Julio Sosa, el último café


Por Vicente Luis Cuñado, abogado y periodista.

A comienzos de los años sesenta el tango venía despeñándose de modo incontenible en caída libre. Cuesta abajo en su rodada el dos por cuatro languidecía y poco era lo que podían rescatar los  profesionales del ritmo ciudadano. Es entonces que Horacio Salgán disuelve su orquesta y Aníbal Troilo transforma la suya en el cuarteto Troilo-Grela. A los ponchazos sobreviven D’Arienzo, Pugliese y Alfredo De Angelis. El comerciante colombiano Ricardo Mejía es puesto al frente de la sucursal local de la empresa grabadora R.C.A Víctor y en una noche piromaníaca se convierte en un Nerón redivivo y quema todos los archivos tangueros. Adiós para piezas antológicas de la década dorada del tango de esa grabadora multinacional. Al mismo tiempo pone en marcha Mejía un programa primero en canal 11 y luego en canal 13 con gran suceso llamado “Ritmo y juventud” que cuenta como figuras  nuevas a Johnny Tedesco, Jolly Land, Violeta Rivas, Raúl Lavié, Lalo Fransen, Nicky Jones y sobresaliendo entre todos coloca a Palito Ortega en un movimiento que se conoce vulgarmente como “nueva ola”.

El rock importado que llega con Bill Halley no respeta fronteras generacionales y al poco tiempo nace el rock nacional con “La balsa” y “Los gatos” (mayo de 1967). Es en medio de este panorama tan aciago para el ritmo ciudadano que la firma Odol organiza un concurso de diversos géneros musicales, entre ellos el tango. El certamen lo gana “El último café” interpretado por Raúl Lavié, quien pasa sin solución de continuidad a ser cantor de Héctor Varela a fines de los cincuenta, luego al programa nueva olero de Mejía y así recala en el certamen concursal televisivo a cantar  este hermoso tango que es fruto de la inspiración musical de Héctor Stamponi y la musa poética de Cátulo Castillo. Lo estrenan simultáneamente a fines de 1963 Héctor Varela con Ernesto Herrera, José Basso con Jorge Durán y Julio Sosa con Leopoldo Federico en la que sería por mucho la más exitosa de todas las versiones, y posiblemente el último éxito popular logrado por el tango. Esta no es la única canción que escriben juntos Stamponi y Catulin, los que dieron a conocer “Perdóname”, “Canción de Ave María”, “Aquí nomas”, “El trompo azul y “Ventanal”, obviamente todos ellas lejos del suceso que significó en su hora “El último café”. Lo graban posteriormente grandes voces del género como Roberto Goyeneche con Baffa-Berlinghieri y Jorge Maciel con el Sexteto Tango. Nada ni nadie se aproxima al contacto popular que logra Julio Sosa en un momento tan necesario para la subsistencia del tango. Inmediatamente el cantor oriental lo incorpora a la rutina de todas sus presentaciones en vivo, radiales y televisivas.

El 24 de noviembre de1964 al marcharse de la cantina del Abasto donde le hacían la despedida de soltero a Oscar Montalban, presentador de la orquesta de Leopoldo Federico, Julio Sosa tomaba su café sin saber que iba a ser el último. Antes de la medianoche hacía trizas su DKW Auto Unión Sport color rojo en una empalizada de Figueroa Alcorta y Mariscal Castilla. Allí agonizaban los últimos momentos de gloria de quien fuera una figura tan importante del único género musical que aún nos identifica a los argentinos en todo el mundo.

 

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Paladini flotante