Rumores de bares

QUESO RALLADO

Nadie sabe su verdadero nombre. Para todos es el Lito. Los compañeros de la primaria son los únicos que todavía lo llaman Rafael. Y nadie más. El Lito es un muchacho de barrio, al que le fue muy bien con el laminado de chapas y en poco tiempo, cambio de status.

Redacción Rosario Nuestro

jueves 14 de diciembre, 2017

Nadie sabe su verdadero nombre. Para todos es el Lito. Los compañeros de la primaria son los únicos que todavía lo llaman Rafael. Y nadie más. El Lito es un muchacho de barrio, al que le fue muy bien con el laminado de chapas y en poco tiempo, cambio de status.

Cuando volvió del primer viaje a Europa trajo el fanatismo por la paella. Iba seguido a La Marina y un día descubrió que, en un restaurante de la calle Paraguay, también la hacían, y le quedaba más cerca de su casa. Se alegró mucho cuando vio en el pizarrón verde que estaba en la puerta: “Martes y Jueves, Paella a la Valenciana”.

– Leandro, avísale a los muchachos que el jueves morfamos paella!

Eran siete amigos que pocas veces lo contradecían. A ellos les daba igual y el Lito, casi siempre, elegía la comida y el lugar. Fueron llegando y se sentaron en una mesa de la vidriera. Pidieron el vino, dos sodas, y Leandro se adelantó con la pregunta: .-¿Todos paella?

El mozo, un veterano de saco blanco y moño, les dijo: .-Con tres comen todos.
.- ¡Listoooo! dijo el gallego Caravantes, pedí tres.

Las trajo de a una, en paelleras negras, humeantes. Ya se habían tomado casi todo el vino, y le pidieron al mozo que las dejara porque se iban a servir ellos.

El Lito le había mirado una plaquita que el hombre tenía en la solapa y, sonriente le dijo: .- Rosales, traeme queso rallado.
.- Queso rallado no va con la paella, respondió el hombre, seguro.
.- ¿Como que no va?
.- No va. En la carta dice que con la paella no se sirve queso rallado.
.- Vos traeme el queso. Yo lo pago aparte. ¡A ustedes que les importa viejo!
.- Señor, aquí no permitimos que se le ponga queso a la paella. Dio media vuelta y se fue.

A todo esto, todos habían empezado a comer y elogiaban el gusto, el punto del arroz, los mariscos y la sal justa.

El Lito no tuvo más remedio que comer y se sumó a lo que decían los amigos.

.- ¡Está muy buena! Y no dijo más nada.

Volvió muchas veces, los domingos va con la familia, pero si es martes o jueves, lleva guardados en el bolsillo cuatro sobres de queso Reggianito, rallado.

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