ENTREVISTA

La Fórmula del clown: entre el teatro y la ciencia

Fausto Ansaldi es hijo de un emblema del espectáculo infantil local: Piripincho. Hace más de 20 años vive en Europa donde desarrolló un método para ser payaso, que según él es aplicable a otros terrenos.

Por Eugenia Ludmer

sábado 20 de enero, 2018

Fausto Ansaldi se presenta el sábado.

Foto: Prensa Fausto Ansaldi.

“Es fácil subirse al escenario, lo difícil es bajar”, dice Fausto Ansaldi en un tono sereno. Fausto es actor, docente y creador de La Fórmula del clown, un método teatral que desarrolló con rigurosidad científica, y que, según él, puede aplicarse no sólo en el escenario, sino en otros ámbitos de la vida. La técnica se basa en la sencilla- pero no menos compleja- tarea de ser uno mismo. La Fórmula del clown es también el nombre del espectáculo que presentará este sábado 20 de enero a las 21:30 horas en un casa entrañable para él: el Caras y Caretas. Es que allí transcurrió parte de su infancia. Fausto es hijo de un emblema del espectáculo infantil local: Héctor Ansaldi, más conocido como Piripincho.

Los que vivieron en la ciudad en los ’80 y ’90 recuerdan a Piripincho como un payaso, pero no como a uno convencional. Piripincho no usaba nariz de payaso. Se enfundaba en un traje de ropa de niño, se pintaba unas pecas, se ponía zapatos enormes y dos paletas de dientes, que parecían chicles. Interpelaba al público, que siempre participaba de sus shows. A Fausto lo capturó el oficio paterno desde que tiene conciencia. En diálogo con Rosario Nuestro, cuenta los pormenores de esa inevitable influencia; algunos pasajes de su niñez teatral de pura cepa y su decisión de emigrar a España, tierra que lo abraza desde hace más de dos décadas. Y claro, también relata y se extiende en los detalles sobre el método de su autoría.

Cuesta vincular la ciencia con el teatro. Dos mundos, a priori, con lenguajes muy dispares. Sin embargo, Fausto logró unirlos a partir del trabajo con siete elementos, que develará sobre tablas. Bajo la minuciosidad propia del laboratorio, elaboró su técnica hace siete años: “A partir de prueba y error, de la experimentación, de formular una hipótesis y llegar a una tesis”. Según sus palabras, “existe una ‘molécula clown’, que todos tenemos y se activa a partir de estos siete elementos. Yo tengo 150 alumnos y ellos me sirvieron de conejillos de indias, algo que siempre les decía”. El docente, hace hincapié en la expresividad como piedra basal de lo que empezó como un proyecto. “Esa es la diferencia entre el clown y otras técnicas donde construís personajes: con el clown se trabaja sobre uno mismo”, ilustra y enfatiza que el procedimiento está dirigido no sólo a los teatreros sino a cualquier persona.

Acerca de la indudable influencia paterna, explica: “Fue influencia y también referencia”. Y enseguida se remonta a las épocas en que su abuela estaba en la boletería y su papá, en escena. Dice haber sentido magnetismo, deseo y curiosidad por subirse a las tablas desde que tiene memoria, lo que concretó con apenas 5 años. “Encontré ese tesoro hermoso que es la expresividad. Lograba ser yo mismo en el escenario”, explica para extender su cosmovisión del clown.

La sed por emprender nuevos rumbos y cumplir más sueños lo impulsó a viajar. Fue así que se radicó en Madrid, ciudad donde vive desde hace más de 20 años. “Allá hay otro ritmo. Acá estamos todos más acelerados”, compara.

Sin embargo, estar en su ciudad natal y presentar aquí su arte, le genera una adrenalina de otro plano. Espera la noche del sábado en el Caras y Caretas con entusiasmo. “No hay nada como actuar en casa”, cierra y se despide.

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