OPINIÓN

La noche que me quieras

miércoles 16 de mayo, 2018

La dupla autoral tanguera que conformaron Carlos Gardel y Alfredo Lepera fue por mucho la más exitosa y con mayor llegada en el público hispano parlante. De Gardel se ha escrito mucho y de Le Pera casi nada, por eso intentaremos en estas notas aportar algo sobre su importante contribución a la estructura de la letra tanguera.

Ninguno de los dos era argentino. Gardel era francés nacido en Toulusse el 11 de diciembre de 1890 y Le Pera era brasileño nacido en San Pablo el 4 de junio de 1902, hijo de una familia de emigrantes italianos que recalaron en tierra paulista con intención de establecerse allí. Pero el temor a la peste amarilla hizo que finalmente los Le Pera se vinieran a vivir a Buenos Aires. Alfredo era un muchacho culto de buen hablar y rápidamente encontró trabajo, siendo aún adolescente, en el periodismo. Se enamora perdidamente de una mujer, Aida Martínez, que era una corista-vedette o bataclana en teatros de revista, con una salud muy frágil (tisis) y escasas virtudes artísticas.

El año 1930 marca la primera aproximación de Alfredo con el tango ya que coinciden en una misma embajada artística Tania, que era perseguida sentimentalmente por Discepolín, y Aída, quienes actuaban juntas en la misma compañía vodevilesca. Enrique Santos Discépolo es inspirado por el tañir de las campanas de la Iglesia vecina al hotel donde se alojaban ambos poetas y escribe su hermoso “Carillón de la Merced” que invita a firmar también a Le Pera, quien no se rehúsa a compartir la autoría del tango.

Dispuesto a encontrarle una cura a la dolencia cruenta lleva el joven Alfredo a Aida Martínez a una clínica en los Alpes suizos que trataban estas afecciones,  ayudando a soportar los cuantiosas gastos que todo esto demandaba con  su perfecto manejo de lenguas extranjeras que le permitían traducir al español diversas producciones fílmicas . Pero toda esta onerosa terapia fracasa y finalmente Aida muere en sus brazos en  tierras europeas. Le Pera ya había encontrado trabajo como subtitulador de películas norteamericanas de ArtistUnited y en Francia se conecta para idéntico trabajo con la Paramount que ha alquilado los talleres de Pathé, en Joinville, sobre el río Marne, y donde Gardel está tratando infructuosamente de abrirse paso en el cine sonoro, tarea que le resulta particularmente inhóspita y donde nadie le tiende una mano

Allí en Joinville y en largas charlas a orillas del Marne e internándose en la deliciosa isla de Fanac, es que ambos elucubran la mayor parte de las canciones que escriben y de los argumentos de los filmes. La estadía es cortísima, apenas tres meses desde septiembre hasta noviembre de 1932, raquítica en tiempo pero riquísima por la alta calidad de la producción autoral alcanzada por quienes hasta hacía pocos días no se conocían y ahora visto a la distancia pareciera que hubieran tenido un trato casi de hermanos.

Allí nacerán las ideas para los filmes “Esperame”, “La casa es seria” y “Melodía de arrabal”. Y es allí mismo donde en la actualidad todavía se conservan a orillas del Marne los viejos galpones donde Gardel grabó los tres filmes mencionados y reciben tanto el zorzal como el poeta la colaboración esporádica en algunas canciones de Mario Battistella y Horacio Pettorossi. Entre otros cantares, nacerán “Por tus ojos negros”, “Me dá pena confesarlo”,  “Estudiante”, “Recuerdo malevo”, “Silencio” y “Melodía de arrabal”.

En 1933 Gardel se dedica exclusivamente a grabar y a presentaciones en radios y teatros de nuestro país. A Rosario la visita para actuar en el actual cine Teatro Broadway de calle San Lorenzo los días 21, 22 y 23 de abril. Salvo alguna aparición esporádica en el Uruguay en septiembre y octubre, nunca se aleja demasiado de su Buenos Aires, la ciudad que tanto amaba y a la que él llamaba “La Reina del Plata”. El 7 de noviembre de 1933 Carlos Gardel se embarca en el “Conte Biancamanno”, sin saber que jamás volvería a pisar  tierra porteña, rumbo a Barcelona. Y tras una fugaz estadía en París marcha raudo a visitar a su madre y familiares en Toulusse, ciudad donde había nacido y donde tenía sus afectos mas íntimos.

Los años 34 y 35 son los últimos de la producción autoral de Gardel y Le Pera en los Estados Unidos, donde dan a conocer los filmes “Cuesta abajo” y “El tango en Broadway” en 1934 , y “El día que me quieras” y “Tango bar” en 1935. También aparece Gardel cantando dos canciones en el magazine musical de la Paramount con todas sus figuras titulado “Cazadores de estrellas”. Fruto de este trabajo neoyorkino las canciones que alcanzan mayor perdurabilidad en el tiempo son “Cuesta abajo”, “Amores de estudiante”, “Mi Buenos Aires querido”, “Rubias de New York”, “Golondrinas”, “Soledad”, “Amargura”, “Sus ojos se cerraron”, “El día que me quieras”,  “Volver”, “Arrabal amargo”, “Lejana tierra mía” y “Por una cabeza”. Todas las canciones que crean tan magnos compositores son grabadas en los Estados Unidos, y con la única excepción de “Volvió una noche” , todas son incluídas en alguno de los filmes mencionados. El accidente de Medellín en junio de 1935 determinó fatalmente que se acabó lo que se daba .

Ninguna dupla autoral nacional llegó tan lejos ni a tanta gente como Carlos Gardel y Alfredo Le Pera. Si por los frutos los conoceréis no está demás señalar que la magnífica producción alcanzada se logró con menos de treinta meses de rigurosa labor en común. ¿Cuál fue el secreto del éxito? Dijo Aníbal Troilo que ambos forjaron una trampa portentosa: habían conservado lo nuestro en un ambiente completamente extraño.

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