opinión

Cordura


Finalmente, la Provincia de Santa Fe tendrá su Ley de Necesidad Pública tras la aprobación en la Cámara de Diputados. Con solo 12 votos positivos y 31 abstenciones, se aprobó el proyecto que llegó desde el Senado, junto con un fondo extra para enfrentar los embates del COVID-19. Primó la razón y el momento que estamos viviendo, aunque deja muchas cosas para analizar.

El Frente Progresista permitió el tratamiento sesionando en un día feriado y dio el quórum para que el Partido Justicialista, Juntos por el Cambio y Unite voten el proyecto que venía solicitando el gobernador Omar Perotti. Con la herramienta de la abstención, pudo darle la tan ansiada ley a la gestión y demostrar un descontento que viene promoviendo desde el mes de diciembre.

De hecho, Miguel Lifschitz tomó la palabra, bajó a una banca de diputado común, y fue muy duro en sus palabras. Aclaró que si no estuviésemos en este contexto de pandemia no hubieran dado nunca la emergencia y los superpoderes, que es desmedido el endeudamiento de más de 600 millones de dólares y le pidió a Perotti “que se ponga a gobernar”.

Sin embargo, es una pequeña victoria para el gobernador, ya que más allá de los ribetes que ha dejado este tratamiento, consiguió lo que buscaba. 54 mil millones de pesos en total entre ambas leyes -12 mil millones para municipios y comunas y el resto a distribuir a discreción por la gestión- y capacidad de intervenir sobre contratos licitatorios, como también en el API y en Catastro.

El mensaje posterior es dispar. El socialismo muestra responsabilidad, con un “vieron, les dimos las herramientas, los dejamos gobernar”, mientras que el peronismo insiste que la dilación fue producto de las mezquindades políticas y que le permitieron el tratamiento del proyecto solo por la situación de la pandemia.

Lógicamente, es la primera de muchas batallas que se van a venir. Tal vez los constituyentes de la década del 60 no previeron la implementación de la boleta única que iba a generar este tipo de equilibrios en el Poder Legislativo. Porque hasta que ocurrió este cambio, la Cámara de Diputados siempre tuvo la mayoría de oficialismo dado que la boleta iba unida a la del gobernador y el margen de corte siempre fue muy bajo.

Ahora, a Perotti se le viene un proceso difícil. Tiene que salir a buscar esa deuda a un mercado esquivo en una geopolítica que se cae a pedazos producto de los efectos del Coronavirus. Y los plazos son cortos teniendo en cuenta que ya ingresamos en el cuarto mes del año. Pero tiene las herramientas que necesitaba para implementar sus propias políticas, ausentes en un Presupuesto 2020 que confeccionó el gobierno anterior.

Allí se explica, tal vez, que la mayoría de la deuda se pueda ir en gastos “corrientes”, ya que no hay partidas presupuestarias para muchas cosas que el PJ quiere enarbolar como logros de su propia gestión. Así como Lifschitz dejó un sello bien marcado con la obra pública, Perotti está dispuesto a que el Boleto Educativo Gratuito y las ayudas sociales sean banderas de su gobierno.

Para cerrar esta novela que se extendió tanto, no se explica por qué se ha demorado en encontrar esta salida, que parece sensata desde donde se la mire. Le dan las herramientas que solicitó la gestión, se abstuvieron de votarla porque ellos no están de acuerdo y a otra cosa mariposa. Tal vez la política santafesina vive una etapa de reacomodamientos, de entender los papeles que se ocupan en esta historia y con el tiempo veremos aún más diálogo razonable a la hora de pensar en iniciativas legislativas. La cordura, a veces, tiene mucho que ver con el sentido común.