Opinión

El bueno y el malo

viernes 17 de noviembre, 2017

La relación política entre la provincia y la Nación ha sido tirante desde que Mauricio Macri y Miguel Lifschitz asumieron sus mandatos. Pero con el correr del tiempo se ha exacerbado una situación poco común. El gobernador mantiene un diálogo fluido y respetuoso en cada uno de los temas que se discuten, pero su candidato y alfil en las últimas elecciones, Luis Contigiani, ha sido siempre muy duro para con el gobierno de Cambiemos.

Y esta lógica ha tocado su punto máximo esta semana. Ayer jueves, desde la Casa Rosada, el gobernador se fue con una sonrisa de oreja a oreja para Rosario tras conseguir que todos los gobernadores presentes firmen un acuerdo por el pago de la deuda histórica de la retención del 15% de la coparticipación para los fondos de ANSES. Inclusive, tildó al proyecto de reforma fiscal de “muy beneficioso para la provincia de Santa Fe y para todo el país”. Sin embargo, un día después, surgió la queja de Contigiani por el fondo para los tamberos prometido a principio de año y nuevamente en campaña.

Le pidió a Albor Cantard, diputado nacional electo de Cambiemos y uno de sus rivales en la contienda del 22 de octubre, “que sea serio y que estudiara porque el convenio ya estaba firmado” y los 50 millones de pesos para 600 tamberos no llegaron. El radical allegado al presidente de la Nación se justificó de no saber “que el dinero no había llegado” y se comprometió a “hacer gestiones para resolverlo”.

Las dos caras de una misma moneda. Como decíamos, sucede hace bastante. Cuando Lifschitz avanza en ejes neurálgicos de negociaciones políticas, Contigiani ataca en los medios de comunicación locales. Y eso, según fuentes que consultamos, ha molestado y mucho a Macri. Hasta ha corrido el rumor de una reunión a solas entre el presidente y el gobernador en que el ex jefe de gobierno porteño le habría mostrado las notas del Ministro de la Producción atacando a Cambiemos sin compasión.

Inclusive hay una excelente relación entre los Ministros de Seguridad Patricia Bullrich y Maximiliano Pullaro. Desde hace un año viene trabajando de manera mancomunada en un plan de seguridad para toda la provincia con un centro de monitoreo, estadísticas y patrullaje articulado entre las fuerzas. Este esquema ha dado sus frutos de mejoras en los guarismos de violencia.

Es un país presidencialista y llevarse mal con el gobierno central no se transfiere a ningún beneficio. Por el contrario, trae más de un dolor de cabeza. Pero la lejanía ideológica entre las dos administraciones hace que la brecha discursiva siga latente en el ámbito público a pesar de la estrecha relación que se ha generado.

Uno puede pensar que juegan al bueno y el malo, o solo creer que Contigiani hace su trabajo de buena manera y reclama por los derechos de los santafesinos. Lo cierto es que la relación seguirá siendo tirante en cuanto a lo político, pero con cercanía desde la gestión.

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