Allende por Allende

A 44 años de su fallecimiento, su hija, la senadora Isabel Allende Bussi, escribió una sentida columna en el medio chileno Cooperativa.cl.

Por Rosario Nuestro Redes

lunes 11 de septiembre, 2017

Salvador Allende es sin duda alguna una de las personalidades más importantes y recordadas de la historia de Chile. Fue electo como presidente de ese país en 1970 para cumplir su mandato hasta 1976, sin embargo el 11 de septiembre de 1973, Augusto Pinochet, lideró un golpe cívico-militar contra su Gobierno, esa mañana, el presidente Allende murió en el palacio de La Moneda defendiendo “el mandato del pueblo”, como dijera en sus últimas palabras.

Ese 11 de septiembre, el palacio de Gobierno, “La Moneda”, fue bombardeado por varios aviones y tanquetas, quedando absolutamente destruido y cuya reconstrucción tardó años.
“Yo no voy a renunciar. Pagaré con mi vida la lealtad del pueblo” dijo en sus últimas palabras, registradas para siempre en un discurso histórico transmitido por la Radio Magalles.

Su muerte aún está ceñida por las dudas. El suicidio acometido con su propio fusil para al verse rodeado por los golpistas es la que más cobra fuerza, sin embargo existen versiones que indicarían que fue asesinado.
Hoy, a 44 años de su fallecimiento, su hija, la senadora Isabel Allende Bussi, escribió esta sentida columna en el medio chileno Cooperativa.cl :

Salvador Allende en nuestra Memoria

Por: Isabel Allende

Estos días me ha tocado recorrer la Región de Valparaíso, y ha sido muy emocionante escuchar cómo la gente siempre lo recuerda, y me han dicho “es el mejor Presidente que hemos tenido, que se preocupaba de nosotros, de los pobres” y ha sido muy conmovedor. Quiero decir que efectivamente el Presidente Allende es un referente universal y es un orgullo que mucha gente joven lo considere un símbolo de consecuencia, de lealtad, de ética.
Creo que nos dejó muchos legados, y creo que todos aprendimos que la democracia es nuestro espacio, nuestro límite en el accionar político, que los profundos cambios sociales se hacen con mayoría, que el desarrollo económico no puede hacerse atentando contra la libertad.

Por eso es tan importante lo que él nos decía, que creía en un socialismo en democracia, pluralismo y libertad, acorde a lo que eran nuestras tradiciones y nuestras instituciones, hasta que aquello fue traicionado.

Pero creo que la gente recuerda no solo su dignidad del 11 de septiembre de 1973, sino que también a un luchador social, que empezó tempranamente, como estudiante secundario y nunca más terminó hasta que entregó su vida en La Moneda. El hombre que recorría el país, el pedagogo social. El hombre que nos enseñó a soñar en un país cuyas riquezas básicas fueran para el conjunto de la ciudadanía, y por sobre todo, para el bienestar de quienes más lo necesitaban.

El hombre que luchaba por el binomio, como le gustaba decir a él como médico, de madre e hijo, y la expresión concreta del medio litro de leche. La Reforma Agraria, la Nacionalización del Cobre, la apertura a las relaciones internacionales con países que hasta ese entonces no existían, y que hasta el día de hoy, perduran y son tan importantes, como es el caso de China, son parte de su legado.

Quiero recordar sobre todo a la persona, que es lo más hermoso de su legado, que la gente siempre lo sintió como alguien cercano, consecuente, siempre preocupado por su pueblo, y esa es su mejor herencia.
Quizás la mejor justicia es ese recuerdo, el que esté presente, que siga en la memoria. Incluso el que hace unos años atrás, cuando celebramos su centenario, se le escogiera como la figura más destacada de nuestra historia, con más de cuatro millones de votos, de gente que quiso expresar su reconocimiento por él.

Esa es la memoria que queremos dejar, y de verdad, agradecer una y otra vez, a todas y todos aquellos que nos han acompañado por tantos años. A aquellos que lo siguen recordando y reiterar que no fue fácil trasladar sus restos desde el Cementerio Santa Inés hasta el Cementerio General.
Había sido un entierro anónimo, al inicio de la dictadura, sin posibilidad que la gente lo pudiera acompañar, prácticamente con mi madre, Tencha, sola. De allí el gesto de trasladarlo a Santiago, cuando recuperamos la democracia.

Sin embargo, quiero agradecer, a toda esa gente, que desde 1973 a 1990, por años, lo fueron acompañando y homenajeando en Viña del Mar, cuando incluso dejarle una flor generaba persecución, con riesgo de ser detenidos, como también quienes estuvieron con nosotros, ese 4 de septiembre, a comienzos del primer gobierno democrático, cuando trajimos sus restos al lugar donde tradicionalmente descansan los Presidentes de la República.
Gracias porque Allende siempre vive y vivirá en nuestra memoria.

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