OPINIÓN

PASO 2021: otra ola amarilla, mujeres que pisan fuerte y la emergencia de nuevas figuras que parecían bizarras

Pasaron las primarias y un sinfín de datos se plantan en el abordaje de las identidades políticas locales, provinciales y nacionales. ¿Qué dijeron los electores en las urnas?


Pasaron las elecciones primarias del domingo 12 de septiembre y, aunque las ideas aparecen difusas en el afán de comprender el comportamiento de los electores, algunos datos se afianzan en el análisis del día después. Se votó en los 24 distritos del país y el abordaje de las identidades políticas locales, provinciales y nacionales merece un capítulo aparte. Vaya aquí un intento por desentrañar- arbitrariamente-tres fenómenos que dejó la apertura de las urnas.

El primero es el insoslayable triunfo de Juntos por el Cambio (JxC), que se impuso en las principales regiones argentinas, incluida Santa Fe. Una nueva ola amarilla sacudió el tablero político y se configuró como un claro mensaje contra el debilitado Gobierno del Frente de Todos (FdT). Las vacunas no alcanzaron, tampoco el IFE y los Repros.

La ciudadanía se hartó de la corruptela oficialista, que, en medio de la campaña, alcanzó su pico con la difusión de fotos y videos del cumpleaños de la primera dama, Fabiola Yáñez, en el marco de la cuarentena más estricta por la pandemia de coronavirus. La reprobación a las artimañas del FdT se tradujo en un contundente 38,29 por ciento de los votos a favor de la coalición opositora. Eso sí: la grieta sigue intacta. Atrás de los amarillos figuró el kirchnerismo con el 29,48 por ciento.

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De todas maneras, esta segunda ola- afortunadamente política y no sanitaria- en Santa Fe presenta una particularidad que sugiere al interior de JxC: los candidatos ganadores no contaban con el aval de los principales referentes nacionales del núcleo duro del partido, como Patricia Bullrich y Mauricio Macri. Ambos apoyaron al tercero cómodo en la interna de cuatro listas, Federico Angelini, que alcanzó cerca del 10 por ciento de los sufragios junto a Amalia Granata, otras de las que perdió peso electoral.

La nueva etapa amarella tiene cara de radical. Quedó demostrado con el triunfo del histórico Mario Barletta en Diputados, de la periodista identificada con la UCR, Carolina Losada y de la nada deleznable performance de Maximiliano Pullaro para el Senado.

El segundo dato sobresaliente de las primarias en la bota es el fortalecimiento de algunas mujeres. En el caso del Frente Amplio Progresista (FAP), el rol de Clara García, que aplastó al siempre perfil bajo Rubén Giustiniani en la categoría a senadores. Igual que su entrañable compañera de militancia Mónica Fein, que superó a Palo Oliver.

Las dos aspirantes de la nómina Adelante se robustecieron, salieron victoriosas con holgura y dejaron en claro que la que supo ser la coalición más fuerte de la provincia sigue en pie, ahora de la mano de las chicas.

Párrafo aparte para la colega Losada, que debutó en la arena política con una elección impecable, impulsada, tal vez, por su altísimo nivel de conocimiento, pero también por su cintura para acomodarse en el juego, que puede ser mucho más encarnizado para referentes de su género, edad, belleza y profesión.

Claro que lo de la imagen positiva vale también para el apuesto Ciro Seisas, que arrasó en el Concejo, dejando atrás a la ya golpeada Vero Irizar. Al ex De 12 a 14 le siguió el peronista y también cronista, Lisandro Cavatorta, que ganó ampliamente frente a la incansable militante, Norma López. Lo mismo vale para el otra vez triunfador Marcelo Lewandowski, el plato fuerte del gobernador Omar Perotti para la Cámara alta.

Nuevas figuras

El tercer fenómeno- o cuarto, si el lector cuenta el del periodismo en el escenario local- que se vio en las PASO fue la emergencia de figuras que hace unos meses  parecían bizarras, vinculadas al universo exclusivamente mediático. Hay que correrse ahora del mapa santafesino para situarse en los dos distritos más populosos del país: la Ciudad y la provincia de Buenos Aires.

En cuanto al segundo, fue llamativo el desempeño de la precandidata a diputada Cinthia Fernández, que si bien no alcanzó el piso del 1,5 por ciento requerido para salir a la cancha en las generales, logró que más de 90 mil almas la elijan para ocupar una banca en el Congreso y superó en cantidad de sufragios nada menos que al efervescente peronista Guillermo Moreno.

Durante toda la campaña, Cinthia se encargó de decir que carece de formación política, pensó que los términos legisladora y diputada eran antónimos y bailó en tanga en plena calle para cerrar la carrera a la Legislatura. Claro está, el problema no es la tanga- que le calzaba fantástica-, sino la escasez de herramientas para representar al pueblo en lugares de poder.

Por último, en CABA, La Libertad Avanza, encarnada por el excéntrico Javier Milei, se convirtió en la tercera fuerza más votada. El economista libertario aparecía hasta hace poco como un díscolo, que se peinaba raro, se paseaba por los canales de la televisión y destilaba odio hacia la dirigencia tradicional, a los "zurdos de mierda" y a las políticas asistencialistas del Estado para beneficiar a los sectores más vulnerables.

Sin embargo, los resultados electorales ubican a Milei como el referente de una nueva derecha pujante, que cosecha la adhesión de miles y miles de jóvenes. De hecho, lo acontecido con el hombre de los pelos locos remite a lo sucedido en Estados Unidos con Donald Trump, cuya popularidad creció a pasos agigantados por su participación en un reality show, algo que se dijo ya en varios ensayos y análisis periodísticos.

Las imitaciones de Trump proliferaron hasta el cansancio en los programas de TV, pero también sus ideas racistas, misóginas y xenófobas prendieron en una parte significativa de la población, incluso la que él mismo repudiaba. Señoras y señores, los seres humanos somos un cúmulo de contradicciones: Trump ganó la presidencia de la potencia más importante del mundo.

De acuerdo a datos oficiales, Milei fue el postulante más votado en la Villa 31 y en los barrios más humildes del sur de CABA. Los números obligan a los progresismos y a los sectores de centro a repensar liderazgos, a hacer un mea culpa y a tomar en serio a adversarios que aparentaban ser inofensivos y hasta simpáticos.

 

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