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Casi como un cuento: el relato de un ex Central sobre cómo se vive un clásico y una imperdible anécdota con Hernán Castellano

Tomás Costa narró las emociones previas a un enfrentamiento entre eternos rivales, las sensaciones de la victoria y rememoró una historia con el Rifle.


Sin dudas que la cuarentena da tiempo para reflexionar, para recordar, para trasladarse a momentos de plena felicidad en una vida bastante más normal que la que toca vivir últimamente a raíz del coronavirus. En eso anda el ex jugador de Central Tomás Costa, que en su cuenta de Instagram viene realizando posteos en los que cuenta alguna historia particular.

En este caso, durante el fin de semana fue el momento para narrar qué se vive previo, durante y post un clásico, puntualmente en uno en el que el Canalla se llevó una recordada victoria. La referencia hecha por el futbolista de 35 años, que actualmente está sin club, fue al triunfo 1-0 contra Newell's en el Parque Independencia de los que dirigía Carlos Ischia el 16 de septiembre de 2007 con gol del colombiano Martín Arzuaga de penal.

"Del miedo venimos y al miedo vamos. Pocas cosas dan tanto miedo como pensar un resultado la noche previa a un clásico rosarino. pensas en cómo sería si nos tocara perder, en cómo sería si nosotros que representamos a tanta gente no estamos a la altura de su apoyo o peor aún si me mando una buena cagada", comenzó Costa su narración.

Posteriormente, el mediocampista que pasó por el rútbol rumano, Peñarol de Montevideo y Universidad Católica, entre otros, fue contando todo lo que vivió en la concentración, las sensaciones en la manga tras el primer tiempo cuando el elenco auriazul ya jugaba con uno menos por la expulsión de Gervasio Núñez (terminó con nueve porque Emiliano Papa también vio la roja), la emoción por el gran triunfo, hasta llegar a una imperdible anécdota con Hernán Castellano, que unió al difícil momento que el ex arquero vivió cuando fue operado de cáncer de próstata en noviembre pasado.

La publicación completa

Del miedo venimos y al miedo vamos
Pocas cosas dan tanto miedo como pensar un resultado la noche previa a un clásico rosarino, pensas en cómo sería si nos tocara perder, en cómo sería si nosotros que representamos a tanta gente no estamos a la altura de su apoyo o peor aún si me mando una buena cagada.
Todo lo contrario si pensas el lado bueno, se te llena el cuerpo de un cosquilleo asombroso, mañana ganamos en su cancha, mañana hago un gol y me subo al tejido o sacudo un cartel como hizo pirulo.
De comer no hablemos y de dormir (encima con el capitán), menos.
A las 7 de la mañana escucho un trueno, me siento en la cama y espero que Cristian se despierte. Bajamos a desayunar, no volaba una mosca, algunos comentaban que durante la noche unos hinchas de nob habían cantado o tirado algo a alguna ventana del hotel de calle cordoba.
Emprendemos viaje, lluvia, gente de nob caminando hacia el estadio, alguna que otra piedra rebotaba en los vidrios del
cole, yo sin escuchar nada solo miraba por la ventana y no tenía ni ganas ni fuerza para cantar las canciones que imponían Gonzalo y el rifle, por suerte miraba a mi costado y verle la cara a mis mas amigos o los de mi edad me dejaba tranquilo que estábamos en la misma situación. Del otro lado, vangioni, el Cabezon bernardello y compañía apostaba lo que no tenía que se sentían como yo.
Entramos corriendo por los pasillos del estadio, nos gritaban y tiraban con todo lo que tenían a mano, nos cambiamos escuchando música, yo creo que no levante la mirada de mis botines... me daba miedo la lluvia, no tenía los botines con tapones altos
No se en que momento Gonzalo Belloso me tiro unos botines y me dijo... usa estos que no te vas a patinar, me sentía un chico que invitaron a un fútbol 5 y no conocía a nadie.
Salimos a calentar, de a poco te vas soltando y pensando que es un partido de fútbol como otros miles que jugué antes de ese día.
Cuando volvemos al vestuario volví a pensar en lo que nos jugábamos, todo el futbolero lo sabe, pero hay más que 3 puntos en juego en un clásico rosarino, yo lo describo así.

No podía dejar de saltar y de gritar, nos abrazamos me dijo que me quería mucho, yo aún no terminaba de caer y de entender lo que había pasado.
Pasó mucho tiempo y muy pocas veces volví a hablar o verlo, alguna que otra noche en Sabina escuchando algo de música nos saludamos y charlamos, no mucho más que eso.
13 años después leo una entrevista donde él cuenta que padece una enfermedad, cuenta con mucha valentía que viaja a chile a operarse y que seguramente en un corto tiempo iba a estar trabajando de vuelta en central. Automáticamente mientras leía la nota me fui de vuelta a esa manga, con miedo, sin poder respirar, sin decir una sola palabra. Y volví a sentir la mano de él en mi hombro para que con un chiste me saque de ese lugar de mierda y me haga escuchar a la hinchada de central.
Me dije a mi mismo, el rifle debe tener el mismo miedo que yo tuve ese día, no dude un segundo y le mande un audio contándole esto mismo que viví. El me contesto un poco emocionado y agradeciéndome. Me dijo... me tocó loco y la voy a pelear, me dejo tan tranquilo que no necesite responderle más, sólo le dije sácala de ángulo Hernan, aunque vaya fuerte y por favor avísame a la vuelta que los pibes de oliveros quieren comer un asado y tocar un poco la guitarra.

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Del miedo venimos y al miedo vamos Pocas cosas dan tanto miedo como pensar un resultado la noche previa a un clásico rosarino, pensas en cómo sería si nos tocara perder, en cómo sería si nosotros que representamos a tanta gente no estamos a la altura de su apoyo o peor aún si me mando una buena cagada. Todo lo contrario si pensas el lado bueno, se te llena el cuerpo de un cosquilleo asombroso, mañana ganamos en su cancha, mañana hago un gol y me subo al tejido o sacudo un cartel como hizo pirulo. De comer no hablemos y de dormir (encima con el capitán), menos. A las 7 de la mañana escucho un trueno, me siento en la cama y espero que Cristian se despierte. Bajamos a desayunar, no volaba una mosca, algunos comentaban que durante la noche unos hinchas de nob habían cantado o tirado algo a alguna ventana del hotel de calle cordoba. Emprendemos viaje, lluvia, gente de nob caminando hacia el estadio, alguna que otra piedra rebotaba en los vidrios del cole, yo sin escuchar nada solo miraba por la ventana y no tenía ni ganas ni fuerza para cantar las canciones que imponían Gonzalo y el rifle, por suerte miraba a mi costado y verle la cara a mis mas amigos o los de mi edad me dejaba tranquilo que estábamos en la misma situación. Del otro lado, vangioni, el Cabezon bernardello y compañía apostaba lo que no tenía que se sentían como yo. Entramos corriendo por los pasillos del estadio, nos gritaban y tiraban con todo lo que tenían a mano, nos cambiamos escuchando música, yo creo que no levante la mirada de mis botines... me daba miedo la lluvia, no tenía los botines con tapones altos No se en que momento Gonzalo Belloso me tiro unos botines y me dijo... usa estos que no te vas a patinar, me sentía un chico que invitaron a un fútbol 5 y no conocía a nadie. Salimos a calentar, de a poco te vas soltando y pensando que es un partido de fútbol como otros miles que jugué antes de ese día. Cuando volvemos al vestuario volví a pensar en lo que nos jugábamos, todo el futbolero lo sabe, pero hay más que 3 puntos en juego en un clásico rosarino, yo lo describo así. Sigue

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