Merienda: una comida que no debe saltearse

Tiene relevancia junto con el desayuno, el almuerzo y cena. La importancia de una correcta ingesta y alternativas para poner en práctica.

Por Gimena Rubolino

martes 2 de abril, 2019

Rebanada de pan con palta, salmón y huevo: esta opción contiene hidrato de carbono (el pan aporta energía y si elegimos negro, la fibra hará que tengamos saciedad por más tiempo). Aporta proteína, el salmón que genera tejidos y músculos. Y por último, ácidos grasos insaturados a través de la palta que nos aporta más saciedad.

Tortita de manzana: es otra alternativa para los que prefieren una opción dulce. Se puede preparar con media taza de avena, una manzana rallada, un huevo y una clara, esencia de vainilla, una cucharada de aceite de coco y una cucharada de polvo para hornear. Se revuelve todo y se vierte en una sartén. Ideal para acompañar con unos mates, té o café.

Tostadas con queso y mermelada: un clásico que no pasa de moda. Es preferible por optar por la versión descremada y reducida en azúcares para el caso de la mermelada. Esta variante puede acompañarse con café con leche o té. La porción justa es dos rebanadas de pan integral tostado o cuatro unidades de las de tipo mesa.

Tostado: las versiones más convenientes son el pan árabe o dos rebanadas de salvado. Los nutricionistas aconsejan regular el consumo de jamón cocido; dado que si bien recomiendan no excluirlo de la dieta tampoco es conveniente consumirlo seguido. En su reemplazo puede optarse por un tostado de tomate y queso y acompañarse con un té, café o infusión a elección.

Huevos revueltos: 1 huevo revuelto, una rebanada de pan integral y café con leche descremada a elección. Para los que quieren una versión más saciante puede agregarse una o dos claras.

La licenciada en nutrición Estefanía Beltrami recomienda incluir al menos un alimento de estos grupos: proteínas, carbohidratos, fibra y grasas para que la comida sea completa.

Dentro de las proteínas: nos referimos a lácteos o huevos, carbohidratos: tostaditas, galletas, avena, etc;  fibra: frutas como banana o manzana y grasas: palta, frutos secos o semillas.

Durante el verano puede optarse por jugos, licuados o versiones más livianas pero con la llegada de las bajas temperaturas el cuerpo necesita alternativas más saciantes.

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