Ecocidio en el Paraná

Negocios en las islas: mapeo de precios sobre desarrollos inmobiliarios que generan suspicacias

La solicitud de una empresa rosarina para que le permitan construir cabañas privadas frente a Baigorria en su propio terreno, plantó desconfianzas acerca del uso que se le podría dar a los terrenos arrasados por los incendios desmedidos en los pastizales del Delta del Paraná.


Por Ignacio Pellizzón

“No hace falta quemar las islas para desarrollar proyectos inmobiliarios. Las quemas, si es que existen intereses de esta índole, quizás se utilicen para movilizar la opinión pública”, estas fueron las palabras que utilizó Ernesto Massa, ingeniero agrónomo de la Estación Experimental Agropecuaria (EEA) Paraná del INTA, frente a la consulta de Rosario Nuestro sobre posibles intereses inmobiliarios detrás de las quemas en las islas del Delta del Paraná.

Ya no caben dudas que las más de 200 mil hectáreas quemadas no tienen por detrás un interés único. Las hipótesis sobre quién o quiénes son los responsables de iniciar los incendios y las razones de semejante ecocidio, siguen siendo materia de investigación por parte de la Justicia federal de Paraná.

Mientras decenas de organizaciones ambientalistas y ONGs están presionando para que se apruebe la ley nacional de Humedales, llamó poderosamente la atención la reciente solicitud que hizo la empresa rosarina, La Carolina, al Concejo de Victoria para poder parcelar 40 de las 1.850 hectáreas que posee frente a Baigorria y poder construir cabañas turísticas.

La firma, liderada por el empresario Esteban Hernández, se dedica a la explotación ganadera y posee oficinas en el microcentro de la ciudad. Además, su titular es el presidente de la Fundación Apertura. Según su versión, la solicitud de excepción al Concejo se realizó hace tres años atrás, aunque recién ahora se empieza a tratar. En cuanto al motivo, señaló que está cansado de “padecer sucesivos robos de ganado”, principal actividad que desarrolla su compañía.

Massa descree que se esté incendiando todo el Delta del Paraná para poder llevar a cabo emprendimientos inmobiliarios, aunque sí cree que puede haber “una disputa de territorio” y que, quizás, estos intereses “busquen movilizar la opinión pública como una especie de cortina de humo”. Son muchos los que “les echan la culpa a los ganaderos –que algo que ver tienen con las quemas-, pero no me consta que sean los responsables”.

Hoy hay factores climáticos y ambientales “propicios” para que cualquier fuego se pueda convertir “en un infierno”, explica el referente del INTA. “Hay mucha biomasa combustible, propia de los humedales, en el invierno se pierde la humedad que hay en el verano y se empieza a secar, entre otros factores como la bajante del río”.

El que se anima a desconfiar un poco más sobre el trasfondo que hay detrás de la quema de pastizales en las islas, es el referente de Ciudad Futura, Juan Monteverde. Él apunta contra el sector inmobiliario a raíz de un antecedente concreto: “En ciudades –como por ejemplo Tigre- se avanzó sobre los Humedales para construir barrios privados; hay todo un modelo de supuesto desarrollo de estilo de vida amigable con la naturaleza y a cinco minutos de una gran ciudad, que hay que regular y no dejar en manos del mercado especulativo”, apuntó a Rosario Nuestro.

“Nadie dice que no se pueden habitar las islas”, sino que puede haber un uso respetable del medio ambiente construyendo cabañas, pero bajo una estricta regulación del Estado, con “permisos adecuados” y saliendo de la “lógica especulativa” del mercado, agregó.

Inversión en las islas: para todos los gustos

Navegando por el Paraná se pueden observar los diversos carteles que ofrecen terrenos, lotes y cabañas. Las opciones son muy variadas. Depende de la cantidad de sus metros cuadrados, ubicación y accesibilidad. En los últimos años el mercado inmobiliario en el Delta fue creciendo de manera lenta, pero progresiva.

Según algunos portales consultados por Rosario Nuestro se puede detectar que, por ejemplo, un lote de unos 2.500 metros cuadrados, a unos 15 minutos de Rosario, a la altura del parque Urquiza, en una zona no inundable, puede costar entre 30 y 40 mil dólares.

Mucho más costoso es un terreno de casi siete mil metros cuadrados, con cabañas para dos o más personas con todos los servicios incluidos, muelle propio, terraza deck, energía solar, parrillero, parque, entre otras comodidades, a la altura del Monumento a la Bandera que pueden llegar a costar entre 200 y 300 mil dólares.

También hay opciones cercanas a los paradores que se suelen visitar en épocas altas temperaturas. Hay muy variadas posibilidades, porque hay lotes que se ofrecen en conjunto, con más de 150 metros de frente y 100 de fondo, con lo cual se pueden utilizar de manera comercial para temporada de verano o para construir cabañas que pueden llegar a tener un costo entre 120 y 180 mil dólares. La ubicación de este estilo de terrenos es más cercana a la altura del balneario La Florida.

Otras fuentes, habitués de navegar entre las islas, admitieron a Rosario Nuestro que hay un mercado “un poco más informal”, en el que dueños de campos venden o alquilar pedazos de tierra o “ranchos” como le dicen en la zona con precios que pueden rondar los 10, 15 y 20 mil dólares, según la extensión. La transacción se hace de manera directa, a veces con escritura y otras “no tanto”.

Más demanda: "Un día en la isla"

En los últimos años, se apostó a una política en la costa norte de Rosario para invitar a los turistas y a los ciudadanos a recorrer el Paseo del Caminante, junto al puente que la une con la ciudad entrerriana de Victoria, o a embarcar para pasar el día en una isla con playa, laguna y múltiples servicios, en medio del río Paraná, donde los isleños ofrecen servicios con precios accesibles y numerosas actividades para toda la familia.

Antes de la llegada de la pandemia el cruce a cualquier parador frente a la costa rosarina costaba unos 150 pesos y se hacía –en verano- todos los días de 9.30 a 19.30 horas. El plan de ir pasar el día a las islas se convirtió, de a poco, en un clásico que cada vez junta más adeptos. Pero, el horario de vuelta “es la mejor hora” dicen, con lo cual muchos intentan pasar la noche en algún parador y disfrutar del atardecer.

Otro dato que no hay que despreciar, es el crecimiento del parque náutico que se duplicó en los últimos diez años, según señalan desde la Cámara que los nuclea. El auge de los kayaks, también colaboró para que las islas del Delta se vayan poblando de manera más asidua.

La zona de las islas está libre de regulaciones y controles estrictos. Son pocas las autoridades municipales, provinciales y nacionales que mantienen presencia constante y que fiscalicen que se cumplan con medidas de seguridad básica como bañeros, boyas, habilitaciones para nada en ciertas playas, entre otras.

De hecho, las fiestas diurnas como nocturnas fueron creciendo en desmedro de la falta de regulaciones. Distintas playas, sobre todo en verano, promocionan fiestas de distintas temáticas para que puedan participar tanto aquellos que tienen yates o lanchas como kayakistas o interesados en cruzar en el servicio de taxi lancha.

Los desarrollos inmobiliarios empiezan a tornarse más atractivos con una movida creciente en la zona de las islas y con una demanda en ciernes. “Hay un negocio millonario en puertas, que en Rosario nunca se desarrolló, no así en otras ciudades y creo que justamente es momento, a la par de la discusión nacional de la ley de Humedales, de que se den este tipo de discusiones”, asegura Monteverde.

Si bien la coordinadora del área #Humedales de Taller Ecologista, Laura Prol, desconoce que haya “nexos” entre las quemas y los proyectos inmobiliarios, sí se refiere a que en este contexto “puede haber mayor presión para construcción de viviendas”, aunque desestima la posibilidad de que se conviertan en barrios privados. “Aún no encuentro relación directa entre quemar estas superficies y hacer loteo”, concluye.