Consejos para recuperar la motivación personal


¿Te ha pasado sentir que perdiste el rumbo o que no sabes por dónde continuar?  ¿Te percibís agotado, agobiado mentalmente, sin fuerzas para seguir avanzando? Es probable que si esto no está pasando ahora, ya te haya pasado en algún momento.

Sentirte agobiado, desganado, desmotivado y con esta percepción de haber perdido el rumbo o el sentido de lo que estás haciendo. Porque muchas veces nos convertimos en autómatas que terminamos haciendo cosas sólo por el hecho de hacerlas sin registrar el porqué y el para qué de aquello que alguna vez elegimos hacer.

Quizás una serie de obstáculos en tu negocio te desbordaron, o un problema en tu profesión te agobia, no podes dormir, tenés una crisis de angustia o las ganas de abandonar todo y encerrarte en tu habitación y acostarte a dormir por unos cuantos días.

Impotencia, bronca, miedo, desesperación y la sensación de no poder más y tener la cabeza quemada.

Si algo de esto te pasa, es el momento de parar un poco, dejar de salir corriendo a apagar incendios y recalcular. Solo de esta manera, podremos replantearnos cómo continuar el camino, con otro enfoque y acciones más concretas y efectivas que no nos hagan perder energía y tiempo.

¿Qué podemos hacer cuando nos sentimos en este estado de desconexión entre lo que alguna vez elegimos y deseamos hacer y lo que estamos haciendo ahora?

Probablemente sea momento de no hacer nada.

Momento de parar, detenerte, escucharte, registrarte, dejar las acciones autómatas de lado y empezar a sentir.

  1. Sentir si lo que estás haciendo ahora, está alineado con lo que en algún momento elegiste hacer.
  2. Sentir si estás respetando tus principios, tus valores, tus deseos.
  3. Observar si las acciones que llevaste a cabo el último tiempo te estaban acercando o alejando de la meta a la que querés llegar.
  4. Percibir qué le está sucediendo al cuerpo, que manifiesta lo que te pasa y lo que necesitas. Tal vez requiera más descanso, más ocio, más placer.
  5. Registrar tu nivel de motivación, el gusto por lo que estás haciendo. Y en caso de encontrarte desmotivado, rodearte de personas y/lugares que te inspiren, te permitan “abrir” la cabeza, te generen deseos de crear. Viajar, conocer lugares y personas novedosas, pedir ayuda.
  6. Conectarte con gente real, salir de tanta red social para encontrarte con “el otro” real, cara a cara, de frente y sin “caretas”

El hecho de parar nos permite mirar desde otra perspectiva nuestro camino, como espectadores de nuestro propio escenario. Observar con otra mirada no tan enviciada, tomar distancia y animarnos a consultar, a salir de la omnipotencia y de la creencia de que tenemos que saber y poder todo.

Aprender a escucharnos

Al entrar todo el tiempo  en la comparación con los otros  nos desdibujamos y dejamos de registrarnos a nosotros mismos,  por el hecho de seguir paradigmas impuestos. Al principio vienen  impuestos por otros (nuestras familias, los vínculos más cercanos, la sociedad y la cultura que nos atraviesa). Pero luego terminamos siendo nosotros mismos los que nos los autoimponemos.

Justamente porque dejamos de escucharnos a nosotros mismos, y priorizamos lo que otro dice, por comodidad, por repeticón, por inercia.

Para evitar caer en esa situación o en este estado, te invito a que te preguntes y te respondas genuinamente

¿Qué querés? ¿Vos, real y genuinamente que querés?

¿Para qué lo que querés?

¿Qué estás dispuesto a hacer para lograr eso que querés?

Salí de las respuestas abstractas y aventúrate a ser sincero con vos y a ser concreto, realista. La ambición es sana y necesaria para poder crecer, pero ser necio es otra cosa y solo te estanca y enceguece.

Dejá de correr y empezá a caminar con pasos sólidos, firmes seguros y por sobre todas las cosas: los pasos que a vos te hagan sentir bien y te permitan fluir.

¿Cuándo es en definitiva, el momento óptimo para parar y poder luego volver a arrancar?

Es importante, que registres lo que te está sucediendo y el nivel de agobio que probablemente vengas sintiendo y hayas naturalizado a tal punto que ya casi ni lo  registres. Esta es una señal de alerta para parar, frenar, tomar aire y recién ahí recalcular, así definirás cómo y cuándo  volver a empezar.