opinión

Saber, poder y placer

La relación entre el saber, el poder y el placer es parte de la agenda de derechos de las mujeres.

viernes 8 de marzo, 2019

Esta mañana leyendo una nota sobre “El increíble caso de la mujer que quedó embarazada y dio a luz sin haber tenido sexo[i] experimenté la misma impotencia y tristeza que siento cada vez que una mujer llega angustiada a mi consultorio por creer que es incapaz de mantener una relación sexual coital, le hayan dado ya o no el diagnóstico de Vaginismo.

De eso se trata la nota, de una mujer que quedó embarazada y parió a su hijo, sin haber experimentado un coito (penetración pene/vagina), debido a una disfunción sexual femenina denominada Vaginismo, la cual produce una contracción involuntaria del tercio externo de la vagina que impide todo intento de penetración, no solo coital, sino incluso el uso de tampones, la revisación ginecológica, etc.

Lo que me indigna, es que a la mujer de la nota, como a tantas otras mujeres, los profesionales médicos que la diagnosticaron le ofrecieron alternativas quirúrgicas, medicalizando vivencias asociadas al registro del propio cuerpo, que deberían experimentarse en el ámbito de la intimidad y en un contexto placentero. Por supuesto que para que eso ocurra, es necesario un tratamiento de Terapia Sexual, lo cual implica un abordaje psico bio social de la problemática, con técnicas cognitivas para trabajar la etiología psicológica que en términos generales se asocian al miedo, y técnicas comportamentales para pautar los ejercicios de la Terapia Sexual.

Resulta violento que una mujer sea privada del derecho al placer sexual, por estar privada de acceder a los conocimientos científicos en relación a su problemática, lo cual ella misma desconoce por falta de una educación sexual integral adecuada que le permita saber que su problema tiene solución, y que esa solución no consiste ni en el uso de anestesia para cualquier tipo de intervención ginecológica, ni en la renuncia al placer sexual coital, que si bien no es la única ni la más importante forma de disfrutar el erotismo, es una de ellas de la cual no tiene por qué desistir.

Allí no más se violan cinco de los Derechos Sexuales[ii], universales y fundamentales, como parte de los Derechos Humanos. El derecho al placer, a la información científica actualizada, a la educación sexual integral, a la autonomía e integridad del cuerpo y al acceso a los tratamientos disponibles para garantizar el máximo grado posible de salud sexual.

Lo peor es que esto ocurre a manos de profesionales de la salud. Cuando recibo a mujeres que ignoran que su padecimiento corresponde a una disfunción, y que llegan tímidamente a confiarme su malestar y dificultades, internamente lamento que no lo hayan hecho antes porque muchas veces llegan luego de años de no poder disfrutar a pleno su sexualidad. Pero cuando las recibo luego de haber pasado por consultas médicas, ginecológicas y/o de tratamientos de fertilidad asistida, con un diagnóstico adherido a una sentencia categórica de imposibilidad de goce coital, me exaspera, y me dan ganas de proponer un juicio de mala praxis al profesional tratante hasta que entiendo, una y otra vez, que es responsabilidad de los sexólogos seguir interpelando los espacios de formación universitaria de los médicos para que estas cosas no sigan pasando. Cosa que hago por supuesto desde la Materia Electiva de Sexología Clínica en la Facultad de Ciencias Médicas de UNR, con el anhelo de que un día, deje de ser “Electiva” y los conocimientos básicos estén al alcance de todos los estudiantes.

He escuchado mujeres a las que les han afirmado que nunca podrán tener un encuentro coital y que ni siquiera podrán practicarse un Papanicolaou, he visto el desconsuelo, he covivenciado la angustia y desolación de sentirse diferentes, incapaces, limitadas, resignadas. No quiero más mujeres sufriendo la ignorancia, las quisiera libres y sin miedos, pero mientras las restricciones de los discursos sociales que aún imperan, les generen temores y padecimientos, las quiero conocedoras de sus posibilidades, las quiero empoderadas sobre sus cuerpos, las quiero erotizadas y no medicalizadas.

Las quiero respetadas en sus tiempos para afrontar los límites que sus cuerpos temerosos les autoimponen transitoriamente, no las quiero forzadas físicamente, con o sin anestesia. Quiero que su no sea no, y que no necesiten condicionar sus músculos para detentar algún poder, quiero que el poder esté en sus palabras y sus gestos, no en sus renuncias. Quiero que su sí sea sí, y que no sientan que son despreciables por experimentar deseo y que la contradicción pasional/moral las contraiga ni las retraiga. Las quiero libres de vergüenza, de miedos, de violencia, y  libres para elegir la forma de ejercer a pleno su derecho al placer sexual.

[i]https://www.infobae.com/america/mundo/2019/03/07/el-increible-caso-de-la-mujer-que-quedo-embarazada-y-dio-a-luz-sin-haber-tenido-sexo/

[ii][ii]https://silvanasavoini.com.ar/articulos/declaracion-universal-de-los-derechos-sexuales

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