Catón, el censor

¿Quién paga la fiesta?

Redacción Rosario Nuestro

miércoles 13 de diciembre, 2017

Catón “el censor”, o “el viejo” como ustedes prefieran, se paseaba nervioso por las escaleras del Parque España, que era el lugar rosarino que lo transportaba a sus tiempos de  las colinas laciales y el foro romano. Vociferaba a quien quisiera escucharlo, como predicando a viva voz en el desierto: “Insensatos ¿Quién pagará la fiesta del descanso dominical? Quisiera saber quien asumirá los altos costos de haber llevado adelante una norma inconstitucional e injusta sino además apartada del sentido común. Seguramente entre ustedes ciudadanos  reinó un poco la locura cuando sancionaron esta norma que no solo no fue vetada por el gobierno, sino que fue prohijada por su partido.

Rumiando bronca calculaba Catón los altos costos que tendría tal muestra de demencia jurídica. Acá deberán estimarse los daños y perjuicios importantísimos que reclamarán los supermercados  que debieron permanecer cerrados tantos domingos, los onerosos costos que sufrieron los empleados, obligados por la insensibilidad de un sindicato a perderse todos los haberes de esas jornadas dominicales con las persianas cerradas. Y no nos olvidemos de los costos y costas de los diversos pleitos incluyendo las medidas cautelares. A quien quisiera oírlo Catón le confiaba que un ejército de abogados porteños de la Cámara Argentina de Supermercados estaban preparando una batería de demandas tribunalicias a caballo de  un costosísimo sistema pericial que trataba  de cuantificar  los millonarios perjuicios sabiendo que “actori incumbit onus probando”.

Catón no ignoraba que desde los antiquísimos pleitos romanos, los honorarios y costas se calculan en proporción al perjuicio causado . En buen romance no son iguales las costas por una humedad en la medianera que por la millonada infringida a mansalva contra los desprevenidos rosarinos. Mientras mascullaba su bronca acomodándose su ajada túnica, Catón se alejó en las sombras de la noche en dirección a la  Estación Fluvial.

Sus últimos pensamientos fueron para los legisladores que votaron afirmativamente esta “norma” en Santa Fe de la Veracruz. Ellos deberían ser, pensó en “animus confidenti”, los primeros en pagar esta fiesta.

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