violencia

La sangre se esconde tras los boulevares

Los fuertes contrastes de una ciudad partida.

Por Agustin Shcoler

lunes 18 de diciembre, 2017

Policía

Foto: Franco Trovato Fuoco

El fin de semana rosarino dejó una larga lista de hechos violentos. Trabajadores baleados durante su jornada laboral, vecinos acribillados en la puerta de su casa; una niña con un tiro en cada pierna al quedar en medio de una balacera o un muchacho agredido a escopetazos para sacarle una bicicleta. Pasó este fin de semana. Pasa todos los fines de semana. Las víctimas no suelen compartir características. Algunas son taxistas, otras desocupadas, otros amas de casa y otras niños en edad primaria. Pero hay algo que une a la gran mayoría de las personas afectadas por la violencia del Gran Rosario: viven fuera de las coquetas avenidas céntricas.

El viernes, mientras caía la noche, Matías González fue asesinado en Calle 2126 al 7000, en barrio Tío Rolo de la zona sur de la ciudad. El joven circulaba en su moto cuando fue sorprendido por un mar de balas que era gatillado por dos hombres. Siete plomos calibre 9 milímetros se encrustaron en su cuerpo y lo mataron en el acto. Hasta el momento los investigadores del Ministerio Público de la Acusación no pudieron individualizar a los homicidas.

Minutos después en zona oeste una taxista de 55 años fue baleada. Ocurrió en la esquina de Wiesenthal y Pascual Rosas, en el barrio de Bella Vista. Allí la víctima recibió un tiro que le atravesó el pómulo de lado a lado y salvó su vida de milagro.  Hasta el momento no se conocen las identidades de sus agresores.

Casi a la misma hora en Tarragona y Jorge Newbery, en barrio 7 de Septiembre, un hombre que circulaba en una bicicleta recibió varias perdigonadas en sus piernas de parte de un, hasta ahora, desconocido.  Según aseguró la víctima, pretendía robarle su vehículo a escopetazos.

Anoche un vecino de Villa Gobernador Gálvez fue asesinado y una nena de 9 años fue baleada al quedar en medio del mismo tiroteo. Ocurrió en calle Cervantes al 300. Claudio Méndez recibió múltiples impactos en el pecho y los brazos, heridas por las que fue internado en el Heca y murió a poco de ser ingresado. La niña herida recibió plomos en las dos piernas. Su cuadro clínico fue estabilizado y quedó internada en el hospital Roque Saenz Peña, fuera de peligro. Según los vecinos de la zona, los agresores fueron dos muchachos que huyeron poco después de disparar, sin ser identificados.

El último de los hechos violentos del fin de semana tuvo lugar en el McDonald´s de Jorge Cura y Boulevard Oroño. Allí un hombre ingresó con un arma de fuego a increpar a uno de los clientes —con quien había tenido una discusión previa—, disparó dos tiros dentro del local sin lesionar a nadie y se llevó el celular de una de las clientas. Con la casa de comidas llena de cámaras y testigos, el pistolero por el momento no fue localizado.

Lo que ocurrió este fin de semana en las periferias rosarinas es una constante. Sobran las armas y faltan las respuestas. La gente de los barrios apartados sufre de la inseguridad  en su forma más cruda y las disputas entre vecinos se resuelven a sangre y plomo.

En Rosario la violencia es moneda corriente. Está presente en todas las esferas de la sociedad y a ningún vecino le es agena. Pero, ¿estos hechos tendrían más repercusión política si ocurrieran dentro de los boulevares?

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