Crítica de cine

Rojo

Por Leo Regoli

jueves 25 de octubre, 2018

Argentina / Brasil / Francia / Holanda – 2018 – Drama / Thriller – 109 min.
Dirección: Benjamín Naishtat
Elenco: Dario Grandinetti, Andrea Frigerio, Alfredo Castro, Diego Cremonesi, Susana Pampin, Rudy Chernicoff, Claudio Martinez Bel, Mara Bestelli.
Crítica: Buena

“Rojo”, la recientemente multipremiada película de Benjamin Naishtat en el Festival de Cine de San Sebastián, llegó a la cartelera local. Protagonizada con una contundente actuación por Dario Grandinetti, magníficamente secundado por los diferentes actores que dan vida a los personajes que aparecen durante la historia, destacándose Andrea Frigerio (Susana, esposa de Claudio) y el chileno Alfredo Castro como el detective Sinclair.

La trama va siguiendo los hechos en la vida de Claudio, un abogado que a partir de un entredicho público con un extraño ve cómo su rutina de confort y comodidad va desmoronándose, a la par de la situación social de la Argentina de mediados de los ’70. Como una metáfora. En realidad, esta es una película llena de metáforas. Con mayor desarrollo del personaje principal que de una historia en particular. Si bien la trama principal nos muestra el florecimiento de la degradación del tejido social en donde el individuo se puso por encima del conjunto, también aparecen pequeñas dosis grotescas de una sociedad en la previa de la llegada de su momento más oscuro.

La riqueza de imagen, la perfecta ambientación de época y la solvencia de las actuaciones hacen al lucimiento del Director quien deslumbra con un inicio profundamente esclarecedor sobre lo que va a venir. El contrapunto entre el desvalijamiento en plano fijo de una vivienda abandonada y la “sobreactuación” de Claudio (el abogado que interpreta Dario Grandinetti), quien transforma un simple inconveniente con un extraño en un restaurant en un trampolín para su ego y cinismo, son de un valor visual y argumental profundo. Si bien el resto de la película coquetea entre el drama y el thriller psicológico, hay momentos donde la historia se vuelve un tanto parsimoniosa. La llegada de una personalidad de la televisión, Sinclair, un detective chileno que colabora en el cierre de las historias remonta las expectativas generadas.

El director se encarga de dejar bien en claro que los sucesos descritos son la génesis de lo que vino después, cuando Argentina se tiñó de Rojo. La permanente latencia dentro de las líneas de guión de las desapariciones, la Triple A , el exilio, las sospechas entre vecinos, el “algo habrá hecho” y la idiosincrasia que define la vida en cualquier pueblo del interior de la provincia de Buenos Aires son las excusas perfectas para reflexionar sobre un pasado reciente, desde un punto de vista inteligente.

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