La importancia del lavado en frutas y verduras


En algún momento, es probable que hayas ido a una verdulería, feria o mercado y sentiste el deseo de comer una fruta directamente (“de la góndola a tu boca”). Probablemente pensaste que no existía riesgo alguno. Pero consumir una fruta o verdura sin lavarla previamente no es aconsejable.

Veamos por qué.

De acuerdo con el Consejo Argentino sobre Seguridad de Alimentos y Nutrición Las frutas y verduras son susceptibles a tener residuos de tierra, insectos, microorganismos dañinos (patógenos), entre otros contaminantes. Los patógenos pueden provenir del estiércol utilizado como fertilizante en algunos cultivos orgánicos, del agua residual, del contacto con animales e insectos y del transporte desde el campo hasta los comercios y los hogares. También se pueden contaminar durante la recolección, el procesamiento, el transporte y la preparación a través del aire o el contacto con diferentes superficies y con las manos.

Además, las frutas y verduras se producen utilizando productos fitosanitarios, con el fin de minimizar o evitar el daño que las plagas les causan a los cultivos. Estos productos pueden ser sintéticos, derivados naturales, minerales o biológicos y se usan tanto en producción convencional como orgánica. Si bien los residuos de los productos fitosanitarios suelen estar presentes en cantidades mínimas que no representan un problema para la salud, se puede eliminar o minimizar su presencia al lavarlas.

¿Cómo lavar las frutas y verduras?

Frotar las frutas y verduras bajo un chorro de agua potable con las manos limpias o con un cepillo limpio y eliminar la suciedad visible. De lo contrario, se las puede remojar en una mezcla de agua potable y un poco de bicarbonato de sodio durante unos minutos. No es aconsejable usar detergente o jabón para lavar los alimentos, ya que no se ha demostrado que estas sustancias sean más efectivas que el agua potable.

Otros consejos:

– Lavar las manos antes de manipular alimentos.

– Desechar las hojas exteriores de los vegetales de hoja, como la lechuga y el repollo.

– Secar las frutas y verduras lavadas con una toalla de papel o una toalla de tela limpia.

– Consumir inmediatamente los alimentos que se pelan o cortan, porque una vez cortados comienzan a perder color y agua y, por lo tanto, empiezan a descomponerse. Además, si no se consumen en un corto período de tiempo, pueden aparecer microorganismos que pueden afectar la salud.