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¿Todo lo que veo es tal como lo veo?

Por:  Sandra Gutterman.


Te ha sucedido alguna vez que hayas estado contando algo que viviste y te sientas interpelado de tal manera que la primera reacción haya sido: ¡Pero si yo estuve ahí cuando sucedió! ¿Por qué me cuestionas? ¡Lo que te digo es lo que sucedió!

Sin embargo, la otra persona responde: "Yo también estuve ahí, y no vi lo mismo que tú".

Este planteo abre todo un camino en relación a cómo resolver un conflicto cuando las partes tienen miradas diferentes sobre un mismo hecho. Si bien, no importa quién tiene razón ya que vamos a poner foco en los resultados, es importante frenar y tomar consciencia de algunas cosas para poder avanzar y resolver de la mejor manera posible la situación planteada.

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Contra las cuerdas

El primer punto a tomar conciencia es que nuestros sentidos pueden fallar. Es decir, puedo ver algo que parezca roto o torcido y sin embargo, se trate solo del efecto que puede aparecer al mirar un lápiz sumergido en un vaso de agua. Esto nos indica, que el lápiz en sí mismo se encuentra en perfecto estado pero el filtro a través del cual lo observamos, nos hace ver que está partido.

De la misma manera puede suceder en una conversación en donde yo vea aquello que sucede solo desde mi perspectiva.  Entender que lo que veo, no es el mundo que es, sino sólo lo que yo creo que el mundo es.

Asimismo, lo que yo creo que es este mundo, está atravesado por mis filtros es decir: mis experiencias, mis conocimientos, mis pensamientos, mis creencias, mis valores, etc. Tomar consciencia de que solo se trata de mi mirada es el primer paso para abrirme a otras perspectivas de ver, de resolver, de pensar, de sentir, de hacer.

Estar parado en ese lugar, permítanme agregar de “mucha arrogancia”, hace que plantee las cosas de una única forma, LA FORMA (arrogancia ontológica), donde todas las posibles otras formas de ver y de parecer, carecen de valor.

Recuerdo en una conversación con un grupo de amigas, en un viaje donde logré abrirme a relatar algunos sentimientos y experiencias vividas anteriormente con ellas, en donde no me sentí bien con algunas de las presentes. La idea era conversar para expresar públicamente lo que yo había vivido durante un período de tiempo. Sin poder terminar mi relato, una de ellas me frena y me dice: lo que a vos te sucede es que pasas todo por tu razón, ¡tenés que dejarte llevar más por tu corazón!

Acto seguido agrega, que ella me veía como el diablo encarnado en una carita de ángel y así siguió hablando desde su mirada sin poder responder a las preguntas que realizaba como por ejemplo ¿Decime una sola acción en todos estos años que den cuenta tus frases? En el único momento que logré cortar su verdad y elevando su tono para expresar lo que yo soy desde su mirada, le dije: ¿humildemente me lo decís?

Es como si por primera vez en la conversación logró descentrarse de su propia verdad y se abrió a escuchar la mirada del otro. Siguiendo el modelo que plantea F. Kofman, incluí mi mirada, luego escuché su mirada e intenté explicarme las cosas como si fuera ella, seguí agregando las perspectivas de las otras participantes de la conversación, que ampliaron las miradas y con ellas los significados.

Por un momento me imaginé, qué estaría viendo alguien que no tiene que ver con nosotras y escucha esta conversación y por último, en vez de ponerme a la defensiva, me ubiqué en un lugar más compasivo para que la conversación tuviera un final feliz, es decir reflexionar sobre lo bien que hace, expresar lo que sentimos para poder construir nuevas interpretaciones, sentires diferentes y llevar a esta relación, nuevas acciones y maneras de conectarnos.

Reflexión: ¿Qué posibilidades encuentras al pararte en un modelo que incluye diferentes perspectivas?