OPINIÓN

Seis kilos y dos pancitos

jueves 5 de abril, 2018

Miguel Lifschitz

Foto: Franco Trovato Fuoco

Le salió cara la declaración a Miguel Lifschitz en rueda de prensa en la ciudad de Rosario sobre la lucha docente a nivel provincial. Hizo referencia a que estaban peleando por “seis o siete kilos de pan” y que a la provincia le costaba muchísimo dinero. La marcha se centró en esa declaración, y nunca quedó mejor la frase “el que se enoja, pierde”.

El gobernador está enojado. Se fue, según su entorno, con el acuerdo en la mesa paritaria con ese 18 % en dos veces, y a las 48 horas se encontró con la negativa de todos los gremios, menos uno. UPCN siguió con la idea y aprobó en asamblea la propuesta; pero ATE, Amsafé, Sadop y AMRA decidieron en sus soberanos ámbitos de discusión interna no aceptarla.

Lifschitz siente traición por parte de los dirigentes, aunque estos aducen que no son ellos los que votan. Desde el gobierno acusan a los secretarios generales de los gremios de “no militar la aceptación hacia las bases” y responsabilizan a esta actitud light del porqué de la negativa. Desde los sindicatos indican que jamás le dieron el sí rotundo, a pesar de las declaraciones en lo inmediato de la última mesa paritaria en la que hablaron de una propuesta “superadora”.

Es difícil de entender este dicho del gobernador. Un peso, sólo uno, es un montón a la hora de discutir salarios, y encima, desde lo simbólico, habló de un elemento fundamental en cualquier familia: el pan. “Le dio de comer a los gremios”, acentúan algunos políticos cercanos.

Y le va a terminar saliendo más caro, seguramente. Avivó la llama de la mística de lucha docente, le echó litros de nafta. Y ahora es muy complicado que desde el ámbito de los trabajadores haya un paso atrás. No van a ceder un solo metro, y deberá ser el gobierno el que levante el teléfono para negociar.

En el medio, se efectuó el paro de 48 horas de esta semana, y se amenaza con más medidas de fuerza si para la semana que viene no hay una solución. Lifschitz no se siente cómodo. Los suyos tampoco. No están acostumbrados a enfrentarse, al menos en la pública, con los sindicatos y temen las opiniones políticas de los analistas. Parafraseando a Carlitos Balá, “por seis kilos y dos pancitos”, los docentes van a seguir en la calle.

 

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