OPINIÓN

Nadie puede estar contento


Pasó un nuevo clásico y las imágenes que nos devuelven los 90 minutos de fútbol disputados en el Coloso no avalan con contundencia la hipotética situación de un real merecedor de la victoria. No obstante, es cierto que la memoria corta nos hablará de un Central que dispuso de tres chances concretas de gol y que se toparon con un colosal Alan Aguerre, que de ser un mero espectador, terminó tranformándose en el sostén de la ilusión rojinegra para no irse con las manos vacías.

También es real que hasta ese furioso spring final, los del Patón poco habían colaborado con el espectáculo, mas bien todo lo contrario. El plan primitivo pareció conformarse desde una tenencia parsimoniosa de Newell’s sin profundidad y una custodia celosa a quien podían darle vuelo colectivo a los leprosos.

Para colmo de males, Diego Abal llegó a la ciudad con la clara intención de «sacar» el partido. Al borde de lo exasperante, se cansó de cobrar faltas (muchas inexistentes) y utilizó una muñeca no muy disimulada para ir dirigiendo el trámite hacia donde creía oportuno con un comando a rienda corta pero sin sanciones ejemplificadoras. En ese contexto, el partido tuvo dos detenciones por el intenso calor reinante y los tiempos adicionados fueron absolutamente desproporcionados con esos parates, una clara intención que no iba a complicarse la existencia.

Newell’s asumió la iniciativa desde el vamos pero le faltó audacia y desequilibrio. El nueve, llamese como se llame, sigue sin parecer y la estructura lo siente. Figueroa jugó como para que Insaurralde esté ante San Lorenzo y se solidificó por un tarea sin fisuras de Aguerre y, salvo en el final, de una tarea bien complementada entre Callegari y Fontanini.

En Central, Ledesma sólo tuvo una importante y respondió, la zaga en punto alto (Caruzzo y Barbieri) y la clave en esta ocasión estuvo en los buenos ingresos de Lovera, Herrera y Becker. A tal punto esto es así que en sus pies estuvieron buena parte de esas últimas chances en el partido.

Los leprosos hicieron un gasto sin agresividad arriba en el primer tiempo, ante un Canalla que vio que en el achicar espacios estaba el negocio y el paso del segundero. En el complemento, con los rojinegros cansados de tanto ir sin premio, los auriazules estuvieron a nada de quedarse con todo.

El regreso de la Superliga, superado este duelo siempre trascendente, marca que ni unos ni otros han ganado en 2019. La Academia se aproxima a duelos coperos de calibre en el que necesitará bastante mas vuelo que lo mostrado y en el torneo doméstico necesita meter de a tres en el bolso para no padecer viejos males. Los rojinegros, en tanto, parecen tener buenas intenciones pero cuando le fallan dos en la orquesta, desafina y genera alguna lógica preocupación en el director que sabe que el único objetivo es sumar y sumar.

Newell’s debe irse con la sentencia que en 80 minutos de cierto dominio apenas le hizo cosquillas a Ledesma. Central no debe perderse en lo cerca que estuvo de ganar porque en 80 lo miró con largavistas a Aguerre. Es por eso, que puesta cada cosa en su lugar, ninguno debe irse contento.