Explosión de Cofco

El pibe herido en su primer día de trabajo

El muchacho pelea por su vida en la sala de cuidados intensivos del Sanatorio Británico.

Por Agustin Shcoler

jueves 28 de diciembre, 2017

Martín, hermano de Catriel.

Foto: Franco Trovato Fuoco

Catriel Tobares tiene 21 años y se crió en el seno de una familia tuerca de San Lorenzo. Siguió la tradición de su viejo y sus tíos y desde muy joven se gana la vida sentado frente al volante. “A nosotros no nos interesan los equipos de fútbol ni nada de eso. Somos de los motores, de todos los motores”, contó su hermano Martín a RosarioNuestro hoy al medio día en la puerta del Sanatorio Británico. Catriel está internado allí, en la sala de cuidados intensivos, porque ayer al mediodía quedó en medio de la explosión de la cerealera de San Lorenzo.

“Él estaba con su camión, segundo en la fila de carga, cuando reventó todo. Quedó tirado en el piso y aspiró mucho humo. Lo rescataron los médicos, pero ya tenía lesiones complejas”, explicó una de sus tías. El muchacho tiene el 30% de su cuerpo con quemaduras y los médicos del sanatorio lo mantienen en coma farmacológico, con pronóstico reservado.

Era el primer día de laburo de Catriel. Ya había manejado camiones para diferentes empresas y estaba contento de poder trabajar en un lugar grande, que le iba a permitir tener cierta estabilidad económica. Tal vez pensaba cambiar su vehículo por uno con un motor más grande o más aerodinámico. “Él es el loco de los autos. Solo piensa en eso”, aseguraron sus familiares.

Los médicos del Británico señalaron que el hecho de que el joven haya sobrevivido a su primer noche de internación es una señal de esperanza. También que responda a los estímulos a los que lo someten; pero se niegan a hacer predicciones: “esto es un día a día”.

Los familiares de Catriel y de los otros ocho heridos por la explosión de Cofco se juntan en el primer piso del Sanatorio de Paraguay  40 a recibir los partes médicos dos veces al día. Son personas humildes, con la cara y las manos curtidas por el sol y el trabajo físico. En la sala de espera no hay hombres de corbata, ni mujeres con bolsos coquetos. Los allegados a las víctimas comparten autos para volver a San Lorenzo. Viajan amontonados de gente, lágrimas y desesperación.

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