CRIMEN Y JUSTICIA

Robledo Puch, la “profecía” con los Oscar y sus 13 predicciones delirantes

La película "El ángel", que ya fue vista por más de un milón de personas, fue la elegida para representar a la Argentina en los Oscar. Qué decía Robledo sobre la legendaria estatuilla

Redacción Rosario Nuestro

jueves 27 de septiembre, 2018

Rodolfo Palacios para Infobae

Uno de los pasatiempos preferidos de Carlos Eduardo Robledo Puch en prisión eran las predicciones. Se sabía casi de memoria las de Nostradamus y Benjamín Solari Parravicini. Pero él mismo enumeró una serie de vaticinios: hasta ahora acertó (a medias) uno: la película El ángel, dirigida por Luis Ortega e inspirada libremente en su caso, fue la elegida por la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de la Argentina para competir en los Oscar.

El desenlace dependerá de la Academia de Hollywood, que deberá elegir producciones de todo el mundo para la categoría mejor película en lengua extranjera.

En 2009, el famoso asesino serial –que entre 1971 y 1972 mató a once personas mientras dormían o por la espalda- predijo que una película sobre su vida iba a llegar a los Premios Oscar. Hasta él se propuso como guionista, actor y productor y soñaba con viajar a la entrega. Pero El ángel, en rigor, es una versión libre del caso. No se ajusta al expediente ni a la versión de los medios o de Robledo.

El llamado ángel negro no vio la película aún, solo vio la repercusión que hubo en los programas de tevé.

En 2009 el autor de esta nota le preguntó, durante una entrevista, quién iba a escribir el guion de la película sobre su vida.

–¡¿Me estás tomando el pelo?! Lo voy a escribir yo con las fotocopias de los expedientes de mi caso. Y le agregaré lo que recuerde, que es casi todo. Después le vamos a vender la historia a un director de cine. Soy adicto a la butaca desde chico. Para mí el verdadero realizador de una película es el que escribe el guion. Y que el mérito que un buen director del séptimo arte tiene es saber “amalgamar” ese guion, conducir a los actores en sus interpretaciones y en la más adecuada caracterización de los personajes. A mí me gustaría actuar en la película. Es decir, hacer de yo mismo. Ya lo hice en las reconstrucciones.

—¿Le hubiese gustado ser actor?

—Te voy a contar algo que nunca dije. Cuando era adolescente estudié teatro en la Municipalidad de Vicente López, en Olivos. Ya se lo he dicho a los peritos que me analizaron. Podría ganar millones trabajando como doble de riesgo. Sería capaz de actuar en las escenas peligrosas, no sé cuántos actores famosos podrían hacerlo. Y donaría parte de mi caché a los niños enfermos y desnutridos.

Después de decir eso, Robledo corrió y se tiró al piso. Dio una vuelta y quedó boca abajo. Hizo como que disparaba un arma. Se ocultó atrás de la mesa.

—¿Viste? Eso no lo puede hacer cualquiera —me dijo—. Yo podría generar millones de dólares filmando películas. Y siempre he pensado en hacerlo en Estados Unidos, donde el cine es cine y la gente y los empresarios son gente honesta. Estoy perfectamente capacitado para realizar cualquier cosa que un director me pida. Tendría un estilo similar al de dos compatriotas que triunfan en Hollywood: Viggo Mortenssen y Lorenzo Lamas.

El Robledo Puch real y el de la película

En 1987, el cineasta Juan Carlos Desanzo y el guionista Eduardo Mignogna visitaron a Robledo en la cárcel. Le ofrecieron firmar un contrato para obtener sus derechos cinematográficos. Querían filmar su historia. Desanzo contó que Robledo les había pedido treinta mil dólares porque quería ser dueño de una empresa de transporte de cargas. Estaba dispuesto a firmar contrato si en la película no aparecía como un asesino. No hubo acuerdo.

El escritor y periodista José Pablo Feinmann escribió un guión cinematográfico para otra película que se iba a hacer sobre Robledo. Se iba a llamar La compulsión de matar. Pero nunca se filmó.

El ciclo televisivo “Sin condena”, que dirigía Rodolfo Ledo y ficcionalizaba casos reales, contó la historia del Ángel Negro. Lo mostraba sobrenatural.
Robledo, hace 10 años, intentó impulsar su propio proyecto. Pero lo quería hacer con otros directores.

—Mi candidato número uno es Steven Spielberg. También me gustan otros great directors como Quentin Tarantino y Martin Scorsese. Cualquiera de ellos se sacará la lotería conmigo: le daré mi historia, la escribiré y la actuaré yo. ¡Ah! Recién me acabo de acordar de que Francis Ford Coppola está filmando en Buenos Aires. Ni bien salgas de acá, llamalo y presentale todo el proyecto. Después me contás por carta. En el caso de que no pueda actuar, tengo un ranking de actores que podrían encarnarme. Se los voy a sugerir a Spielberg, Tarantino o al director que sea. El primero: el actor de la película La supremacía Bourne. El tipo escapa de la CIA. Este… ¿cómo se llama?

—¿Matt Damon?

—Sí, ese. En mi vida hay visos de esa película y de ese personaje. La segunda opción es Leonardo Di Caprio, por el cual me decidí después de ver El aviador, film que vi tres veces en TNT Channel. Mejor dicho, The Aviator. Desde ahora acostumbrémonos a hablar en inglés. Di Caprio es parecido a mí. Obvio, cuando yo era jovencito.

—¿El tercero en el ranking quién es?

—El irlandés Colin Farell también me gusta mucho. No vi la película Tigerland, pero sí me convenció su papel en Código de honor o Cuestión de honor, que no estoy seguro en este momento, en la que también trabajó Bruce Willis.

—¿La historia se filmaría en la Argentina?

—No sé. Si fuera necesario, también estaría dispuesto a trasladarme yo mismo hacia los Estados Unidos y realizar todo allá.

—¿Sabe hablar inglés?

—Of course!, pero reconozco: así como estoy apto para leer inglés americano y entender perfectamente a quien me escriba desde los Estados Unidos tengo problemas para escribirlo. Aunque en USA (iu-es-ei, como me gusta llamarlo y como lo llaman ellos mismos) hay barrios latinos. Soy una persona autodidacta. Si me fuera a vivir a Japón, hablaría japonés. Si fuera a Grecia, hablaría griego.

—¿Si no te dan la libertad no habrá película?

—Los mismos productores de Hollywood deberían negociar mi inmediata libertad, que es lo que a mí me interesa, en definitiva. Eso ellos lo arreglan de palabra. Como también se puede negociar que para el día del estreno yo esté en la sala. Vestido con esmoquin. Y recibiendo un Oscar.

(Diario Crónica)

Las otras “profecías” de Robledo

El asesino se jacta de haber acertado con dos “profecías” que anunció en 2009 y, según él, Se cumplieron tiempo después: la derrota y la crisis del peronismo y Donald Trump como presidente de los Estados Unidos.

“El peronismo corre riesgo de perder poder y dividirse hasta la derrota. La doctrina justicialista es lo más parecido a los Santos Evangelios. El tiempo urge. Los argentinos deben hacer la nueva Revolución Peronista, del modo que la hubiera impulsado el propio Perón. Con mano de hierro porque hay que depurar el movimiento y expulsar de su seno a los elementos extraños para que sea genuinamente peronista. Hay que volver al peronismo de Perón. Un partido que sea auténticamente nacional. Sin vendepatrias ni traidores. Ni elementos del kirchnerismo”, dijo.

Y agregó: “Dios dijo que levantaría líderes que gobernarán con brazo de hierro. Y todos serán hombres. Si pensamos en los textos y la Historia Sagrada, encontramos a Moisés, a Noé, a los mismos discípulos de Jesús. Cristo, Jesús, no era otra cosa que el verbo hecho carne. Pero vendrá un líder más poderoso que todos”.

Las otras cosas que vaticina Robledo Puch desde su celda de Sierra Chica:

—Sin ser alarmista, creo que si nosotros seguimos así, es muy factible que en un breve tiempo nos invada una potencia extranjera y que por tratarse de una potencia, ¡¿quién le va a decir algo?! O seremos esclavos de esa potencia o de los cipayos de siempre.

—Se vienen tiempos difíciles. Ya lo dijo Perón, egresado del Colegio Militar de la Nación, en un discurso que dio en la CGT en 1973: “Si no utilizamos el camino constructivo, solo quedará el destructivo. Si el hombre, en lo que resta hasta el año 2000 y comienzos del siglo XXI, no ha resuelto el problema por la vía geopolítica, produciendo más y distribuyendo con mayor justicia lo que el hombre necesita para subsistir, no quedará otro remedio que lanzar en masa la bomba atómica, que también puede ser una situación si la insensatez de los hombres no ha utilizado el camino constructivo y se ha decidido por el destructivo”. Lo dijo el General. ¿Quién se animaría a desautorizarlo?
—Hoy nuestra amenaza es el calentamiento global y sus catastróficas consecuencias. Se equivocan aquellos miembros de sectas religiosas, como los Testigos de Jehová, que sostienen que se producirá una intervención divina “que nos salvará”, o aquellos otros que dicen que Jesucristo era un extraterrestre, y que en consecuencia los seres de otros planetas intervendrán “justo a tiempo” para que no nos destruyamos nosotros mismos, víctimas de nuestra propia insensatez. Ni una cosa ni la otra.
Es demasiado tarde para tratar de frenar la rueda apocalíptica, porque ¿cuánto tarda un bosque para volver a formarse? Los japoneses siguen matando ballenas y delfines, que son amigos del hombre. No me explico cuál es el motivo o especial “prurito” que les impida a las naves de guerra norteamericanas prohibirles que sigan con estas matanzas indiscriminadas. No podemos seguir construyendo vehículos 4 × 4 simplemente porque sea un buen negocio. Hay que suspender todos los vuelos internacionales de las aerolíneas porque el kerosene que queman le causa un daño tremendo a la delgada capa de ozono que aún nos queda. La contaminación de los cursos de agua que nos quedan, también nos perjudican grandemente. Los terremotos que se están dando en todo el mundo son porque “la Tierra se defiende”.

—No hay que darle tanta vuelta: en el Libro de los Libros está claramente escrito que ésta es la Última Generación. Y cuando nos queremos referir a algo más teológico, tenemos la respuesta de Dios mismo que nos prometió que nunca más nos volverá a destruir como hizo cuando nos mandó el Diluvio Universal. Porque seguramente comprendió (¿quién mejor que Él?) que no obstante habernos hecho perfectos, quizá “pifió” cuando nos dotó de “libre albedrío”. Eso sea —tal vez— lo que hace que no cambie la “naturaleza humana”. Al paso que vamos nos quedan, mínimo, veinte años; máximo, treinta. A veces creo que en diez años seremos la nada misma.
Todo parece indicar (de manera “inequívoca”), que se viene una gran guerra sorpresiva de consecuencias imprevisibles, o un conjunto de guerras focalizadas antes de una Gran Guerra final que terminará con todos nosotros de una vez. No habrá vencedores ni vencidos.

—Este mundo masificado por los cerebros que lo manejan y los grandes sabios que han vendido sus conciencias y hasta sus almas a las potencias que causarán el armagedón y que nadie podrá hacer nada para evitarlo. Lo peor es que de los pedófilos degenerados dentro de una semana ya no se hablará más y los jóvenes están tan echados a perder, que —creo yo— no atisban a una señal o reacción por parte del “mundo adulto”. Y piensan: “Si éstos hicieron ellos así el mundo que nos dejaron y siguen pensando en la joda, nosotros no les vamos a permitir que nos digan lo que tenemos que hacer”. Por eso la mayoría de ellos, agarran y te dicen: “A hacer el amor que se acaba el mundo”. Además buscan “aturdirse”, refugiándose en la droga, el consumo de alcohol.

—Para tratar de evitar esto tendríamos que encarar un plan de acción disciplinada al estilo de vida de la comunidad china. Ahora, claro: yo amo la disciplina y para mí sería algo maravilloso que un gobierno, a través de un líder “carismático”, pudiera emprender el cambio.

—Para realizar una cosa semejante, hay que terminar de una vez por todas con la ola de la moda e imponer el uniforme. Deberíamos usar el mismo uniforme para que todos se sientan identificados y desaparezcan los celos que provocan la envidia por lo que “tiene o lo que hace el vecino de al lado”.

—Jamás se me ocurrió viajar al exterior porque soy un enamorado de mi patria (como Perón, seguramente). No soy un caído del catre ni peco de ingenuo.

—El tema de los alimentos es muy grave. Correremos en el mundo entero el riesgo de perder las siembras y las cosechas. Es inevitable que sobrevengan las guerras lisa y llanamente, ya que lo que está ocurriendo en el orbe hoy ni Perón lo pudo llegar a imaginar. Estoy convencido de que este calentamiento global que ha traído aparejado el efecto invernadero, traerá más temprano que tarde, y súbitamente, una nueva era glacial. Yo no me he dejado influenciar por ninguna película ni por ninguna novela. Hasta han ido desapareciendo los enormes cardúmenes de peces que antes había.
Se vendrá (más rápido que despacio) una era de canibalismo pronosticada por un ignoto boliviano que está radicado en el país hace cuarenta y cuatro años y que siempre trabajó en la construcción del hormigón armado. Él opina que ese fenómeno se dará cuando haya desabastecimiento en las góndolas por las causas que sean. El mundo será dominado por los insectos. La guerra empezará en las cárceles, donde combatirán entre todos.

 

FUENTE: INFOBAE

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