historia

La Selección del '74: desorganización, caos interno y la muerte de Perón


El mismo día de su muerte, en Metzkausen, a 16 kilómetros de Düsseldorf, Alemania, una foto del general Juan Perón, iluminada por un candil, reposaba en un improvisado altar del lobby de un hotel. Estaba rodeada de rosas y orquídeas.

Algunos futbolistas, con lágrimas, permanecían en silencio junto a ella.

La bandera argentina en el frente del hotel estaba izada a media asta.

Era el lunes 1° de julio de 1974.

La noticia de la muerte de Perón había llegado a la concentración argentina. Faltaban dos días para que la Selección disputara su último partido en la Copa del Mundo de 1974. La sucesión de derrotas en la segunda fase -0-4 contra Holanda, 1-2 contra Brasil- la había dejado sin chances. Pero restaba cumplir el último compromiso contra Alemania Oriental, que también había sido eliminada. Una delegación de ese país se acercó a dar el pésame a los jugadores en el hotel. Y se recibían condolencias por telegramas de distintas Selecciones.

Pocas horas después, cuando los jugadores honraban la memoria del General en la misa oficiada en la iglesia San Lambertus, en Mettmann, a pocos kilómetros del hotel, ya circulaba la idea de que no se presentarían a jugar.

Esta posibilidad se reafirmó cuando se conoció la noticia de que los dirigentes de la AFA que presidían la delegación estaban aprontando sus valijas para emprender el regreso a Buenos Aires para participar de los funerales de Perón.

El Gobierno había decretado tres días de duelo. Y en forma inmediata la televisión argentina suspendió las emisiones vía satélite del Mundial.

Paulino Niembro, dirigente de Nueva Chicago y de la AFA, anticipó al titular de la FIFA Stanley Rous que Argentina estaba de luto y la Selección abandonaba el Mundial.

Parecía una reacción comprensible. Incluso para los jugadores, el partido no debía jugarse. Con el país en duelo, paralizado, y huérfano de su líder histórico, parecía una desconsideración participar de una competencia deportiva.

El partido estaba previsto para el miércoles 3 de julio. Coincidía con el día de la inhumación del General Perón.

El plantel acordó la redacción de un comunicado para explicarle la decisión a la FIFA. Lo firmó también el técnico Vladislao Cap.

"Ante la congoja total que nos aflige a todos los integrantes de esta delegación por la irreparable pérdida de nuestro Presidente Juan Domingo Perón, nosotros, los jugadores, sentimos en este momento la obligación de expresar nuestro estado de ánimo. En esta situación, anímicamente consideramos que es imposible competir, y así se lo hemos hecho saber a los señores directivos. Ante el compromiso que tiene nuestro país en esta Copa Mundial no nos cabe otra alternativa que ajustarnos a las disposiciones reglamentarias, pero las mismas no pueden disimular nuestro profundo pesar por el momento que vivimos nosotros y todo el pueblo argentino".

La muerte de Perón conmovió a todos los jugadores.

Era una generación que crecido con primer peronismo, con la imagen de Perón y Eva, la entrega de pelotas y bicicletas para los niños, los Campeonatos de Fútbol Infantil Eva Perón como parte de una política social para los más humildes. Muchos de ellos se sentían peronistas desde la cuna.

El Perón de los años '70 también estaba cercano en su corazón. Algunos futbolistas habían firmado una solicitada a favor de su regreso definitivo al país. Incluso el técnico de la Selección, Enrique Omar Sívori, que precedió a Cap, visitó al General con algunos jugadores de Selección en su residencia de Puerta de Hierro, España.

La Selección que había llegado a Alemania sumergida en la desorganización ahora tenía apuro por irse.

Por tristeza.

Genealogía del caos

Entonces, y desde hacía muchos años, en la AFA había una dispersión de mando. La debacle en las eliminatorias para el Mundial de México '70, también había arrastrado a los jugadores. Durante un tiempo, aquellos que habían participado de la Selección del '69 fueron silbados por las dos hinchadas cuando jugaban los partidos del campeonato local.

La Selección argentina era un estigma.

La falta de mando, de organización y de competencia hacía que la camiseta nacional fuera poco atractiva para los jugadores. Incluso preferían que no los convocaran.

Aún así, Sívori se hizo cargo de la Selección en 1972 y la condujo hasta una posición expectante en las Eliminatorias del Mundial de Alemania.

Pero faltaba un partido clave contra Bolivia, en La Paz.

Para ese partido decisivo Sívori delegó a su ayudante Miguel Ignomiriello el armado de un equipo alternativo para que permaneciera en la altura para una justa aclimatación.

Ignomiriello armó un grupo y los entrenó durante 75 días en distintas altitudes.

Antes de llegar a La Paz, el grupo -luego conocido como "Selección Fantasma", entrenó y jugó partidos en distintas localidades de Jujuy, Perú e incluso Costa Rica.

La Selección alternativa no contó con transporte, hospedaje ni alimentación adecuada. Los jugadores estaban aislados, con dificultades en la comunicación y el dinero no les sobraba.

La AFA sólo había pagado los pasajes de avión hasta San Salvador de Jujuy.

El plantel se vio obligado a jugar amistosos para recaudar fondos y continuar una expedición que en forma progresiva iba escalando en metros de altura para su adaptación a los 3650 metros de La Paz.

El grupo se sentía en el desamparo, abandonado a su suerte. Sólo los acompañaba un empleado de AFA.

En el grupo había jugadores de peso en el fútbol local: Ricardo Bochini, Marcelo Trobbiani, Aldo Pedro Poy, Jorge Troncoso, Rubén Galván, Mario Kempes, Ubaldo Fillol, Rubén Glaría…

Para la mayoría de ellos la Selección era una novedad.

Las dificultades a la adaptación al mal de altura, además los obstáculos que se desencadenaban en la vida cotidiana de la travesía, hizo que algunos jugadores –precisamente Reynaldo Merlo y Juan José López- desistieran de la Selección y retornaran a Buenos Aires.

Mientras tanto, en forma simultánea, la Selección "A" de Sívori había iniciado una gira por Europa. Conocido el mal rato que atravesaban sus compañeros, los jugadores del grupo "A" gestionaron el envío de carne argentina a Perú, pero la gestión se perdió en el camino.

Finalmente llegó el día de enfrentar a Bolivia en La Paz. Fue el 23 de septiembre de 1973. Sívori llegó el día anterior con sus jugadores que acababan de regresar de la gira, entre ellos Miguel Brindisi, Enrique Wolff, Daniel Carnevali, Ángel Bargas, Rubén Telch y Rubén Ayala. Luego de algunos tironeos en el hotel Copacabana entre los técnicos de las dos selecciones, Sívori decidió que estos últimos cuatro fueron titulares, para disgusto de Ignomiriello y el desconcierto de otros jugadores que habían soportado hospedajes modestos y caminos de tierra en el trasiego expedicionario. Uno de los más afectados fue Ubaldo Fillol, titular de la "Selección Fantasma", que dejó su puesto a Daniel Carnevali.

"Hasta ese momento, nosotros estábamos convencidos de que el partido contra Bolivia iba a ser nuestra gran oportunidad para mostrarnos —contó Fillol en su libro El Pato, mi autobiografía—. Pero ahí estaban los de la mayor, fresquitos y experimentados, entrando al hotel, para nadie sabía bien qué. Nosotros veníamos de la Guerra de Vietnam, de comer raíces. Ellos venían de Mallorca. Entre los jugadores que llegaron a La Paz estaba Daniel Carnevalli, que, hay que decirlo, andaba muy bien. Sin embargo, nunca se me había cruzado por la cabeza quedarme fuera del partido con el que había estado soñando durante todas esas semanas. Cuando finalmente Sívori dio la lista y no me nombró, sentí una tristeza enorme. Me mandaron al banco. Habíamos sido engañados. Esa selección fantasma fue armada exclusivamente para eso, como quien diseña un robot para un objetivo específico. Nos habíamos matado en la adaptación, sufriendo todo lo que sufrimos, con el fin de llegar al partido, ganarlo y clasificar al Mundial. Habíamos sido como autómatas que solo pensaban en ese partido. ¿En serio me estaban dejando afuera? El robot salió a escena sin mí. Y cuando terminó el partido se autodestruyó. Vi todo el partido desde el banco de suplentes".

Ese día, la victoria por 1 a 0 (con gol del sanjuanino Oscar Fornari, que disputó su único partido en la Selección) abrió el camino a la Copa del Mundo '74. En La Paz, ese día debutaron Bochini, Kempes y Trobbiani. Después Argentina salteó el último escollo –venció a Paraguay de local- y clasificó para Alemania '74.

Pero Sívori, seis meses antes del Mundial, renunció al cargo. Sus diferencias con los dirigentes eran insostenibles y quedaron expuestas en el festejo final. La AFA organizó una cena de celebración por la clasificación en el Automóvil Club Argentino, y los jugadores fueron a una comida en la casa de Sívori.

El técnico Vladislao Cap, que venía de dirigir en Deportivo Cali, y quedó al frente de la Selección. Cap no estaba muy actualizado de los jugadores del fútbol local, pero se pensó que ese déficit podría atenuarse con la incorporación de Víctor Rodríguez como ayudante y José Varacka como coordinador de la Selección.

Los malos resultados contra combinados locales del interior del país y la falta de organización –los últimos entrenamientos antes de la gira europea previa al Mundial se realizaron en el Campo Argentino de Polo-, redujeron las expectativas.

En Europa, a menos de 40 días del Mundial, jugaron seis amistosos con suerte dispar. Pero el 1-4 contra Holanda en Amsterdam les permitió observar el poderío del equipo de Cruyff.

Durante la gira la desorganización se profundizó. No sólo porque las indicaciones de Cap a menudo chocaban con las de Rodríguez y Varacka, sino porque en cada país que recorrían se iban sumando futbolistas que jugaban en el exterior, lo cual creaba mayor incertidumbre sobre la conformación del equipo más o menos definido.

La logística de entrenamiento tampoco estaba aceitada: antes del debut no consiguieron cancha y terminaron jugando en un "potrero" con los arcos marcados con ropa.

La Selección llega al Mundial

Aún así, Argentina superó la primera ronda de Alemania '74. Se perdió contra Polonia (2-3), se alcanzó un empate con Italia (1-1) y al final una victoria contra Haití (4 a 1) permitió el acceso a la segunda fase por diferencia de gol.

Sin embargo, el ya mítico 0-4 contra Holanda y la posterior derrota contra Brasil (1-2), dejaron a la Argentina fuera del Mundial.

Faltaba completar el último partido contra Alemania Oriental, cuando se conoció la muerte de Perón.

El martes 2, después de la misa, los jugadores hicieron público el comunicado que explicaba su voluntad de no jugar y luego se intentó postergar el partido hasta que terminara el duelo nacional.

La FIFA entendió el dolor, pero argumentó que ya habían sido vendidas 50 mil entradas.

"Fue un partido muy difícil. Nosotros no queríamos jugarlo —afirmó Miguel Brindisi en el programa "Partidos Mundiales", de TV Pública—. La muerte de Perón nos golpeó mucho desde lo anímico. Y también lo veíamos como irrespetuoso jugar mientras el país velaba al Presidente. La mañana que muere el General Perón, teníamos la mañana libre, habíamos ido a comprar botines, ropa deportiva… y vimos la bandera a media asta… sabíamos que Perón estaba grave… no estaban los dirigentes, se volvían para el país. Quedamos solos en el hotel, no sabíamos que hacer, nos reunimos y decidimos no jugar. Cuando se empieza a correr la voz de que no nos íbamos a presentar por una cuestión de respeto, nos informan que podían suspender a Argentina por dos mundiales… hasta que nos comunicamos a presidencia, con las autoridades del país, y ellos autorizaron a jugar. Fue muy difícil jugarlo. Estaba todo el mundo muy consternado".

Si Argentina no se presentaba se aplicaría una multa de 600.000 dólares y el país perdería su condición de sede de la undécima Copa del Mundo en 1978. Los jugadores aceptaron jugar.

Cap propuso el cambio del arquero Carnevali por el suplente Santoro, pero éste se negó a jugar porque estaba falta de ritmo –no había jugado en toda la gira previa-, y Fillol debutó por primera vez en la titularidad del arco argentino, que mantendría en los dos mundiales siguientes.

El 3 de julio, a las 15.30, una tarde de llovizna y frío, Argentina jugó contra Alemania Oriental en Parkstadion de Gelsenkirchen. Los jugadores usaron un brazalete negro.

A los 10 minutos de juego el árbitro ordenó un minuto de silencio, que en realidad fueron 20 segundos, en homenaje a Perón.

Enseguida vino el gol de Alemania.

Diez minutos después, tras un pase de Kempes, Houseman empató el partido con un tiro a la carrera y lo festejó con un grito de "Viva Perón…", un grito que unía a todos los jugadores de la Selección.

FUENTE: INFOBAE

x
Paladini flotante