Cómo proteger el cabello y la piel de los efectos del medio ambiente

Es importante tener los cuidados correspondientes para evitar daños producidos por la inevitable exposición a los factores ambientales.

Por Gimena Rubolino

viernes 24 de agosto, 2018

La contaminación del aire produce una gran variedad de problemas en la piel caso de sequedad, acné, alergias, mayor sensibilidad, decoloración, falta de brillo y rugosidad y contribuye también a la caída del pelo. En la actualidad sólo el 12 % de la población mundial habita en ciudades que cumplen con los requisitos de calidad del aire establecidos por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Es decir que, casi la totalidad de la población del planeta está expuesta a los males de la polución.

Cuando hablamos de contaminación, los distintos tipos que debemos tener en cuenta y que existen son no sólo la atmosférica, sino también hídrica, del suelo, por basura, lumínica, térmica, visual, electromagnética y antropogénica.

Especialistas en el cuidado del cabello sostienen que “los tubos de escape de los coches y del transporte público o las calderas de las calefacciones contribuyen a cargar el aire de impurezas y partículas que se fijan en la piel y el pelo, provocando daños muy perjudiciales. Descamación, caspa y caída del cabello son sus principales consecuencias. Se impone en estos casos el cuidado diario y un lavado exento de componentes agresivos. A su vez, la realización de tratamientos periódicos para desintoxicar y potenciar la salud del cuero cabelludo se vuelve imprescindible”.

Cómo afecta la contaminación paso a paso:

Gases contaminantes: la dermatitis irritante es causada por estas sustancias químicas, que atacan directamente la piel, produciendo lesiones muy similares a las ocasionadas por la exposición excesiva a las radiaciones solares, como enrojecimiento o ardor.

Humo: los oxidantes reactivos y los radicales libres del humo causan estrés oxidativo e inhibición de los mecanismos antioxidantes. También aumenta la pérdida de agua transepidérmica y degrada el colágeno y las fibras elásticas.

Luz azul: predispone la generación de radicales libres que favorecen la aparición de arrugas y falta de firmeza. Reduce los niveles de vitamina E y C y disminuye el aporte de oxígeno a los tejidos.

Metales pesados: los que afectan más directamente a la piel son el cromo, el estaño y el manganeso, que irritan la piel y las mucosas y pueden causar dermatitis.

Monóxido de carbono: genera hipoxia tisular por carencia de aporte de oxígeno a los tejidos. El metabolismo de la piel se ralentiza en general provocando piel apagada, envejecimiento prematuro y sequedad.

Partículas en suspensión: son las responsables de la mayoría de los problemas de irritaciones y alergias.

Radicales libres: provocan lesiones oxidativas y contribuyen al envejecimiento prematuro, o alteraciones en el ADN de las células cutáneas.

 

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