por lo menos una notificación de los “ataúdes” hacia una esfera superior tuvo que existir. No se concibe el desarrollo de un plan de este calibre sin por lo menos consultar a uno de los responsables de la institución.

Cabe destacar que este episodio se desarrolló en el marco de un clima político enrarecido, dentro de un año electoral y con algunos actores de la oposición que aprovecharon (o algo más) el “desliz” para tratar de sacar un rédito a futuro. Cuando el accionar es tan burdo y alevoso, no son necesarias mayores aclaraciones. Como tampoco vale la pena darle entidad a nefastos personajes que dicen ser periodistas pero lo único que hacen es incentivar la violencia y chicanear sin noción alguna a 300 km. de distancia.

Central quedó, una vez más, en el ojo de la tormenta. Mientras redactan los comunicados, ayudan y agradecen a la provincia y esperan alguna notificación de AFA, los dirigentes en privado deberán decidir que van a hacer para explicar este asunto. Lo realizado hasta ahora sirvió “para salir del paso”. Los verdaderos hinchas de Central merecen y tienen que exigir la historia completa, con todos los detalles y los nombres propios que por ahora se esconden.

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