Su hermano está preso acusado de usurpación y lavado de dinero

El odontólogo carga con el peso de las acciones de su hermano, quien está señalado por utilizar su perfil social para blanquear dinero ilícito.

Redacción Rosario Nuestro

martes 15 de agosto, 2017

En las familias siempre hay integrantes carismáticos y personajes que quedan en un segundo plano. Los protagonistas, generalmente, ganan su popularidad en base a sus aptitudes positivas, sus capacidades de representar los intereses del grupo o de contener y comprender a sus pares.

Podría decirse que los Jaef tuvieron una crisis de representatividad; pasaron de ser los allegados a Salvador, el prestigioso odontólogo de renombre internacional, a aclarar que Marcelo, el contador sospechado de usurpar inmuebles y lavar dinero, actuó sin su consentimiento y que, incluso, llegó a robarle a su propio hermano.

El contraste

Salvador Jaef es un profesional famoso a nivel mundial, que se especializa en salud y estética. Sus pergaminos son muchos y nombrar cada una de las instituciones que dirige sería engorroso para la lectura.

Su fama en Rosario se generó a partir de 1984, cuando fundó el Instituto de Implantes Dentales y Maxilofaciales en una coqueta casona ubicada en la esquina de Boulevard Oroño y San Juan.

Allí, entre tornos y amalgamas, se formaron casi 1500 odontólogos de diversas partes del planeta: “en los años 90 era uno de los 4 centros del mundo en los que había experiencias en titanio con humanos científicamente comprobadas. Era un centro reconocido mundialmente y vinieron miles de profesionales a formarse”, asegura Salvador, con una mezcla de orgullo y tristeza, en diálogo con El Puente de Radio Mitre Rosario.

Según su relato, un error propio dio inicio al ocaso del apogeo de la clínica. “Mi padre había fallecido y, por ser el primogénito, me hice cargo de la familia”, señaló el odontólogo. Él solventó la última etapa de la carrera de contador de su hermano Marcelo y, ni bien se recibió, lo llevó a trabajar a su clínica, como responsable del sector contable.

Así, sin que su responsable se diera cuenta, la situación del instituto cambió para siempre. “La esquina, el Instituto Jaef, que hoy es parte de una investigación judicial, debería pertenecer a una sociedad anónima a nombre de mis primos; la cual de un día para el otro cae, con título, escritura y todo, a nombre de este señor, de Marcelo Jaef. Fue un tremendo golpe a la familia”, aseguró.

Mediante el presunto fraude de su hermano, Salvador dejó de controlar el destino de su clínica y comenzó un periplo que dura hasta hoy. Él realizó reclamos ante la Justicia Federal e instó a los colegios odontológicos de la provincia y la ciudad para que intimen a su instituto, pero no obtuvo respuestas positivas: ” la esquina de San Juan y Oroño se sigue publicitando y funcionando como si nada pasara. ¿Cómo es que ningún organismo oficial o el Colegio de Odontólogos de Santa Fe no pide una explicación?. Es un absurdo, una impunidad obscena”.

Por eso Salvador no quedó impactado cuando el 12 de octubre del año pasado la Justicia ordenó la detención de Marcelo. Él sabía muy bien de qué era capaz su hermano. “Tuve contactos con la fiscalía, pero no tengo nada que ver con la Megacausa. Cuando al grupo del que formaba parte Marcelo se lo acusa de lavado de activos yo digo que se usa mi nombre para el lavado”, explicó el prestigioso dentista.

Salvador Jaef está empecinado en limpiar su nombre. Espera que algún día su familia vuelva a ser relacionada con la excelencia y deje de lado las manchas de Marcelo, el contador acusado de usurpar inmuebles para lavar dinero, el mismo que fue capaz de robarle a su hermano.

La Megacausa

El 12 de octubre de 2016 Marcelo Jaef fue detenido en el marco de la megacausa iniciada por los fiscales Valeria Haurigot y Sebastián Narvaja, acusado de ser el responsable del “Fronting” de una importante banda que se apropiaba de bienes inmuebles para luego venderlos a otros miembros del grupo y así lavar dineros ilícitos.

Según lo que consta en las fojas judiciales, el rol del escribano era claro: “aportaba a la banda su posición social, su capacidad de mostrar actividad patrimonial lícita y sus contactos y relaciones. De esa manera, su rol es esencial para la continuidad de los sucesivos traspasos del activo ilícito, ya que no solo disimula ese origen ilícito, sino que necesariamente financia esa actividad delictiva previa”.

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