opinión

Made in Patón

Central volvió a gritar campeón y la presencia de Bauza como conductor fue clave.

Por Ramiro Superti

viernes 7 de diciembre, 2018

Central volvió a gritar campeón y la presencia de Bauza como conductor y estratega encabeza los argumentos que justifican la alegría canalla. Desde afuera, el DT logró transmitir su paciencia y tranquilidad características y logró lo que ninguno de sus antecesores pudieron en las últimas dos décadas.

Deben existir pocos sucesos deportivos que sean tan difíciles de explicar únicamente con argumentos futbolísticos como el reciente y festejado campeonato canalla. Nadie discute la legitimidad e importancia de lo conseguido, tan solo con ver los festejos en Rosario, Mendoza y demás ciudades alcanza con darse cuenta lo necesario que fue el desahogo de ayer.

Esa tensión contenida, los años de espera, las negativas en las últimas copas, todo venía siendo un cóctel letal para el Mundo Central, hasta que llegó Bauza. Y ahí es donde se configura esta “contradicción deportiva”.  En este momento, poco le importa al hincha que realizó 900 km o a los que colmaron el Monumento a la Bandera hasta las 4 de la mañana, cómo se obtuvo el flamante título.

Si hasta la bandera que flameó el Patón en los últimos meses llevaba la consigna de que lo “único que importa es ganar”. Bajo esa premisa, con ese deseo ferviente de cortar la racha y romper el karma, Central fue superando instancias. Con más dudas que certezas dentro del campo de juego, por momentos hasta siendo superado por los rivales de turno, pero siempre sacando adelante los partidos y confirmando una de las bases con las que se fundamentan los procesos de Bauza: hay que hacer mucho mérito para ganarle a este equipo.

Tal vez, ya dentro de un análisis que contenga matices deportivos y psicológicos, este punto sea el común denominador de todo lo que se vivió. Central fue un problema gigante para todos sus rivales de Copa Argentina y en ningún momento se entregó ni dejó de luchar. A pesar de fallar pases, de no generar situaciones de gol, de perder marcas o dejar espacios, lo que tuvo el equipo de Bauza fue la convicción de que aún se podía. Esa postura en cancha, con Ortigoza impreciso con pelota pero hablando todo el partido o el propio Caruzzo siendo el caudillo que toda defensa necesita, terminaba frustrando a los rivales de turno.

Ya  habrá tiempo de balances y análisis. Sin entrar demasiado en profundidad, ya desde lo estadístico de un equipo que supera 4 de las últimas 5 rondas por penales (salvó los cuartos de final frente Newell´s) se pueden sacar varias conclusiones. El repaso nominal de los jugadores y hasta algunas decisiones del entrenador también serán puestas en el ojo crítico de propios y extraños. Sin embargo, ahora lo único que le importa al hincha canalla, entre festejos y cierre de año, es seguir disfrutando lo conseguido.

La valoración de éste título (que además viene con el plus de la Copa Libertadores y una nueva final por la Supercopa Argentina) se verá en la perspectiva. Por lo pronto, Edgardo Bauza, el primer y gran responsable del desahogo del pueblo canalla, consiguió con su impronta lo que faltaba, tanto en su repisa personal como en la del club. El Patón no sólo se dio el lujo de ganar su primer clásico frente a Newell´s como entrenador y eliminarlo en un mano a mano, sino que además dentro del mismo certamen consiguió su primer título canalla en el banco de suplentes. Balance y vuelta perfecta para un ídolo canalla que puso su nombre aún más alto y grande dentro de la historia de Central.

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