Día del Animal

Perros de la plaza San Martín: un lugar de encuentro para mascotas y humanos

Crónica sobre un grupo no distingue de razas ni edades.

Redacción Rosario Nuestro

domingo 29 de abril, 2018

por Gina Benditti

Es jueves y las nubes oscuras amenazan con una lluvia torrencial. Sin embargo, la plaza San Martín, ubicada entre las calles Córdoba, Balcarce, Moreno y Santa Fe, se encuentra llena. Y en uno de sus bancos, se encuentran Cecilia y Adriana. Ambas asisten al grupo “Perros de la plaza San Martín”, un grupo de personas que se reúne todos los días junto a sus mascotas. Cecilia es dueña de Simona y Juana, dos Schnauzer; Adriana es dueña de Matilda, también de la misma raza.

“Perros de la Plaza San Martín” es el nombre de un grupo de personas que asisten con sus mascotas todos los días al lugar ubicado en el centro de la ciudad. La reunión empieza a las 17, no se distinguen ni edad, ni raza y se han llegado a juntar veinte perros. Las personas que asisten al grupo van desde los 25 a los 80 años.

El grupo nació, justamente, por los perros. Los dueños llevaban a sus mascotas, y entre charla y charla, se pactaron los horarios y ahí empezó todo. Se formó un grupo de amigos que se junta a comer asado y que festeja cumpleaños, tanto los de los dueños como de los perros. La idea de los festejos nació cuando la cocker de Cecilia, Camila, cumplió 15 años. Pusieron guirnaldas en el parque y decoraron, y todavía hoy, entre risas, recuerdan  cómo las miraba la gente al pasar.

En el grupo tienen miles de historias por contar buenas y malas, algunas graciosas y otras no tanto. Si hablamos de los cumpleaños, una de las anécdotas cuenta que un señor que vivía enfrente de la plaza tenía un perro callejero. Cuando el animal cumplía años, el dueño alquilaba un carrito de hamburguesas para los demás dueños y compraba caramelos y golosinas para los perros.

Al periodista muchas veces se le hace difícil no generar un vínculo con el entrevistado y ese fue mi caso. Si bien quienes contestaban mi pregunta no eran los perros, los mismos se acercaron a mí, primero para investigarme y después para pedirme un poco de cariño. La primera en acercarse fue Simona y después de olfatearme, volvió a jugar. Matilda, por su parte, tomó confianza más rápido y después del olfato, se quedó a pedir algunas caricias. Parecía que el ambiente estaba tranquilo, hasta que en un momento llegó India, en este caso, la cumpleañera, y todos salieron corriendo a recibirla.

El grupo funciona como terapia y como un lugar de contención. “Hay gente que está sola, no tiene familia o la tiene lejos. Mi familia vive en Pergamino y yo vengo con la perra acá, entonces los tomo como una especie de familia. La contención a veces es increíble, por ejemplo en el caso de gente que se le ha muerto una mascota y sigue viniendo”, señaló Cecilia. Los ejemplos se suman: cuando alguno de los dueños viaja o vacaciona, deja a su mascota con otro de los integrantes del grupo, asegurándose de que va a recibir el mismo cuidado que recibe normalmente.

Dentro de las historias difíciles de contar, se encuentra la de una de las integrantes del grupo que está sufriendo una enfermedad terminal. Le encargó su perro a uno de los chicos del grupo y que el perro la espera todos los días. “No es fácil, a veces se hace muy duro”, señaló Adriana. Y reafirmó el lazo del humano con su mascota: “Sabes que te esperan para que les des de comer, los saques a pasear o los bañes”. Desde el grupo creen que la chica que hoy se encuentra enferma se mantuvo mucho tiempo para cuidar a su perro.

La relación de perro – humano es incondicional. En el grupo había un señor que vivía en la calle y que iba al asistía con su perrita. El hombre falleció y la perra, unos días después murió de la tristeza. “Cuando mi papá estaba enfermo, mi perra había cambiado mucho su actitud, por eso me di cuenta que mi papá estaba empeorando”, comentó Cecilia.

Los perros siempre se adaptan. Los llevan desde que son muy chiquitos a la plaza y se acostumbran rapidísimo a los demás integrantes. Si bien las mascotas van todos los días, en ocasiones especiales llevan golosinas y caramelos. “Siempre traemos comida para nosotros”, dijeron entre risas. El mate es uno de los acompañantes infaltables de las tardes.

Los dueños de los perros toman las reuniones como un momento de desconexión, en donde no se piensa ni en el trabajo ni en los problemas que se tuvieron en el día. “Estás centrado en que el perro disfrute, más que nada porque están encerrados todo el día”, agregó Adriana. Cecilia a veces resigna algunas salidas porque sus mascotas pasan mucho tiempo solas. “Algunos piensan que estoy loca, que lo padezco, pero lo disfruto”.

Felipe es el perro anterior que tuvo Adriana, Matilda, un perra de la misma raza, llegó un tiempo después. “Es fuerte, ya pasó un año y todavía no puedo publicar una foto”, dijo con algunas lágrimas en los ojos y agregó “a Felipe lo mató otro perro”. Cuando el animal se fue, los amigos del grupo comenzaron a buscar una mascota. Lucas, el marido de Adriana, quería una perra que se llame Matilda, que terminó siendo igual de terrible que la protagonista de la película. Cuando comenzaron a buscar, encontraron en Córdoba una perrita con el nombre ya propuesto.  “Cuando la vimos dijimos, ya está, es ella”, finalizó Adriana.

“Los perros de la plaza San Martín” están todos los días a partir de las 17, en verano, debido al calor, llegan un poco más tarde. Algunas de las personas que van a la plaza se integran al grupo con el solo hecho de ver a los otros perros.

 

 

 

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