Sexo

Lo que las 50 sombras liberaron

Por Rosario Nuestro

jueves 9 de noviembre, 2017

Por Silvana Savoini, sexóloga. 

Esta trilogía de libros (Cincuenta sombras de Grey, Cincuenta sombras más oscuras y Cincuenta sombras liberadas) y sus respectivas versiones cinematográficas han despertado las más feroces críticas casi con la misma pasión que reclutó lectores y espectadores. Pero claramente no ha pasado desapercibida la secuencia que concluye con el próximo estreno de la última película en febrero de 2018.

¿Qué impulsó el éxito de la trilogía en primer lugar?

Cuando digo éxito, me refiero al innegable hecho de que todos identifiquemos de qué se trata, detractores o admiradores; y a la cantidad de ventas que generó.

No es una obra que se destaque como literatura erótica, no es del todo una “novela rosa” o “vainilla”, pero juega en la frontera de ambos géneros literarios. Tampoco es un tratado de BDSM (Bondage, Disciplina, Dominación, Sumisión, Sadismo y Masoquismo), pero juega con el factor de fantasía sadomasoquista. Es una obra escrita por una mujer, que combina el BDSM con la suficiente dosis de historia de amor convencional para que sea “tolerable” sin contravenir los estereotipos de género.

El jueves 12 de febrero de 2015 se estrenó en las salas del Showcase en Rosario, asistí al estreno deliberadamente para lograr una observación participante sobre un fenómeno que me intrigaba, debido a la cantidad de referencias discursivas a la trilogía, que detecté en ese entonces en la consulta sexológica. Una gran cantidad de mujeres especialmente, se atrevieron a hablar de sus fantasías sadomasoquistas a partir de su aparición. Esto no significa que 50 sombras les disparó ese factor de fantasía, sino que esas ideas que ya habitaban su deseo, obtuvieron un “permiso” para expresarse a partir de encontrarlas en una novela cuyo único aporte fue despatologizar ese tipo de ensoñaciones. O al menos hasta un punto, ya que la autora se ocupó de configurar una situación de abuso en la biografía del protagonista, a la que se le pueda atribuir ese tipo de preferencias.

Volviendo al estreno de la primer película en Rosario, la sala estaba llena, hasta donde vi, había un solo varón, y mujeres de todas las edades (desde adolescentes hasta cincuenta años aproximadamente). Muchas mostraban una importante euforia, generada más por la proyección de las propias expectativas que por lo que las escenas en la pantalla gigante les podían despertar.

Este relato erótico, a diferencia de otros muchos y mejores que han existido, ha tenido semejante impacto porque combina elementos que juntos son infalibles, así como cuando uno realiza una comida con ingredientes que muy rara vez pueden fallar estando juntos. Esos elementos son: poder, amor, y sexo, con el ingrediente de una modalidad alternativa de la sexualidad, alejada de la convencional (coital, ligada a la función reproductiva de la sexualidad humana), y condimentada con un toque de morbo en la historia abusiva de los inicios sexuales del magnate misterioso.

Este es un factor de fantasía mucho más recurrente en las mujeres de lo que se cree, socialmente existe el prejuicio de atribuir a la mujer el factor de fantasía romántico. En la clínica, gran cantidad de mujeres “confiesan” este tipo de fantasías, generalmente con vergüenza, con temor a ser anormales, o viviéndolo como algo prácticamente patológico. En las expectativas de rol de género, está socialmente aceptado en nuestra cultura, que el varón pueda tener ese tipo de fantasías o que esas situaciones les resulten estimulantes. Pero no se espera (desde el prejuicio) que lo sea para la mujer.

Este libro, significó una “habilitación social”, un permiso social y público para hablar, pensar y compartir estas fantasías sin culpas ni miedos a ser juzgadas. A mayor trascendencia mediática de la venta de libros, o de anticipadas para el cine, mayor habilitación a expresar sin tabúes el interés por el tema puesto sobre la mesa popular.

Para quienes lo recuerdan, en la década de los 80, ocurrió algo similar con la película “9 semanas y media”, que se instaló como un clásico, y cuyas escenas, actores y música, se inmortalizaron con esa historia erótica que también combinaba amor, poder, y sexo en un contexto de dominación/sumisión, que provocó incluso en aquel entonces, las mismas críticas de algunos sectores a los cuales me referiré a continuación.

Por un lado es obvio que las mujeres que ya pertenecen a la cultura BDSM y/o que han experimentado el tipo prácticas características de los juegos eróticos de poder, no necesitan ningún tipo de habilitación masiva para expresar su sexualidad. Bien por ellas! Acá me refiero a quienes hasta ahora sólo se han atrevido a fantasear.

Por otro lado, es preciso aclarar que es un error conceptual asociar las prácticas eróticas de dominación-sumisión o de sado masoquismo a la violencia de género.

Una práctica sexual acordada entre personas adultas que dan su consentimiento, es una práctica normal aunque sea  minoritaria y aun cuando incluya juegos de poder. Este tipo de actividades se consideran patológicas cuando se tornan un requisito excluyente para la excitación sexual, cuando son fantasías recurrentes, que provocan malestar a la propia persona o a otros.

El hecho de que la protagonista, Anastasia, fuese virgen a la hora de relacionarse con Grey, no le quita la capacidad de decidir participar de ese tipo de vínculo, y como adulta puede lícitamente hacerlo. De hecho, en el mundo del BDSM son muchas veces las mujeres “dóminas” y los varones los “sumisos”; claro que esta historia de Grey no se atrevería a tanto.

En este caso, aun sin calidad literaria, cinematográfica o erótica, la fórmula resultó interesante para alborotar las ideas, los estímulos y el deseo. En ese sentido, bienvenida sea.

 

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