opinión

Paredón y después

viernes 26 de enero, 2018

El año 1926 fue riquísimo para el tango. Gardel se consolida grabando
en el moderno sistema eléctrico dejando atrás los vetustos e inaudibles registros acústicos. Enrique Cadícamo gracias al morocho del Abasto dá a conocer su primer tango,“Pompas”, con música de Roberto Goyeneche, pianista y tío del Polaco. Discépolo presenta su opera prima “Que vachache” que estrena Tita Merello en Montevideo. Y finalmente en ese glorioso 1926
llega a la poesía ciudadana Homero Manzi con apenas 19 años de edad, quien junto con el pianista Sebastian Piana presentan “Viejo ciego”. Y allí comienza el fecundo trabajo mancomunado de ambos, de Piana y Manzi. Se suceden tangos exitosos como “El pescante” y “De barro”, el vals “Esquinas porteñas” y la mas que exitosa serie de milongas que encabezan
“Milonga del 900”, “Milonga sentimental”, “Milonga triste”, “Pena mulata”, “Betinotti” y “Papá Baltazar”. Pero lamentablemente para Piana, los versos del joven poeta santiagueño eran requeridos por afamados músicos tangueros, y así Manzi era la pluma buscada por todos.

Escribe “Recien”, con Osvaldo Pugliese, “Tu pálida voz”, “Oro y plata” y” Fueye”, con Charlo,“Ronda de ases” y “Bandoneón amigo” con Osvaldo Fresedo, “Te lloran mis ojos” “Mi taza de café“ y “Ropa blanca” con Alfredo Malerba, y con el rosarino Félix Lipesker compone los exitosos valses “Romántica” y “Gota de lluvia”. Esa joya llamada“Fuimos” la compone con el bandoneonista rosarino José Dames.  “Torrente”, “Despues” y “Tapera” llevan riquísimas melodías del guitarrista y cantor Hugo Gutiérrez , mientras que “Tu desprecio” y“Desagravio” las escribe Homero Manzi con Francisco Lomuto. “Una lágrima tuya” lo une al joven pianista Mariano Mores en tanto que “Parece mentira” y “Nobleza de arrabal” lo arriman al poderoso Francisco Canaro.

La pluma de Manzi estaciona su alma y encuentra cálido refugio en la melodía atrayente que fluye a borbotones del piano de Lucio Demare con quien escribirá el inmortal tango “Malena” además de “Mañana zarpa un barco “Tal vez será su voz” y “Negra María”. Hasta aquí una antología arbitraria y antojadiza, como lo son todas las antologías, acerca de una veintena de canciones de un poeta que las escribió superando el centenar.

Pero quería llegar finalmente al puerto donde amarran los versos que transporta el barco de Homero Manzi. Por supuesto nos referimos a Anibal Troilo con quien escribe canciones de pareja calidad, bellísimas y muy reconocidas. Alcanzan los dedos de una mano para contar esas cinco gemas preciosas (Barrio de tango, Romance de barrio, Sur, Che bandoneón y
Discepolín). Es entonces cuando dos vallas se interponen en el camino de Homero Manzi.

En primer lugar Aníbal Troilo era requerido por todos los poetas tangueros. Y comienza Pichuco a escribir grandes éxitos como “Garúa” con Enrique Cadícamo, “ Toda mi vida” con José María Contursi y “María” con Cátulo Castillo. La segunda valla fue insalvable, ya que una cruel enfermedad martirizó su cuerpo y se lo llevó muy joven cuando aun no había cumplido 44 años. Muy poco le duró todo a Homero Manzi. Es que como escribió Catulin en “La última curda”: es todo, todo, tan fugaz . Este repaso acotado de Homero Manzi en la canción ciudadana comenzó en 1926 y termina 25 años después en 1951 cuando la Parca se interpuso en la vida del poeta y sin miramientos pulverizó a la mejor pluma tanguera como arena que la vida se llevó.

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