El efecto terapéutico de los mandalas


Mandala es una  palabra de  origen sánscrito que simplemente significa círculo. En un sentido profundo el círculo siempre ha sido un símbolo de totalidad, de unidad.

En un sentido profundo el círculo siempre ha sido un símbolo de totalidad, de unidad. Una imagen que hace referencia a un ser, una célula, un sol, un planeta o un individuo. Una forma perfecta que nos recuerda al cosmos, a la eternidad y a todo lo contenido en el micro y el  macro universo.

Carl Jung, el más importante psicólogo transpersonal, equipara la forma y estructura del mandala con el ojo humano: esa ventana del alma. Él dice que: «El término «mándala» define el círculo ritual o mágico que se usa particularmente como instrumento de  contemplación. En su uso del culto, los mándalas orientales son figuras establecidas tradicionalmente que no sólo se pintan o dibujan, sino que reciben también forma corporal  en fiestas especiales».

Existen muchos tipos de mandalas. Algunos de los más llamativos son los creados por la naturaleza como los que aparecen cuando cortamos al medio una granada, un kiwi o un  pomelo. Ahí se revela ante nuestra mirada un mandala contenido en un círculo con sus múltiples dibujos en el interior.

Aunque muchos de los mandalas son creaciones humanas que existen como representaciones de lo divino y trascendente en todas las culturas alrededor del planeta.

Del Tíbet al Vaticano, pasando por las culturas Andinas, aparecen encerradas en un círculo imágenes religiosas, algunas veces más simbólicas y otras completamente representativas: como cuando contienen los puntos cardinales con una marcación de cuadrantes e incluso incorporan a los cuatro elementos. Todas ellas señalan un afuera y un adentro, ese núcleo interior generalmente está marcado en un espacio central desde donde nace ese micro universo representado en el dibujo.

Pintados en madera, en papel o directamente emplazados en construcciones arquitectónicas importantísimas de la antigüedad. Muchas de estas construcciones tienen mandalas “escondidos” en los planos de los templos. Esto ocurre en todas las religiones ya que el orden y la gracia del mandala nos conecta naturalmente con la idea de unidad trascendente y nos vincula, a través de la forma, con la divinidad y la espiritualidad.

También podemos ver mandalas “paganos” como en los corros de hadas, las ruedas mágicas de las brujas de Halloween y en los bailes tradicionales del mundo. En todos se forma un círculo que a menudo reciben el nombre de danzas circulares, en las cuales la comunidad forman un mandala humano que les permite conectar y expresar fraternidad y unión a través del baile.

Todos los mandalas tienen en común un espacio donde cabe un universo que se puede recorrer sin principio ni final  como los ciclos de la vida que nos rodea. Pero los mandalas también tienen una funcionalidad personal y podemos utilizarlos con fines variados que van de lo psicológico a lo espiritual, desde la integración de distintos aspectos de la personalidad hasta la relajación, el arte y la meditación.

Pintar mandalas nos da muchísima información acerca de nuestro estado actual.

Por ejemplo, cuando dejamos muchas áreas en blanco significa que desconocemos cuestiones de nosotros mismos; si pintamos muchas áreas de negro, puede haber cierta preocupación o miedo sobre algún aspecto del futuro. Incluso el uso de diferentes colores y la forma en que los distribuimos dentro del círculo nos van a dar información de cómo nos sentimos, ya que en realidad un mandala es un universo simbólico pleno de información trascendente para la persona. Por el simple hecho de elegir un mandala en particular  y pintarlo con determinados colores, ya tenemos un significado!

 

También podemos utilizar la fuerza del mandala para crear espacios nuevos para nuestra vida. Por ejemplo si necesitamos entrar en una etapa de mayor tranquilidad y relajación pero sosteniendo la atención en el entorno, nos puede ayudar pintar mandalas en gamas de azules. Eso nos  proporciona un estado mental y emocional armonioso.

Pintar mandalas puede transformarse de una actividad de relajación a una acción meditativa y de un pasatiempo agradable a una experiencia artística, en el proceso siempre la conciencia incorpora, completa y revela áreas del ser que estaban ocultas para la persona. Y eso naturalmente produce una sanación y un estado de plenitud.

Significado de los colores:

  • Rojo anaranjado para activar áreas del ser relacionadas con la creatividad y el manejo de territorios personales.
  • Amarillo para pensar, razonar alguna cosa o entender y afirmar mejor la propia identidad.
  • Verde para sanarse física y También para mejorar los vínculos con el entorno.
  • Azul para relajarse y crear una atmósfera favorable para el descanso.
  • Violeta para impulsar un cambio o como protección contra energías extrañas.