¡Me casé con un loco!

FUE UN RÉCORD MUNDIAL

La señora no lo podía creer.  -Otra vez Luis?!?! -, gritó enojada.  Su esposo, destacado abogado del foro local, periodista y escritor, se disponía a ver nuevamente "Yo no se que me han hecho tus ojos"...

Por Rosario Nuestro

sábado 6 de enero, 2018

La señora no lo podía creer. 

-Otra vez Luis?!?! -, gritó enojada. 

Su esposo, destacado abogado del foro local, periodista y escritor, se disponía a ver nuevamente “Yo no se que me han hecho tus ojos”, el documental que relata la vida de la cantante Ada Falcón y su increíble desaparición de la escena pública en el pico de la fama.

Ya había superado las 30 veces y nada indicaba que tuviera la intención de dejar de verla.

– ¡Me casé con un loco! -, siguió gritando la mujer. La situación, singular, sin antecedentes conocidos, era incomprensible.

El doctor accionó el control y, cuando empezó a sonar la orquesta de Francisco Canaro marcando el comienzo de la película, sonó el portazo de la habitación. 

María Rosa se encerró como acto de protesta, pero fue inútil. El hombre siguió atento al relato, como la primera vez. Si hasta se emocionó en la misma parte de siempre, cuando encuentran a la cantante en un convento de monjas en Córdoba. Prestó atención a las respuestas que por años nadie pudo escuchar y casi aplaude cuando los títulos anunciaron el final.

El brillante trabajo de investigación, la revelación de los motivos de su ostracismo, la descripción de la personalidad de Canaro y la musicalización con los tangos cantados por la estrella, daban para verla más de una vez. Jamás más de 30.

Lo que nadie supo hasta hace poco fue el motivo que llevó al brillante profesional a tamaño sacrificio.

En el primer partido de un campeonato Luis realizó una promesa íntima: .-Si gana Central, esta noche veo “Yo no se que me han hecho tus ojos”. Y Central ganó. 

Desde allí, en cada partido, repitió la ceremonia. El equipo de sus amores acumulaba triunfos, y él se convirtió en un espectador recurrente: .- Si no la veo, perdemos la próxima, pensaba. Y la volvía a ver.

Jamás se lo dijo a María Rosa, fanatica de NOB, ni a ningún amigo, por miedo al ridículo. 

Hace poco se animó a contarlo, porque ya no hace promesas por el fútbol. 

Los tiempos cambiaron. Ahora, cuando escucha una grabación de Ada Falcón, en la cara se le dibuja una sonrisa.

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